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Alejandro Palomas lleva los últimos cinco años transformando, sin pausa, pero sin prisa, el trigal que rodea su casa en el campo en un bosque. Sin dejar de escribir, claro, el escritor catalán se ha permitido acercarse con este proceso a la naturaleza, la calma y la observación, llegando de alguna manera a una mirada que se deja sorprender por lo cotidiano, así como lo haría un niño.

Este tiempo, que confiesa que le ha ayudado a “deshacerse de la rabia”, ha sido la semilla para su nueva novela, Casa, que ya ha llegado a las librerías y que presentó el pasado jueves 3 de septiembre.

En la novela, Palomas describe la relación entre Mika, una niña de siete años y su abuelo, Tadeo, mientras intentan acometer la misma tarea a la que se ha estado dedicando él mismo en este tiempo. Así, Palomas regresa a un territorio tan conocido y tratado para él como el de los vínculos familiares, con sus heridas, sus silencios y las formas, a veces torpes y a veces milagrosas, que tenemos de querernos.

El escritor Alejandro Palomas. Hugo G. Pecellin.

La protagonista aquí, sin embargo, es la mirada infantil. Mika es la típica niña que no para de preguntar acerca de todo lo que ve. Desde lo práctico, hasta, sobre todo, lo que hace que las cosas sean como son. Por qué los árboles son árboles, qué había antes del trigo… Pese a abarcar lo infinito desde lo más simple, Palomas se enorgullece de “haber conseguido por fin una historia condensada, sin nada innecesario”.

Para ayudarle, ha contado con la ayuda del abuelo de Mika, Tadeo. Inspirado por el actor Ginés García Millán, Tadeo representa la sabiduría de la sencillez y el auténtico asidero para llevar a la protagonista por el buen camino, encargándose de su educación humana en el sentido más profundo posible. Para Palomas era lo más adecuado, ya que es consciente de que en muchos casos “son los abuelos los que están educando a los niños, porque los padres muchas veces no están”.

El autor también reflexionó sobre la complicada situación de la crianza. Al ser preguntado por cómo puede ser la relación de los niños con sus abuelos en un contexto en el que cada vez se tienen hijos más tarde, Palomas explicó que cree que “la visión del niño va a ser la de sus padres diciendo “no molestes al abuelo” o “el abuelo está cansado". ¿Y la educación? Deseo mucha suerte a padres y abuelos, porque no sé cómo lo van a hacer".

Portada de 'Casa', de Alejandro Palomas. Espasa.

Con todo, el autor no se centra en los posibles problemas del futuro, sino que encara la novela con esperanza y cariño. Siguiendo en la línea de las relaciones entre generaciones, el papel del padre de Mika, Pedro, le ha servido para invertir ciertos papeles que considera demasiado arraigados hoy en día, como es el de la mujer que sacrifica su carrera por cuidar de su hija. “En este caso es él el que decide que va a cambiar su mundo porque quiere quedarse con su hija. Eso en la ficción no pasa, y creo que es importante porque es entonces cuando las cosas empiezan a empapar”.

Además, esta obra ha resultado de un proceso tremendamente personal para el autor, desde los conceptos que ha tratado hasta el proceso interior que ha causado la escritura. “La energía que yo siento con el libro es como el que abre una puerta nueva en su vida, no solamente literaria, sino en muchos ámbitos”, afirma Palomas. Este camino le ha hecho comprender también el significado de la palabra “casa”, como algo más allá del espacio que habitamos, es decir, el lugar donde uno sabe que puede ser él mismo.

Sin ser una novela confesional, se nota el gran calado que ha tenido en el escritor en su dimensión emocional. Palomas reveló durante la conversación que llevaba alrededor de cinco años atravesando un duelo que creía cerrado. El trabajo en el bosque, realizado con su hermana y acompañado por conversaciones constantes sobre su madre, terminó abriendo una grieta por la que apareció la novela. Todo comenzó, de manera casi accidental, con un poema sobre un olmo que había nacido inesperadamente en su bosque. La sombra de aquel árbol le hizo pensar en la sombra de un abuelo. Y de ahí apareció Tadeo.

Por otro lado, Palomas confía durante la presentación algo inesperado que surgió durante la escritura. Con Casa le empezaron a brotar recuerdos de una infancia feliz que creía que no había existido. “Para mí ha sido un regalo”, declara. “Me ha descubierto que yo fui un niño con etapas de una felicidad brutal”.

Para el lector, espera algo similar. Palomas cuenta que cree que Casa es una novela para leer varias veces, donde importa más el silencio y lo que pueda completar entre una línea y otra el propio lector. En ese sentido, el escritor declara que buscó intencionalmente despojar al mundo de la novela de localizaciones concretas y de referencias temporales que la ligaran a un momento determinado. Para él, era importante crear “un mundo muy pequeñito, poblado por pocos personajes y donde la fábula se cuele en la realidad”.

El escritor, ganador del Premio Nadal en 2018 por Un amor y del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2016 por Un hijo, cerró la presentación con la reflexión de que “casa es todo”. Esté en un lugar, en una persona, en un recuerdo o incluso en un libro, al hogar se vuelve siempre porque es donde más somos nosotros mismos.