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Llega el verano y pocas cosas nos quitan más el sueño, para bien o para mal, que planear unas vacaciones y organizar nuestro equipaje. Ya sabéis, crema solar, repelente de mosquitos, el bikini o el bañador, y un buen libro capaz de acoplarse a nuestras horas de viaje, a las esperas en los aeropuertos o a los tiempos muertos bajo el sol.

¿Alguien ha dicho muertos? Si eres lector y sabes lo que es bueno no hay mejor momento que el verano para disfrutar de una buena novela negra. En última instancia, tal vez debamos tener en cuenta sus advertencias. Hasta en los lugares más idílicos, hasta en los países más seguros del planeta, siempre habrá alguien dispuesto a perpetrar un asesinato.

Incluso en los rincones más inhóspitos, gélidos o calurosos, cualquier persona es susceptible de cometer un crimen o de acabar transformándose en víctima. Ya lo decía Agatha Christie: “hasta fregar los platos convierte a cualquiera en un maníaco homicida de categoría”.

Pero, ¿existen diferentes formas de escribir novela policíaca? ¿Cómo es un thriller si en vez de desarrollarse en Italia se ambienta en Islandia o en Estados Unidos, o si es narrado por una japonesa? ¿Influyen el clima y las costumbres sociales en nuestra forma literaria de matar? A partir de las novedades de estas últimas semanas os planteamos esta vuelta al mundo algo inusual sobre detectives y asesinos literarios que nos permite también, encontrar algunas diferencias entre diferentes regiones del globo. Y que, en cualquier caso, nos ayudará a pasar un verano de muerte.

Nórdica: social y atmosférica

Convertida en prestigioso ejemplo internacional, la novela negra nórdica es, quizás, la más atmosférica de todas. Leer el noir de los países escandinavos (ahora también blue) es como abrir un congelador en plena ola de calor y quedarte cerca hasta helarte. El clima, la nieve en concreto, cobra otra dimensión en estas historias profundamente combativas que buscan denunciar las grietas y eslabones débiles del Estado del bienestar.

Así, de la Suecia más fría y oscura nos llega uno de los debuts del año en la región: Jaque a la reina (Destino) de los periodistas de investigación, Lena Sundström y Jens Mikkelsen. Premio de la Academia Sueca a la Mejor Novela Negra, esta historia que combina thriller político y crónica social al más puro estilo Mankell está protagonizada por dos periodistas, Anne Suyin y Sven, que deciden investigar por su cuenta el inesperado asesinato de una reconocida política y activista por los derechos humanos, Rebecca Rönn, a pesar de que todas las evidencias señalen a un grupo de inmigrantes indocumentados.

Portada de 'Jaque a la reina'. Destino

En Malmö, describen sus dos autores, “todo quedaba cerca, aunque las distancias socioeconómicas pudieran ser grandes. El bus 6 ofrecía a sus pasajeros un recorrido a través de las diferentes clases sociales: de oeste a este, del rojo al marrón y el azul, de los bloques de protección oficial a las casas adosadas y las mansiones de lujo”.

En la línea de otros nordic noir, Jaque a la reina construye una mirada realista con una narrativa crítica y de denuncia. Una excelente crónica que afronta uno de los principales problemas actuales de Suecia, donde un 22% de la población es ya de origen extranjero, y que pone en evidencia cómo se tejen los mecanismos del discurso xenófobo en la sociedad.

Híbrido entre la narrativa nórdica y la intriga clásica del whodunit de Agatha Christie, a quien Ragnar Jónasson tradujo en su juventud, el escritor islandés regresa para despedirse de su emblemática agente de policía con su cuarto libro, Hulda (Seix Barral).

Portada de 'Hulda'. Seix Barral

Un thriller atmosférico y oscuro, lleno de gélidos paisajes capaces de medir la resistencia de sus personajes, que pone fin a la historia de esta popular heroína con una precuela en la que tendrá que resolver su caso más oscuro y personal, algo que conectará con el principio de su saga, pues las novelas de Hulda están escritas desde delante hacia atrás.

La pacífica Islandia —se estima que tiene una media de 1 a 4 asesinatos al año— es curiosamente la protagonista de dos de las novelas que figuran entre estas novedades policiacas.

Huellas en los fiordos (Salamandra) es el debut de la finlandesa Satu Rämö en algo que ella cataloga como nordic blue, un nuevo tipo de subgénero caracterizado por compartir rasgos con el noir, pero disfrutar de una mayor luminosidad.

Ambientada en la ciudad de Ísafjörður, al noroeste del país isleño, en la remota región de Vestfirðir, y protagonizada por la inspectora de policía Hildur Rúnarsdóttir, cuyas hermanas pequeñas desaparecieron años atrás, esta novela se ha convertido en el último fenómeno nacional.



“En Islandia hay más desapariciones que fallecidos. El mayor peligro es la naturaleza: erupciones volcánicas, inundaciones glaciares y tormentas muy fuertes”, cuenta la autora sobre esta historia que arranca cuando un alud descubre el cuerpo muerto de un hombre. Lo demás es una interesante historia que mezcla suspense del bueno, con folklore y paisaje.

Mediterránea: corrupción y familia

Más allá de la propuesta lúdica de Stefano Bartezzaghi, que en Pruebas sin corregir (Seix Barral) nos ofrece un curioso enigma —una novela-juego, a modo de cuaderno de pasatiempos, que permite resolver el crimen a partir de localizar las erratas introducidas en el libro—, coinciden entre las novedades de este género varias historias de lo que se englobaría dentro de la novela negra mediterránea, esa que bebe de la fecunda tradición creada por autores como el italiano Andrea Camilleri, el francés Jean-Claude Izzo o nuestro Manuel Vázquez Montalbán.

Al contrario que el nordic noir, en este tipo de suspense son las ciudades y pueblos con siglos de historia y no la naturaleza salvaje de los países del Norte lo que determina estos relatos que, por lo general, responden más al estilo policíaco tradicional y clásico y en los que la vida cotidiana de sus personajes —la afición por el fútbol, los tejemanejes políticos, las historias familiares y sentimentales y, claro, la comida— se mezcla con la resolución de un crimen.

Portada de 'La verdad oculta de Walter Andretti'. Salamandra

En La verdad oculta de Walter Andretti (Salamandra), Antonio Manzini, por ejemplo, nos muestra otro tipo de frialdad y oscuridad. La ciudad aquí es lo de menos —solo se nos revela que es Bolonia muy hacia el final—, pero no tanto sus calles y sus pórticos tan sureuropeos.



“Qué oscura es esta ciudad de noche, como si las farolas funcionaran con bombillas de 10 vatios. Es tétrica, pude dar miedo si no estás acostumbrado, si no has nacido aquí. Hay demasiada historia anclada a los muros y entre los ladrillos de estas calles y bajo los pórticos. Y demasiados fantasmas. Se los oye caminar de acá para allá sobre el mármol y el empedrado, no la dejan, les han cogido cariño a estos muros, torres y ventanas”, describe el escritor italiano en esta novela que inaugura una nueva serie protagonizada por el periodista Walter Andretti y un archivista de un tribunal penal, Carlo Cappai.

La crítica a cierta moral social y a la corrupción política es una constante en el género y aquí no puede ser menos. Ambientada en Milán, en Matar a un rico (Alfaguara), Sandrone Dazieri organiza su propia revolución de clases con esta curiosa historia, protagonizada por los investigadores Colomba Caselli y Dante Torre, que arranca con el asesinato de un exfutbolista en un lujoso apartamento.

Portada de 'El fraude es el futuro'. Tusquets

A partir de este momento, las calles de la ciudad se llenarán de pintadas incitando a asesinar a los multimillonarios en lo que termina siendo toda una denuncia sobre la distribución de riqueza, los abusos del poder y la desigualdad.

Clásico vivo y maestro indiscutible de la novela negra mediterránea, y también de un suspense de familiar aroma más clásico, Petros Márkaris nos deleita en esta ocasión con una nueva aventura más de Kostas Jaritos ambientada en Atenas. El fraude es el futuro (Tusquets), en la que nuestro inspector es ahora jefe de las Fuerzas de Seguridad de toda la región del Ática, es una novela que reflexiona sobre el uso de la inteligencia artificial, el patrimonio cultural y la crisis moral y social en un mundo en el que es imposible distinguir lo verdadero de lo falso.

Crímenes en la Vieja Europa

Más dispersas quedan un puñado de títulos policíacos de nuestro continente que sobresalen entre las recientes novedades literarias. En ese sentido, un incondicional del verano es, sin duda, el irlandés John Connolly y su carismático detective Charlie Parker.



Aunque en Hijos de Eva (Tusquets) el escritor sitúa, como es habitual, la acción en Estados Unidos, y en este caso concreto pondrá a sus personajes tras nada más y nada menos que un cártel mexicano, Connolly, que tiende a esa veta oscura tan propia del noir, es conocido por mezclar el thriller policiaco con elementos sobrenaturales de una clara influencia folklórica irlandesa.

Dando un volantazo, y a unos kilómetros de distancia, cruzando el mar, nos encontramos con la Escocia de Alan Parks. Caracterizado por el realismo sucio, paisajes urbanos sombríos y los conflictos morales, Cielo rojo sobre Glasgow (Tusquets) es más bien un híbrido entre novela policiaca e histórica y supone el inicio de una nueva serie, protagonizada por el expolicía Joseph Gunner en el Glasgow inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Por el contrario, si sois más de una intriga psicológica, El verano eterno (Galaxia Gutenberg) de Franziska Gänsler nos sumerge en las altas temperaturas alemanas. Del frío insoportable de los países nórdicos, a este calor inaguantable.



“El interminable verano traía consigo una extraña inquietud -describe-, una impotencia que intentaba ignorar la mayor parte del tiempo. En algún momento tenía que refrescar, se formarían nubes, llovería. Llegaría el otoño. Una creencia en una vieja normalidad que los meteorólogos habían ido aplazando día tras día”.

Portada de 'El verano eterno'. Galaxia Gutenberg

Un ambiente asfixiante, en una ciudad balneario del sur de Alemania, Bad Heim, rodeada de incendios, da pie a esta interesante y turbadora historia psicológica sobre una madre y una niña que irrumpen en busca de ayuda en la sosegada vida de Iris, quien debe tomar pronto una compleja decisión cuando un hombre la llama preguntando por su hija, quien dice que esta está en peligro con su madre.

Por su parte, otra de las interesantes propuestas que nos llega del mundo germánico es la ingeniosa e impactante Cortocircuito (Seix Barral), del superventas austriaco Wolf Haas.

Autor de novelas policiacas clásicas protagonizadas por un detective privado llamado Brenner, en este nuevo libro construye un intrigante enigma con forma de puzle que funciona como una especie de laberinto literario de espejos en el que dos historias se solapan cuando los protagonistas de cada una leen alternativamente qué le ocurre al otro como si fuera una novela.

Noir en el Lejano Oriente

Con un ritmo más pausado y analítico, la novela negra japonesa es una excelente manera de adentrarse en los paisajes, la cultura y tradición nipona, en la que las rígidas normas sociales y la presión de las apariencias tienen todavía hoy un papel determinante. También, curiosamente como en las novelas más mediterráneas, veremos como aquí la comida tiene su aquel.

Desde la inabarcable Tokio nos llegan dos novelas muy distintas que nos ofrecen una mirada diferente pero complementaria sobre la capital del país.

Ambientada en la década de los 90, de corte más tradicional y con una mirada profundamente psicológica sobre su personajes, La mano que mueve los hilos (Salamandra) de Miyuki Miyabe nos introduce en una historia de desapariciones de mujeres y cuerpos amputados que comienza con el hallazgo de un brazo descuartizado en un parque de la ciudad por parte de un adolescente, único superviviente de una masacre familiar.

Portada de 'La mano que mueve los hilos'. Salamandra

Poco a poco, las víctimas se irán multiplicando en una perturbadora investigación. Con más de cuarenta millones de ejemplares vendidos, y reconocida con algunos de los premios más importantes de su país, la escritora, que se ha convertido en todo un referente para la novela policíaca japonesa, firma aquí una de sus obras más inquietantes y ambiciosas.

Y del Tokio de Miyabe al de Asako Yuzuki hay solo un paso, pero un mundo entero de distancia. Inspirada en el caso real de una atroz asesina en serie, en Mantequilla (Temas de Hoy) su autora esboza un peculiar sentido del humor y una crítica social sutil en la que se abordan temas como la misoginia o la obsesión.

Portada de 'Mantequilla'. Temas de Hoy.

“Hay dos cosas que simplemente no puedo tolerar: a las feministas y la mantequilla”, afirma uno de los personajes en esta novela envolvente y sensorial que se ha convertido en todo un fenómeno de ventas.



Protagonizada por una periodista llamada Rika Machida en esta historia la única criminal que aparentemente vamos a encontrar ya está en la cárcel, una cocinera gourmet acusada del asesinato en serie de varios empresarios.

Por su parte, mezcla más bien de terror e intriga El pozo (Destino), de la coreana Hye-Young Pyum, sorprende con un relato a lo Misery de Stephen King en el que un hombre en coma se despierta tras haber sufrido un accidente en coche en el que su esposa ha fallecido y bajo los inquietantes cuidados de su suegra. Premio Shirley Jackson, este libro es un asfixiante thriller psicológico sobre la incomunicación.

Matar a la americana

Dos últimos títulos cierran este recorrido con el colofón final de la novela negra americana, que si bien ha cambiado algo desde el clásico hardboiled de hace casi un siglo, sigue estando caracterizada más por una ambigüedad moral, un realismo sucio urbano y unos personajes cínicos.

Más propia del noir rural El rey de las cenizas (Salamandra), de un S. A. Cosby avalado por popes como Dennis Lehane y convertido en rey del thriller de su país, recuerda a una especie de El Padrino, pero protagonizado por americanos sureños.



Ácidas reflexiones sobre la masculinidad tóxica, el silencio emocional, los vínculos familiares y esa nostalgia por el pasado que parece haber infectado a Estados Unidos en los últimos tiempos son las claves de esta novela cuyo corazón simbólico es un crematorio y que tiene muchos giros de guión y dosis de acción al más puro estilo hollywoodense.

Portada de 'El sexto mesías'. Impedimenta

Por su parte, tras el éxito de La lista de los siete, Mark Frost, colaborador del llorado David Lynch en varios proyectos como Twin Peaks, regresa con El sexto mesías (Impedimenta) un suspense clásico con aroma victoriano y buenas dosis de metaficción que mezcla aventura, misterio y humor en el que el mismísimo Arthur Conan Doyle viaja hasta Estados Unidos para impedir, junto al peculiar espía Jack Sparks, que una siniestra organización destruya los libros sagrados del mundo y abra la puerta a un mesías de la oscuridad.

Además de los guiños que harán las delicias de los fans de Sherlock Holmes, Frost teje un tapiz oscuro y magnético donde esos Estados Unidos de finales del XIX que tan bien radiografió Henry James pierden su brillo industrial para llenarse de misticismo finisecular, conectando la Cábala judía, el sintoísmo y la espiritualidad nativa americana en una carrera contrarreloj de final trepidante.