Si, como decía Sartre, “la violencia, sea cual sea la forma en que se manifieste, es un fracaso”, los personajes de los relatos de la narradora chilena Arelis Uribe (Santiago, 1987) son hijos, hermanas, víctimas del fracaso de toda la sociedad. Porque en estos cuentos salvajes, Uribe enfrenta al lector con la violencia estructural, las desigualdades de clase y de género, las relaciones de poder entre los jóvenes y los adultos, el racismo y el dolor de los migrantes.
Portada de 'Telepunga' de Arelis Uribe.
Telepunga
Arelis Uribe
Yegua de Troya, 2026
112 páginas, 15,90 €
Así, en La escopeta, un padre borracho y pendenciero enseña a disparar a su hijo y le obliga a matar al perro del vecino; Miss Lola es la historia de una adolescente de trece años, en tiempos de Pinochet, que es abusada por su maestra; Cuarto y medio narra una violación en grupo de una muchacha borracha tras salir de una fiesta, y la indiferencia de los testigos; en La posta, una pareja convencional se encuentra a una joven accidentada y acaban acompañándola a un hospital para pobres; Nos quedamos a solas describe otro tipo de violencia sexual y de clase, mientras que Casa de muñecas trata de un caso de pederastia, del que es víctima una niña de cinco años que obsesiona al novio de su prima mayor. Y Solo para argentinos nos enfrenta al drama de una estudiante chilena migrante.
Aunque todos son espléndidos, destacan especialmente los dos últimos, Trenes y Telepunga. Si en el primero nos reencontramos con la madre y la hija abandonadas en el primer relato, ahora en situación aún más precaria pero con un sólido apoyo femenino, el segundo habla de violencia laboral. Y todo ello con un lenguaje de inusitada belleza, que refuerza el espectacular talento de su autora al retratar una realidad cotidiana marcada por la crueldad.
