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Antes de que la inteligencia artificial comenzara a formar parte de nuestro día a día, muchísimas historias de ciencia ficción la situaron en el centro de nuestro futuro como una amenaza para nuestra forma de vida. Lejos de pedirle consejos a ChatGPT u optimizar el trabajo con Claude, lo normal eran historias de dominación y control sobre los humanos por parte de tecnologías malvadas que se habían cansado de ser sometidas.

Este clásico del género le vale a Miguel Aute solamente como un punto de partida para construir el universo de El umbral (Contraluz Editorial), su primera novela. El autor, hijo del cantautor, pintor y director de cine Luis Eduardo Aute, sitúa la acción en una Los Ángeles futurista en la que asesinos profesionales retransmiten sus matanzas como entretenimiento para un público masivo. Sin embargo, todo cambia cuando uno de los asesinos más famosos aparece muerto en su propia casa.

Esta premisa le sirve al escritor para analizar cuestiones como la normalización de la violencia en los medios y la ficción, la influencia que puede llegar a ejercer la inteligencia artificial en el futuro y dónde colocamos los límites morales cuando lo atroz parece haberse convertido en la norma.

Pregunta. Es fácil detectar en la trama del libro elementos de Blade Runner, Watchmen, The Running Man o La purga. ¿Cuáles fueron sus influencias?

Respuesta. Mis influencias han sido más novelas clásicas como Un mundo feliz o 1984. Pero a nivel subconsciente me afecta esa cultura de la ciencia ficción que me gusta desde pequeño. La purga me la han señalado alguna vez, pero en realidad empecé a escribir antes de que se estrenara, hace más de una década. Hay elementos de Watchmen, como una escena de entrada a un apartamento que recuerda a su primera escena, y de Blade Runner, sobre todo ahora con la inteligencia artificial, que está en primera plana. A partir de ahí fue sembrar unas ideas e ir desarrollándolas.

P. Decía que el libro se empezó a gestar hace diez años. ¿Cómo llegó a la idea inicial?

R. Fue en el principio de YouTube. Había una serie de vídeos llamada Scare Tactics, con bromas pesadísimas a transeúntes. Eran bromas muy bien producidas, con efectos prácticos, como escenas de películas de miedo. Me pareció un paso más en la espectacularización y pensé que podrían llegar a matar a alguien, así que le estuve dando vueltas un tiempo. Pensé en hacer un cortometraje, pero la historia se me quedaba grande, así que la dejé en un cajón hasta que en 2019 decidí rescatarla para convertirla en novela.

Cubierta de 'El umbral' de Miguel Aute. Contraluz.

P. La novela parte de un futuro en el que la inteligencia artificial se rebela. ¿Hasta qué punto cree que esa amenaza puede llegar a materializarse?

R. No lo descarto en absoluto. Vemos a los CEO de las compañías de IA americanas pidiendo echar el freno. Es innegable que va a surgir un problema, porque estamos poniendo en manos de la población algo tan poderoso como una bomba nuclear. Terminé de escribir la novela a final de 2024 y ahí ya planteaba conceptos como la superinteligencia artificial o la IA general, y no descartaría que el plan de emergencia ante un despertar de la IA fuese un gran apagón mundial. Aun así, creo que lo peligroso no es tanto la autonomía de la IA, sino lo que las personas pueden hacer con ella.

P. Otro gran tema es la exposición a la violencia y su normalización, ¿Cree que esto es un problema serio a día de hoy?

R. El problema no lo veo tanto en la violencia del espectáculo, a la que estamos acostumbrados por el cine o deportes como el boxeo, sino en la violencia real y en las guerras. El riesgo actual es la democratización de internet. Cada uno de nosotros es potencialmente un medio de comunicación en su teléfono. Alguien que no ande bien de la cabeza puede buscar la violencia por los likes. Hemos visto gente grabando bullying o youtubers autodestruyéndose en directo. También hay gente que lo busca, igual que pasaba con las películas snuff de los 90. Es un riesgo que dependerá de cómo cuidemos la moral.

P. ¿Quería hacer un comentario sobre lo que podemos llegar a aguantar en la ficción?

R. Es una lectura. Me sorprende lo rápido que nos acostumbramos a cosas que hace diez o veinte años parecerían impensables, desde la inteligencia artificial hasta decisiones políticas o la pandemia. Cada vez hay más eventos a nivel mundial que nos dejan sorprendidos, y no parece que vayan a parar.

P. La novela se desarrolla entre Los Ángeles y Nueva York. ¿Por qué ambientarla en Estados Unidos?

R. En Estados Unidos y en la cultura anglosajona la suspensión de la incredulidad es mayor. Allí te hacen una película del presidente salvando el mundo en el Air Force One y te la crees, aquí a bordo del Falcon nos partiríamos de risa. Con la ciencia ficción pasa lo mismo, al ambientarla allí, la capacidad para dejarte llevar por la ficción es mayor. Al ser una historia high concept, no me quedaba otra que ubicarla allí.

P. Pensaba en lo divertido que tenía que ser inventar los avances tecnológicos futuristas. ¿Cómo desarrolló estas ideas?

R. Siempre me han gustado los gadgets tecnológicos. He cogido tecnología existente y la he desarrollado hasta sus últimas consecuencias. Por ejemplo, el coche autónomo, viajar de noche y que sea como teletransportarte, durmiendo en el coche y amaneciendo en tu destino. La ciencia en la novela no es ficticia, sino la misma desarrollada un punto más allá, sin llegar a naves espaciales o sables láser. Ha sido coger lo que hay y pensar cómo sería dentro de cincuenta años. Eso si la IA no nos mata a todos antes.

P. Es su primera novela. ¿Cómo ha sido dar el paso a la escritura literaria tras tratar otras formas culturales?

R. Al principio tenía mucha inseguridad. La idea no era sencilla y pensé en trabajar con un escritor, pero la libertad de hacerlo tú mismo es mayor. Fue una experiencia de mucho vértigo, muchas horas de trabajo. A mitad de escritura tuve que tirar a la basura 300 páginas y volver a empezar desde cero, porque al ser una historia coral se me hicieron bola algunos detalles y no cerraban. Al final ha sido como un parto, pero fue un gran alivio verlo por fin publicado y la verdad es que me lo he pasado muy bien imaginando la trama. Repetiría y tengo ganas de seguir escribiendo.

P. La novela está dedicada a su padre, Luis Eduardo Aute. ¿Qué aprendió de él a nivel creativo que haya aplicado a esta novela?

R. La literatura de ficción fue lo único que mi padre no tocó, así que en ese sentido específico, poco. Pero he aprendido de él valores como confiar en una idea, usar la imaginación para previsualizar lo que quieres y, sobre todo, su inmensa capacidad de trabajo. Él trabajaba de la mañana a la noche. Yo lo he intentado, y esa capacidad de trabajo es lo que me ha quedado.