Javier Marías (Madrid, 1951-2022) planeó en 2020 compilar un libro que recogiera textos suyos dispersos. Diversas circunstancias relegaron el proyecto y su prematura muerte lo dejó irremisiblemente en el aire.
Cubierta de 'Aquí me paro'.
Aquí me paro
Javier Marías
Alfaguara, 2026
328 páginas. 19,90 €
Razones suficientes había para hacerlo. Escritor precoz que publicó ya un cuento en 1968 y la primera novela en 1971, produjo una obra extensa de la que no pocos textos –críticas, artículos, ensayos– quedaban fuera de sus libros.
Dicha idea seminal se retoma en Aquí me paro, recopilación de escritos desperdigados desde 2001 hasta 2020.
La nota preliminar del libro firmada por Inés Blanca no aclara por qué se han acotado esas fechas ni si fue decisión del autor. Ocurre además que cerca de la mitad de los textos son conocidos por haber aparecido en un diario de gran difusión, El País, y algún otro, como el discurso de ingreso en la RAE, resulta accesible en la web gratuita.
En cambio, esta era una excelente ocasión para rescatar páginas de verdad olvidadas o de ardua localización. Pienso en las lejanas reseñas, de 1977, de Joseph Conrad, Vladímir Nabokov o Henri Michaux en Diario de Barcelona, que revelan ya una clara visión de la literatura. O una conferencia en Texas, “Desde una novela no necesariamente castiza” (1984), lúcido y reivindicador análisis del significado de su trayectoria en la historia de nuestras letras.
Esta interesante miscelánea contribuirá a mantener vigente la figura pública de Javier Marías
Al margen de la opinable selección de los textos, Aquí me paro supone un atinado muestrario del articulismo y la escritura ensayística de Marías. Ha sido buena idea abrir el volumen con un bloque autobiográfico que escarba en la memoria y rescata el ambiente familiar con tono emocional que atenúa la imagen de escritor intelectual, frío y distante.
A los recuerdos privados suceden reflexiones sobre el fenómeno de la creación a partir de su propia experiencia en las que proclama una verdad para él irrefutable del arte narrativo sobre la que levantó el denso corpus de ideas y asuntos de sus novelas: la imposibilidad de contar nada de forma cabal, segura, objetiva e inmodificable.
Ya en estas páginas se manifiesta la protesta de Marías contra la época demediada y los tiempos confusos que le tocó vivir, piedra de toque de sus “piezas” periodísticas, que integran el bloque siguiente. En ningún lugar como en los artículos dio rienda suelta a la crítica, la descalificación y, en suma, a una absoluta, porfiada, caprichosa y libérrima manifestación de opiniones. Una muestra magistral se halla en el brillante libelo contra el alcalde madrileño Álvarez del Manzano, bien merecedor de tanto sarcasmo y menosprecio.
Estas actitudes le granjearon a Marías, sobre todo en una etapa final, la imagen de persona ríspida y quisquillosa, y, siéndolo en apariencia, solo resulta fruto de un ejercicio absoluto de libertad, que incluye también devociones personales.
Las vemos en otro bloque, el centrado en películas y series, en el que declara vehemente admiración por el wéstern. O en el referido a su afición futbolera, donde su fascinación por Di Stéfano implica la alabanza de ciertas virtudes morales, amén de valer como testimonio generacional.
Homenaje rinde, en fin, a una personal lista de autores literarios y de gente amiga del mundo de las letras. El rechazo del Premio Nacional de Narrativa por Los enamoramientos, que va en apéndice, podría haberse obviado.
No ha padecido Javier Marías el olvido que suele suceder a la muerte de un autor. Esta interesante miscelánea contribuirá a mantener vigente la figura pública del escritor.
