Un elemento fundamental en la buena fortuna de un relato reside, según reconocen los propios narradores, es la adopción del punto de vista acertado. Resulta básico encontrar la voz pertinente de quien cuenta la historia. Ahí radica el mérito principal, más que en el argumento, aunque sin desdeñarlo, de Isabel Bono (Málaga, 1964) en El mal de la risa.
Cubierta de 'El mal de la risa'.
El mal de la risa
Isabel Bono
Tusquets, 2026
272 páginas. 19,90 €
Bono ha hallado la perspectiva original y creíble para relatar los afanes de Noelia, una anciana soltera a punto de cumplir los ochenta y cuatro años de edad, en la fusión de desparpajo y dolor.
Noelia (o Adelfa: utiliza ambos nombres), antigua maestra en un colegio religioso, a pesar de ser descreída, refiere en primera persona ahora, en las fechas del covid, cómo se dedica en cuerpo y alma a atender a su familia, su hermana Marta, once años mayor, y su cuñado Eduardo, nonagenarios acuciados de graves dolencias y con un pie en el otro mundo, y a sus sobrinos ya en la media edad, Martita y Eduardito.
Las relaciones de Noelia con su parentela parecen, en mirada superficial, el cañamazo de un melodrama popular y podrían utilizarse como base de una exagerada telenovela. Tienen sobrados mimbres: la mujer desprecia a su egoísta cuñado, a quien tiene "tirria" y desea la muerte, y mantiene vínculos tormentosos con su querida hermana; también desprecia a la sobrina, a la que desea grandes males, mientras quiere con cariño maternal al sobrino.
Tal folletín no esconde, sin embargo, la personalidad compleja de una mujer avispada, reflexiva y culta que dedica tiempo también a otras relaciones variopintas: con un sacerdote mayor, capellán amigo de antaño, y con un misterioso contacto de chat, con quienes sostiene casi filosóficas disputas; con un amigo, joven abogado, o con una desocupada que aparca coches.
Además, la anciana se revela perspicaz observadora de la vida, capaz de sacarle punta a todo lo que la rodea, sea la experiencia hospitalaria, las manías de los vecinos o las rutinas de la compra en el supermercado. Se trata de fogonazos de excelente costumbrismo satírico, muy apegados a la inmediatez de nuestros días y tan graciosos como las quejas que envía por email.
La amplitud del radar de Noelia le permite acechar fenómenos sociales y morales. Deja así testimonio del matrimonio, incluidos en él los condicionantes del franquismo, de las relaciones laborales o de las hipotecas de la edad. Y al lado hace lúcidas observaciones sobre la felicidad, el amor, las relaciones humanas interesadas ("hay listos porque hay tontos", dirá), la trascendencia o la misma muerte. A veces la observación se salda de forma negativa sentenciosa: "la vida es una estafa".
Entre risas y penares, bromas y dolores, Bono va redondeando un profundo retrato psicológico
Con más frecuencia, surge un sentir positivo: la vida monótona y aburrida se puede compensar con la lectura, ya que leer, dice en su despedida funeraria, es parecido a vivir dos veces, "a ganar una vida extra". Y, sobre todo, para la desalentada existencia y el inexorable destino existe la triaca aludida irónicamente en el título del libro: "Para todos tus males te doy la risa, dijo Rabelais. No lo olvidéis, reíd, a ser posible morir de risa".
Entre risas y penares, entre bromas y dolores, Isabel Bono va redondeando un profundo retrato psicológico. La historia desborda su aparente simplicidad y la figura memorable de Noelia alcanza la categoría de paradigma de anhelos, certezas e inseguridades de nuestra especie. El afanoso carpe diem de la mujer y su sagaz análisis del mundo, referidos con tanto desenfado como desgarro, se saldan en una emocionante novela, a la vez divertida y grave.
