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La desesperación devoró este verano a Zadie Smith (Londres, 1975). Ver los parques de su querida ciudad (Hyde Park, Richmond Park, Greenwich Park) amarillear como un desierto fue ya demasiado. "¿Pero qué hemos hecho?", se preguntaba con el alma en los pies. Era un espectáculo insoportable para una escritora implicada en el movimiento contra el cambio climático Extinction Rebellion. "Antes te podías sentir afortunada si en verano tenías dos fines de semana con buen tiempo".

Pero la combativa Smith no solo lucha en la trinchera del activismo ecológico. También emplea sus dotes literarias y reflexivas en los frentes del feminismo, el antirracismo, el anticapitalismo tecnológico… Sigue siendo muy consciente de que desciende de esclavos jamaicanos, de que se crio en un barrio proletario (Willesden, epicentro de su narrativa, en el noroeste de Londres), de que fue a una universidad buena (King’s College de Cambridge) a pesar de no tener dinero y de que, cuando casi se partió la espalda al caer de una ventana por hacer el tonto en la adolescencia, se la recolocaron en el National Health System.

Aquella Inglaterra que la sacó adelante es la que sigue defendiendo. Una Inglaterra en la que, dice, hasta conservadores como Churchill apostaban por acompañar a sus ciudadanos "desde la cuna a la tumba".

Muertos y vivos (Salamandra), una jugosa compilación de artículos y breves ensayos, refleja todas esas batallas, amén de contener punzantes consideraciones sobre diversos artistas (Kara Walker, Lucian Freud...) y otros colegas (Roth, Amis, Didion...). Pero Smith no es una woke propensa a la predicación moralista y cansina. No se ubica en un púlpito para dar lecciones porque ella misma reconoce sus debilidades, incongruencias y "pecados". Su humanidad, en definitiva.

Aparte, es una escritora con el desparpajo que aporta el conocimiento directo de la calle. Algo que puso de manifiesto con tan solo 24 años, cuando publicó su primera novela, Dientes blancos, un fenómeno editorial bendecido por popes como Salman Rushdie. Luego vinieron trabajos de la ambición y empaque de Sobre la belleza y el riesgo experimental de NW, que la ubican hoy en los primeros puestos del escalafón literario británico. Antes de venir a España para participar en el Festival de las Ideas, responde por cuestionario a El Cultural.

Cubierta de 'Muertos y vivos'. Salamandra

Muertos y vivos

Zadie Smith

Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino. Salamandra, 2026

350 páginas. 23 €

Pregunta. Disecciona la relación entre Lucian Freud y su musa Celia Paul, también pintora. Él le enseñó que el egoísmo es necesario para crear grandes obras de arte. ¿Está de acuerdo?

Respuesta. Pues, mire, puede ser. Pero ese egoísmo no sale gratis, pagas un precio en otra parte. Tus hijos te guardarán rencor o tu funeral estará lleno de críticos culturales y seguidores, pero no habrá amigos. Es una falsa disyuntiva. Sin duda, se necesita tiempo y espacio, pero eso no tiene por qué derivar en egoísmo. Y, por cierto, muchísima gente es muy egoísta en su vida cotidiana sin crear arte, genial o de otro tipo. Este no es un problema exclusivo de los artistas.

P. ¿Cómo maneja usted en concreto el individualismo necesario para tener ese espacio y ese tiempo frente a sus, digamos, responsabilidades "colectivas"?

R. No muy bien. No creo que sea una amiga buena o constante. Tengo amigas increíbles que recuerdan cada cumpleaños, cada aniversario, las dificultades de los hijos de todo el mundo... Yo siempre soy la persona menos atenta en el grupo de WhatsApp de turno. Me da mucha rabia ser así pero las novelas tardan muchísimo en escribirse y requieren una gran concentración.

"El egoísmo del artista no sale gratis. Tus hijos te guardarán rencor y en tu funeral habrá seguidores, pero no amigos"

P. ¿Y ha intentado introducir algún cambio en sus rutinas para no tener que recriminarse esto?

R. A los cuarenta años empecé a reservar los miércoles para visitar a una amiga que no pudiese visitarme a mí, y los jueves para hacer voluntariado en mi comunidad. No podía soportar la idea de que, al final de mi vida, lo único que a alguien se le ocurriera decir de mí fuera: "Escribió mucho". Para mí, eso sería un fracaso. En cuanto a las responsabilidades políticas y/o éticas colectivas, he hecho las paces con la idea de que, si puedo aportar algo, lo hago a través del lenguaje. Es mi única habilidad y trato de utilizarla con sabiduría.

P. Recuerda que se acostumbró a recorrer los museos a toda velocidad con un cochecito y un bebé gritando. ¿Es la maternidad la etapa de la vida que más pone a prueba esa relación entre el "egoísmo" y la entrega a los demás?

R. Sin duda, es una experiencia que te confronta. Otra escritora que tiene hijos adolescentes y yo nos escribíamos por correo electrónico recientemente y nos reíamos imaginando cómo sería ser escritor –hombre o mujer– sin hijos. Intentamos imaginar qué sería despertarse todos los días sin que alguien te dijera lo terrible y fracasada que eres; sin nadie que enumere todos tus defectos, se burle de ti, te humille… O sin nadie excepto tú mismo.

»Y nos dimos cuenta de que, en esa situación, como escritoras, en realidad podrías despertarte todos los días y pensar: "¡Vaya! ¡Soy una persona bastante estupenda! Escribo libros, no hago daño a nadie, no ejerzo poder sobre nadie, tengo unas opiniones políticas perfectas y la gente me quiere". ¡Debe de ser una sensación increíble! Mientras que nosotras tenemos suerte si llegamos más allá de las 8:30 de la mañana sin acumular múltiples fracasos éticos y personales que luego se ven agravados por los adolescentes de tu casa explicándote exactamente lo horrible que eres…

»La verdad, no se trata de esa idea cursi de "ser egoísta por tu arte" o lo que sea. Es más bien que resulta imposible conservar una imagen romántica de uno mismo en una casa de más de dos personas, cuando todos quieren cosas completamente distintas.

Zadie Smith. Roser Ninot / Salamandra

P. Confiesa, por cierto, que se ofreció como musa a Lucian Freud cuando era adolescente. Viendo lo que hacía con sus modelos, menos mal que esa iniciativa no cuajó, ¿no?

R. Me alegro de no haber sido la musa de nadie, sí. Pero me habría encantado conocer a Lucian Freud. Lo vi varias veces en el Soho, pero nunca hablamos realmente. Me atraen artistas con niveles de monomanía y obsesión como él.

P. En sus reflexiones sobre Kara Walker, escribe: "Ser negro te pone constantemente a prueba". ¿Cómo describiría esa sensación en contraste con ser blanca?

R. No soy blanca. No puedo responder a eso. Pero imagino que el "ajuste de cuentas racial" que ha tenido lugar durante los últimos 20 años ha hecho que las personas blancas tomen conciencia de la idea de tener una identidad y de que esa identidad también pueda ser una especie de prueba. Hace 25 años no se oía a una persona blanca referirse a su blancura en una conversación informal; simplemente eran "personas".

»Ahora escuchas a gente decir: "Pero si yo solo soy una mujer blanca, ¿qué voy a saber yo?". Y cosas por el estilo. Mi única reflexión al respecto es que creo que las personas blancas parecen estar descubriendo que ser identificadas primero por su raza —antes que por su propia individualidad— resulta tan molesto como les resultó a las personas negras esa misma práctica durante los 2.000 años anteriores…

P. Denuncia que, cuando era joven y estaba en la escuela, estudió la esclavitud en Estados Unidos, pero no se hablaba en absoluto de la esclavitud en el Imperio británico, por lo que no tenía claro que era descendiente del trauma vivido por los jamaicanos negros. ¿Existe todavía esa laguna en el sistema educativo inglés?

R. Imagino que depende del colegio. En los públicos a los que van mis hijos, en mi barrio [sigue viviendo en Willesden, hoy gentrificado], sí, aprenden mucho más sobre ello de lo que yo aprendí en su momento.

P. Escribe: "Uno de los mayores regalos que un artista puede hacer a otros artistas es demostrar cómo crear una obra sin vergüenza. Sin dejarse intimidar ni aterrorizar por las opiniones de los demás". ¿Esto es cada vez más difícil?

R. Creo que siempre es bastante difícil. Pero, como diría mi padre: "No es bajar a la mina de carbón". Supongo que siento que, si vas a ser escritor –que, en última instancia, es un trabajo bastante cómodo–, lo mínimo que puedes hacer es tener algo de valor.

P. Un escritor que nunca se dejó intimidar fue Martin Amis. La curiosidad y el deseo de vivir siempre prevalecieron sobre las convenciones sociales. ¿Cuánto lo echa de menos todavía?

R. Solo echo de menos beber con él, comer con él, fumar con él. Pasarlo bien.

P. Le robó muchas frases e ideas para escribir Dientes blancos. Se lo dijo y él se lo tomó muy bien. Un tipo grande, ¿no?

R. Bueno, ¡era un halago! Siempre es agradable pensar que la generación posterior aprecia lo que has hecho. Pero también es natural que rechace gran parte de ello. Así fue conmigo y con Martin: yo apreciaba y rechazaba cosas de él, igual que él había hecho con la generación anterior a la suya.

"Contra las redes sociales, preferiría mucho más una revolución desde abajo que una regulación por arriba"

P. Otro escritor que nunca dejó de hacer exactamente lo que quería fue su admirado Philip Roth, el hombre que escribía incluso mientras nadaba. ¿Qué es lo que más le inspira de él?

R. Era escritura al cien por cien. Esta era toda su existencia. No lo es en la mía, y no querría que lo fuera, pero me alucinan las personas que viven de esa manera.

P. Pide que se regulen las redes sociales para evitar que avance su "colonización de nuestras conciencias". ¿Qué le parecieron las sentencias contra Meta en Estados Unidos? ¿Es este realmente el primer paso para establecer límites razonables que protejan, en particular, a los jóvenes?

R. Yo, personalmente, preferiría mucho más una revolución desde abajo que una regulación desde arriba. Preferiría ver a toda una generación dar la vuelta a la situación y rechazar de plano sus algoritmos de mierda. Pero también soy realista. La adicción no es la única metáfora de lo que está sucediendo. Hay que hacer verdaderas acrobacias retóricas para fingir que no forma parte del panorama. Y, al igual que ocurre con la heroína y los cigarrillos, ayuda si el Estado interviene para conseguir lo que la voluntad individual no puede frente a gigantescas corporaciones multinacionales.

Zadie Smith. Roser Ninot / Salamandra

P. Les está costando mucho a los Estados dar pasos eficaces. Además, algunos intentos son tachados de buscar un amordazamiento de la libertad de expresión.

R. Hay muchísima deshonestidad intelectual sobre este asunto. Si escucho una vez más a un "experto" tecnológico libertario y engreído de Palo Alto explicar que este "pánico moral" ya se dio con la radio, con la televisión, y que no se puede "luchar contra la tecnología", que se ahorre las palabras. No hay nada "tecnológico" en la manera en que una niña de 14 años navega por TikTok. Simplemente mueve el pulgar sobre una pantalla mientras recibe una dieta constante y maniática que altera su conducta.

»Y mientras el experto intenta presentar a millones de padres como "luditas" alarmistas, esas hijas están en sus habitaciones haciéndose cortes en los brazos con cuchillas. Son ya quince años de excusas y mentiras. No es difícil, técnicamente hablando, establecer controles básicos en las plataformas para que los niños de 11 años no acaben pasando seis horas al día en ellas. Ya basta.

P. Otro de sus frentes es el cambio climático, colaborando con movimientos como Extinction Rebellion. Por cierto, ¿han recuperado los parques de Londres su color verde? ¿Había visto algo así antes? ¿Qué sintió?

R. Lo perturbador del Antropoceno es que, cuanto más vieja te haces, más conciencia tomas de los contrastes. Recuerdo la nieve en Navidad. Y que en los veranos te podías sentir afortunado si tenías dos fines de semana de buen tiempo. Y que antes no llovía todos los días desde septiembre a abril. Los cambios son sísmicos. ¿Cómo me sentí? Desesperada. ¿Qué hemos hecho?

P. Hace dos años, cuando la derrota conservadora parecía inevitable, Timothy Garton Ash nos decía que el Partido Laborista y el Liberal empezarían, a finales de la década, a pelear por el regreso del Reino Unido al mercado único de la UE. Y que, a partir de ahí, volvería a plantearse la cuestión de si valdría la pena convertirse de nuevo en miembro de pleno derecho del club. ¿Ese debe ser el camino "de vuelta"?

R. Por el bien de los jóvenes, sí. Es criminal legar a la siguiente generación menos libertades que las que tuvimos nosotros.

"Si la socialdemocracia no lucha por restaurar el Estado del bienestar, queda el sálvese quien pueda. Que Dios nos pille confesados"

P. Usted, en cualquier caso, se muestra muy crítica con el Partido Laborista. Su llegada al poder no ha aliviado la brutal desigualdad que, según señala, se disparó en su país como consecuencia de los sucesivos gobiernos conservadores. ¿Hasta qué punto responsabiliza a la izquierda –a las decepciones que ha causado– de la ola reaccionaria que recorre el mundo?

R. La verdad es que, en el momento de las elecciones, el propio electorado estaba mucho más a la izquierda que el partido. Preparado para la renacionalización de los servicios, para una inversión masiva en infraestructuras, para rescatar el sistema sanitario y el educativo. Pero no han obtenido nada. La ola reaccionaria surge del hecho de que la gente mira su vida cotidiana en el Reino Unido, la compara con la de hace 40 años y se encuentra empobrecida: económicamente, culturalmente, políticamente; en todos los sentidos.

P. Si la socialdemocracia no lucha por restaurar el Estado del bienestar que permitió reconstruir la mano de su hermano en el NHS después de que lo atropellara un camión y que usted pudiera estudiar en una buena universidad, ¿qué camino queda?

R. El sálvese quien pueda, que es la vida de la mayoría de los estadounidenses. Que Dios nos pille confesados.

Zadie Smith. Roser Ninot / Salamandra

P. Entretanto, ¿qué le hace sentir más viva en esta etapa de su vida?

R. ¡Las mismas cosas, todas! La música, la cultura, los libros, el sexo, la comida, los martinis, viajar, Nueva York, Londres, nadar en agua fría, los demás. No hay cambios en ese sentido.

P. El arte es muy protagonista en ese listado. ¿Hasta qué punto la humanidad lo necesita para mantenerse a flote?

R. Bueno, yo no me sumo a esas conclusiones melodramáticas sobre la cultura. Pienso en la pirámide de Maslow. Lo que la gente necesita para estar viva es comida y agua, una vivienda digna, que no haya drones lanzando bombas sobre sus cabezas, una educación y una atención médica dignas. El arte viene después de todo eso en mi lista de prioridades.

P. Para terminar: ¿puede contarnos qué está escribiendo actualmente?

R. Es una novela divertida sobre un intercambio escolar a Moscú en los años noventa.