En la presentación de Un poeta en la Historia. Vida de Miguel Hernández (Akal), Mario Amorós subraya que esta es la primera biografía del poeta escrita por un historiador. Y que incorpora como novedad relevante un material hallado por él en el Fondo Documental Germán Vergara Donoso del Archivo Nacional de Chile que resulta imprescindible para relatar sus tres últimos años.
Portada de 'Un poeta en la historia'.
Un poeta en la historia
Mario Amorós
Akal, 2026. 572 páginas. 25 €
De vida corta e intensa, concretada en un triple acorde de amor, guerra y muerte, con el vértigo de la palabra como vibración o conjuro y la intensidad ideológica de sus últimos años, Miguel Hernández (Orihuela, 1910 - Alicante, 1942) sigue siendo uno de los poetas españoles más estudiados y leídos. Esta obra coincide con una edición completa de sus escritos periodísticos de guerra, El hombre acecha al hombre (Alianza), a cargo de Joaquín Riera Ginestar.
La historia de Hernández, por muchas veces que sea recordada, no pierde poder de conmoción. De la cabra al verso, sorprende su capacidad para conquistar el territorio al que, por vocación y tenacidad, o por destino, quería pertenecer.
Una vida de contrastes y trasvases drásticos, del terruño a la urbe, de la huerta mediterránea a las trincheras de la Guerra Civil, del amor civilizado con Josefina Manresa al calambre pasional con Maruja Mallo, del acceso al primer plano de la poesía española a las cárceles y la enfermedad.
Hay también un viaje a Moscú, amigos y periódicos, Misiones Pedagógicas, desengaños, desafíos, esperanzas. Y un hijo muerto. De pastor a preso, entre soledades, metáforas y utopías. Y las escalas de su peregrinaje poético, del neogongorismo de Perito en lunas a su poesía combativa y la intensidad conmovedora de sus últimos poemas.
Hasta 1931, cuando viaja por primera vez a Madrid, apenas había salido de Orihuela. Tenía 21 años y durante seis y medio había trabajado en el negocio familiar, limpiando el establo al amanecer, pastoreando, ordeñando, preparando pesebres, repartiendo la leche.
La piel tostada por el sol, la cabeza rapada, una silueta morena y descamisada, ojos grandes, sonrisa fácil y esparteñas. Iba leyendo por aquellos campos y entre aquellos trances, con voracidad y desorden: Gabriel Miró, el Siglo de Oro, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez. Y se atreve a acometer sus primeros balbuceos poéticos.
El caso es que el pastor quería ser poeta, y lo iba a ser y ya lo era porque, por encima de sus carencias educativas, la poesía estaba en su mirada. Se hace amigo de jóvenes con inquietudes (entre ellos, Ramón Sijé), da a conocer sus poemas iniciales, gana un premio en Elche y hace su primer viaje a Madrid, de sabor agridulce. Pero su decisión es firme y su peripecia atraviesa los terribles años 30 españoles como la de un personaje de novela (entre galdosiano y barojiano, quizá).
Portada de 'El hombre acecha al hombre'.
El hombre acecha al hombre
Miguel Hernández
Alianza, 2026. 480 páginas. 22,50 €
Con estupendo pulso, con abundante sustento documental, Amorós narra su historia fascinante y trágica: la publicación de Perito en lunas, sus intentos de amistad con García Lorca, sus búsquedas de dinero y empleo, su noviazgo con Josefina Manresa, sus siguientes viajes a la capital, sus relaciones con Neruda, Aleixandre, Alberti o María Zambrano, su trabajo a las órdenes de José María de Cossío en la enciclopedia Los Toros (Espasa-Calpe), su participación en las Misiones Pedagógicas, sus evoluciones ideológicas y estéticas, sus meses de pasión con Maruja Mallo, su participación en homenajes, revistas, manifiestos, su consagración en la élite poética de la Edad de Plata con El rayo que no cesa, sus escritos teatrales... Y la guerra.
Hernández se afilia al PCE y se enrola en el 5.º Regimiento de Milicias Populares. Ruiseñor en las batallas, su enfoque literario experimenta un viraje que se manifiesta en Viento del pueblo. Altavoz del frente, en la hora del canto épico, a lo largo de la guerra publica libros, artículos, poemas en periódicos y antologías.
Y se casa con Josefina, con quien pronto tiene a su primer hijo, que vivirá diez meses. Pasa por Valencia, Jaén, Extremadura, Teruel. Y hace un viaje a la URSS que, según Amorós, no le provocó un desencanto del comunismo como otros autores han observado o sugerido: “Era entonces, y lo fue hasta el fin de sus días, un militante comunista convencido”. Publica El hombre acecha, entre el compromiso, el desaliento y el humanismo.
Cuatro semanas después del fin de la guerra decidió pasar clandestinamente a Portugal, pero fue detenido y entregado a la policía española. Vivió y sufrió casi tres años en varias cárceles franquistas. El proceso judicial, las cartas a Josefina, las Nanas de la cebolla, su inconcluso Cancionero y romancero de ausencias, sus últimos poemas entre la luz y la sombra, la condena a la pena capital en 1940, conmutada por 30 años de cárcel, y Alicante como destino final.
Entre el hambre, la tuberculosis, la falta de atención y la pena por su esposa, su segundo hijo y su madre, murió el 28 de marzo de 1942. Proscrito por la dictadura y condenado al olvido, su obra renació gracias a iniciativas editoriales (Aguilar, Losada) y en la voz de los cantautores. Desde los 70, las actividades en torno a su figura han sido innumerables. Leído y estudiado en todo el mundo, su compromiso antifascista, señala el autor, “ilumina los desafíos democráticos de nuestra época”.
Sus escritos periodísticos de guerra, anotados, están recogidos íntegramente en El hombre acecha al hombre, que incorpora cuatro prosas inéditas, fotografías originales de la época, semblanzas del poeta realizadas por coetáneos y artículos del editor sobre este apartado de la producción hernandiana.
Riera lo describe como “hábil periodista y cronista de guerra rico en recursos”, testigo y actor en el escenario bélico que supo proyectar sus ideas con “intensidad, vigor y fuerza de convicción” en textos escritos “a un ritmo febril y precipitado”, entre las incomodidades y los sobresaltos del frente.
