Hay tres voces ligadas a la narrativa española contemporánea sobre el mundo rural, voces que siguen ahí, que nunca callan; están en títulos como El camino de Delibes, La lluvia amarilla de Llamazares e Intemperie de Carrasco. Otras, más recientes, proceden de la escritura de Irene Solá, Olga Novo, Andrea Abreu, María Sánchez, por poner algunos ejemplos. Unos y otras se significan por su autenticidad, por proyectar una mirada personal sobre ecosistemas muy diversos de la geografía rural.
Cubierta de 'Marcelino'.
Marcelino
Bibiana Collado Cabrera
Pepitas de Calabaza, 2026
149 páginas. 17,50 €
A esta selección podemos sumar la cautivadora voz que sostiene, sin relevos, todo lo que escuchamos en "los decires de un hombre" que creció en ese entorno rural, Marcelino, segunda novela de Bibiana Collado, (Burriana, 1985), filóloga, profesora y poeta (Como si nunca antes, Violencia, Chispitas de carne...).
Si se estrenó con una muy recomendable primera novela (Yeguas exhaustas), esta segunda, la historia de Marcelino, tira del hilo de la memoria del protagonista para relatar su vida desde la mirada del anciano que es hoy. Su historia retrata otras muchas, porque supone un recorrido por el mundo rural, sus ritos y costumbres, una mezcla delicada y equilibrada de tradición y folclore, penuria y atraso, ternura y silencio, tan lograda y contenida que es imposible no cobijarse en su lectura.
Ayudan las maneras de poeta de esta autora, la exactitud y la cautela en el uso del lenguaje, la fuerza del imaginario, la palabra y las elipsis justas, sugeridoras de todo lo no dicho. Sin grandes desafíos técnicos, sin pretender el rédito de la carga emocional de esta clase de historias. La propia organización del discurso es un acierto que no pasa inadvertido: cincuenta capítulos numerados en orden descendente (del 50 al 1) y una hermosa coda final.
Al dictado de la memoria, dan entrada a cada episodio imágenes y figuras aferradas a ella ("El chocolate", "El decir", "La romería", "La pena",…), y le permiten a Marcelino recordar su pasado y el del pueblo entonces, hasta que empezaron a llegar cambios y comenzó a quedarse vacío, como tantos, aunque no sea este su asunto principal. En realidad son muchos sus asuntos: la familia, la mujer, la maternidad, la liturgia del cortejo y del matrimonio; los "alumbramientos" y sus "padecimientos".
Emociona la expresión de lo auténtico, de la belleza, la rabia y el sufrimiento. Un verdadero logro
Pero la sensibilidad de este hombre traspasa sus cavilaciones, y estas reparan de manera especial en el trato que recibían las mujeres (oscura, la historia de Dorita; luminosa, la de Ángela y Dolores), en la dialéctica de lo que de ellas se esperaba, en la respuesta social si no cumplían con los menesteres para los que el hombre las requería.
Marcelino, al decir de todos, era de natural callado; pero la vejez le ha vuelto hablador, y cavila y recuerda trenzando lo que ha motivado su rabia y su mayor pesadumbre: los "tres embarazos malogrados" de su Encarna. Este motivo marca los vaivenes del discurso, funciona como eje argumental y temporal en el ir y venir de sus consideraciones. Su historia con ella, una "masa hermosa" de ternura y deseo, hasta que llegó "la pena". Los infortunios se dejaban estar. Y punto. Sin un hijo no era posible concebir el futuro.
El suyo no es un relato con principio, medio y fin. Se lee como ficción, aunque sabemos que no es ficción todo lo que contiene, sino una buena dosis de identidad y de memoria. Emociona la expresión de lo auténtico, de la belleza, la rabia y el sufrimiento. Un verdadero logro el de su autora este poder para expresar tanto con la gramática del silencio, para meterse en la piel de un hombre, adoptar su voz y su mirada y hacer que suene a verdad todo el sentir y el decir de Marcelino.
