La realidad ha sido siempre el objetivo de Julia Navarro (Madrid, 1953), la periodista y la sagaz escritora de ficciones; a esta doble condición remiten los más de diez títulos que subrayan una trayectoria colmada por el éxito.
Portada 'Una familia moderna'.
Una familia moderna
Julia Navarro
Plaza & Janés, 2026. 394 páginas. 22,90 €
La realidad política y social, desde ángulos diversos y complejos, abordando asuntos de incuestionable gravedad (la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial, el conflicto árabe-israelí). Sin renunciar nunca a una fórmula realista que supo adaptar a un estilo personal, directo y fluido, dirigido a quienes gustan de ficciones que saquean conflictos de la realidad, ayudan a explicarla desde las convenciones de la fabulación, y hacen parecer sencillo lo que esconde un esfuerzo encomiable de documentación y construcción.
Ahora se presenta con un giro inesperado, y con arrestos para mirar otros asuntos de la realidad desde su dimensión universal. Una familia moderna busca, en primer lugar, que nos detengamos en la aparente desnudez del enunciado.
Tras él se despliega una propuesta que parece mantener la consigna periodística de atenerse a lo que nos rodea para resaltar cuestiones que a nadie dejan indiferente, como lo es hoy, en las familias, la ruptura del modelo tradicional sumado a la diversidad de situaciones que tiene lugar en ellas.
Así que este asunto, tratado con la destreza narrativa de la autora, busca interpelar desde la portada, persigue enganchar a una lectura sin descanso, y lo logra.
Por estas páginas se mueven posiciones que bien podrían acogerse a esta etiqueta: una familia compuesta por los abuelos, de setenta años, absorbidos por sus inquietudes, con un recorrido personal exigente y reconocido, pero consentidores en lo que concierne a la educación de su única hija; ésta, madre soltera por decisión propia, volcada en su canal de influencer; y una nieta adolescente “confundida con su identidad”, piensa su abuela. En la misma casa vive la interna, una inmigrante, soporte fundamental para todos. La familia se extiende más allá de la casa y del barrio, para atravesar la historia con voces y enfoques dispares.
Escrita con la característica destreza narrativa de la autora, la novela engancha a una lectura sin descanso
En cierto sentido, la propuesta podría encuadrarse en el modelo de una novela de tesis, en su concepción y su enfoque: propone un ejemplo que anime la controversia sobre cuestiones sustantivas a la compleja realidad humana de las familias; la discusión y el diálogo sostienen el peso de tal cometido, y personajes, ideas y situaciones se disponen al servicio de un empeño intencionadamente controvertido.
La autora, diestra en el manejo de la narración, el ritmo y las oportunas tensiones novelescas, adereza su cometido con escenas propias de un psicodrama familiar, momentos “vodevilescos”, discusiones acaloradas e inesperadas.
Así, nos asomamos, de un lado, a una trama de conflictos derivados de la brecha generacional, inherente a la evidencia de que cada generación es heredera de valores e identidades de su tiempo. Y de otro, a un argumento que explora algunas consecuencias avivadas por nuevos enfoques en el concepto de familia y educación: los hijos deciden por sí mismos, quieren “llevar a cabo su propia revolución en cuanto al sexo y la identidad”, y se resisten a dar continuidad y uniformidad a patrones heredados.
Detrás están algunos motivos reales que distancian a una generación de la siguiente. Porque cada una vive con heridas que nadie escucha. Porque no es precisamente el diálogo lo que les une.
Los mayores lidian con el paso del tiempo y la vejez, que se impone; los jóvenes con responsabilidades no aprendidas; los adolescentes con “el uso indiscriminado de la libertad” personal, con límites nunca impuestos. Y sí, a todos nos conciernen las circunstancias, esencialmente humanas, que se mueven por estas páginas.
