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¿Se equivocó gravemente Prometeo al entregar el fuego al ser humano como regalo civilizatorio, ese símbolo excesivo de lo técnico y del dominio de lo natural? ¿En qué medida debemos repensar nuestra historia a la luz de este ambivalente “don” vinculado quizá apresuradamente con la hybris desarrollista, el frenesí productivista y la prepotencia humana sobre la contingencia?

Portada de 'Prometeo arrepentido'. Siruela

Prometeo arrepentido

Peter Sloterdijk

Traducción de Isidoro Reguera. Siruela, 2026.124 páginas. 13,95 €

En este nuevo ensayo de Peter Sloterdijk (Karlsruhe, 1947) el pensador plantea estas urgentes preguntas, efectivamente popularizadas en el debate del cambio climático y sus consecuencias políticas, pero no sin revestirlas de sus inquietudes de siempre, sobre todo una: cómo estar a la altura de ese gran cambio civilizatorio que exige un nuevo proceso de aprendizaje dentro de la humanización.



En estas páginas encontramos al Sloterdijk de siempre, pero más al “médico de la cultura” que al polemista. Una intervención breve no tan acerada e hiperbólica como Normas para el parque humano (2000), pero muy consecuente con su obra filosófica precedente: reflexionar sobre nuestra “policrisis” desde un diagnóstico que obliga a dar la palabra a la filosofía como diagnóstico de época y a realizar una elección. Nuestro porvenir se dirimiría hoy en un conflicto en el que debemos decidir entre ser “ahorradores” o “derrochadores”.

¿Sería este Prometeo “arrepentido” de su ofrenda algo “más” o “menos” que humano? Recuérdese que el titán brindaba a Nietzsche la imagen de una humanidad trágica por venir y, según la valoración del joven Marx, figuraba entre los “santos más distinguidos del calendario filosófico”.

Sloterdijk es consciente de este peso y no desestima del todo la posibilidad “posprometeica” de que el primer filántropo portador del fuego nos pueda entregar un mejor uso tecnológico. Lo llama un “pacifismo energético”. El regalo del fuego no sería así solo el enorme error que hoy nos parece cada vez mayor. Pero el “arrepentimiento” de Prometeo equivale a asumir otras consecuencias; pasa por revisar no solo el legado de la Ilustración, sino el de la derecha e izquierda “productivistas”.

Es comprensible por ello que Sloterdijk retome a su modo el productivo concepto de “vergüenza prometeica”, desarrollado durante la Guerra Fría por Günther Anders en 1956. En su nueva actualización Prometeo no solo se avergüenza por haber expuesto a la humanidad al riesgo de una guerra atómica, sino también es asediado por el remordimiento de haber provocado un incendio de nuestros “bosques subterráneos” que conduce al agotamiento de los recursos energéticos y acelera el calentamiento global.

Ante el cambio climático, Sloterdijk plantea aquí si Se equivocó Prometeo al entregar el fuego al ser humano

A la luz de este nuevo umbral crítico contemporáneo, la ingenua generosidad de Prometeo conduce al arrepentimiento una vez que el regalo, en manos del receptor, empieza a crecer hipertróficamente fuera de todo límite. Aquello que pretendía ser un remedio para la superación de la necesidad se transforma en una fuerza destructiva.

Lo que estaríamos, pues, presenciando es una modificación radical de la perspectiva histórica: Prometeo, el titán prospectivo que “ve anticipadamente”, se siente obligado a mirar atrás. Como el “ángel de la historia” de Benjamin, contempla cómo una pila de escombros se eleva hacia el cielo ante sus ojos.



Es extraño que Sloterdijk no haya profundizado más en esta vía: cómo Prometeo, la previsión, se transforma en su hermano gemelo Epimeteo, la retrospección. Sobre todo, porque, en sus últimas páginas, el ensayo termina evocando a una figura importante en esta reevaluación de lo humano: el desaparecido Bruno Latour (2022), un compañero de viaje de esta apuesta, todo sea dicho.