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En 1836, John Murray III comenzó la era de las guías de viaje con Murray’s Handbook for Travellers y al poco tiempo fue superado en éxito de ventas por Karl Baedeker, autor de otra edición en esta misma línea (¿dónde comer en el Tirol?, ¿dónde dormir en Brujas?, ¿cómo viajar de Génova a Pisa?, etc., todo sazonado con mapas).

Portada de 'Turistopía'. Lince

Turistopía. El mundo como ‘souvenir’

Cayo Sastre

Lince, 2026. 208 páginas. 21 €

En 1900, André Michelin comienza a regalar otra guía que desde 1920 incluye información sobre la calidad de los restaurantes gracias a informantes anónimos. En 1926, comienza a emplear estrellas de valoración de esos restaurantes.



Luego de la Segunda Guerra Mundial aparece un nuevo tipo de guía que se hace eco de los anteriores pero que agrega el interés por el viaje barato, low cost: tras un viaje por Europa, Asia y Oceanía, Tony y Maureen Wheeler publican Lonely Planet en 1973.



Si, realmente, una de las principales figuras de lo contemporáneo es el turista, ¿no podríamos decir que Murray, Baedeker, Michelin y los Wheeler fueron, en alianza con los informáticos, los autores del Antiguo Testamento de nuestro universo de 2026?

Tal es una de las varias ideas que contiene Turistopía. El mundo como souvenir, de Cayo Sastre (Santiago del Arroyo, Valladolid, 1953) que no es solo el libro de un sociólogo profesional, surtido de números y porcentajes, sino además de un espíritu satírico.

“Presentar los viajes turísticos como una nueva utopía en la sociedad moderna tiene varias dimensiones que vale la pena explorar. En un mundo donde el turismo se ha democratizado gracias a los avances tecnológicos, el aumento de la accesibilidad y la globalización, muchas personas ven los viajes como la única forma de alcanzar felicidad, bienestar y realización personal…” (p. 30, la cursiva es mía).

'Turistopía' no es solo el libro de un sociólogo profesional, sino además de un espíritu satírico

En los quince capítulos del ensayo, más allá de la forma ensayo, la exploración incluye experimentos distópicos, literarios, en los que se habla de “Turistopía” como de una realidad en un ya alcanzado futuro (por ejemplo: “en el año 2071, el modelo de turismo caótico y desordenado estaba matando Turistopía”, 175).

Cayo Sastre toma nota de la Utopía renacentista de Moro, en cuyo prólogo el autor decía: “No tenía que realizar ningún esfuerzo de invención […] ni discurrir […] sino limitarme a narrar” (lo que le contaba un tal Rafael Hitlodeo).



Así, Turistopía, según se narra aquí, es una urbe futurista por donde pululan los turistas y los trabajadores del extrarradio, cuya buena imagen es impugnada por los disidentes. He aquí tres clases en liza.

No obstante, el cuerpo de este texto tiene un cometido más convencional. Nos habla, informadamente, de fenómenos por todos conocidos, relativos a la homogeneización, la vida en los aviones y sobre todo, de la prioridad del viaje dentro de nuestro sistema de valores contemporáneos.

Ojo, no solo el viaje, sino del pensamiento cuqui-trotamundos: “La planificación del viaje es la fuente mayor de felicidad. El 72 % afirma que se emociona solo con buscar destinos para irse de vacaciones” (p. 48).

Sastre tiene razón al advertir lo extraño del fenómeno. El turismo es, acaso, lo más similar a una ideología o religión entre los ciudadanos del primer mundo. No hay proyecto que los pueda excitar más ni derecho que los eleve con más ímpetu.

Al parecer, nos informa el autor, la Organización Mundial del Turismo prevé que para el año 2030 el número de turistas internacionales supere los 1.800 millones. Numerosas analogías con cine futurista contemporáneo y consideraciones directas del libro nos trasladan la noción de distopía.



“La idea de que el turismo iba a ‘civilizar’ al mundo y hacer que la democracia se volviera irreversible fue una de esas ilusiones optimistas del siglo XX que la realidad se ha encargado de desinflar” (p. 78).