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Termino Besos, chao preguntándome qué ha pasado para que mi estado emocional sea la devastación, cómo ha hecho Claire-Louise Bennett (Wiltshire, Inglaterra) para generar tanto desasosiego o acaso pesadumbre; sin que me haya dado cuenta hasta que he cerrado el libro, no he entendido hasta dónde me ha llevado: hasta el lugar más oscuro de las historias de amor que ya se han terminado pero siguen con nosotros, no en forma de fantasmas o presencias inquietantes, sino en las rutinas diarias, en la vida interior, en la estricta intimidad.

Portada de 'Besos, chao'. Malas Tierras

Besos, chao

Claire-Louise Bennett

Traducción de Silvia Martín. Malas Tierras, 2026. 176 páginas. 20,50 €

La trama de la novela es el diálogo interno de una mujer con sus cosas en su quehacer cotidiano, materialidades que albergan recuerdos de su pasado: cartas de un profesor metidas en una caja, el jersey de un examante después de darse un baño o los platos apilados, sucios y sin lavar.



A través de una obsesiva atención por los detalles más nimios de una mujer semiaislada en una cabaña con el propósito de escribir, el lector va conociendo su biografía amorosa, no en forma de pasado clausurado, sino en clave de presente.

Porque tal vez la pregunta esencial de la novela es ¿cómo nos vinculamos con las cosas que rompimos y sin embargo seguimos de algún modo amando?

Las personas van y vienen, pero no desaparecen en nuestros fueros internos. Y entonces, ¿qué hacer con la extraña lealtad que nos mantiene aferrados a quienes tanto quisimos y alguna vez nos amaron?, ¿qué hacer con la ingratitud, con la falta de deseo, con los gestos de hastío, con los actos de egoísmo?

Besos, chao es una posible respuesta a esa pregunta. La autora construye una voz que podría ser la nuestra, la de cualquiera, cuando se queda a solas y se empeña en repasar episodios de su vida sin censuras ni autoengaños, sin temor a parecer patética o ridícula, maníaca o egoísta.



El resultado es una escritura que sigue sin precaución los hilos de la memoria y los trae al presente y todo lo enmadeja porque así son los recuerdos que permanecen con vida: embarran nuestras rutinas de nostalgia o de culpa o de asco o de odio o de vergüenza o de rabia. Esto es lo que parece decirnos Claire-Louise Bennett con un áspero humor que nos hace sonreír e incluso, por qué no, vernos reconocidos en sus neuras, en sus rotos, en sus ganas de estar viva.



Sin dramatismo e incluso burlándose de sí misma, la protagonista de Besos, chao expone su intimidad llena de claroscuros, llena de ambigüedad, sin buscar salir indemne: toxicidad y ternura, lealtad y traición, violencia y cuidados, sexo y amistad son, pues, los ejes esenciales de su deriva que a veces es pura enajenación y otras veces lucidez, de esas que meten miedo.

La protagonista de Besos, chao expone su intimidad llena de claroscuros, de ambigüedad, sin buscar salir indemne

La estructura de la novela permanece por debajo, sosteniendo el soliloquio de un modo admirable: el flujo del pensamiento, la escritura fragmentada, los saltos de aquí a allá, del presente a los recuerdos, de una casa a otra, de una playa a un hotel, de una flor a un té, de un perro a una galleta, de una excursión a un beso, siempre ocurren por algo, siempre son para algo.



Cadencias repetitivas, detalles en apariencia irrelevantes, la memoria que orbita alrededor de episodios casi absurdos del pasado, cambios inesperados de la primera persona a la tercera persona para intentar conseguir la distancia necesaria para decir lo imposible sobre el amor y los hombres y el deseo femenino.

Entre sonrisas y veras, la inglesa Claire-Louise Bennett inocula en los lectores lo que corre por debajo de todo lo que no dice. Tendrán que ser los mismos lectores quienes descubran con ella esa oscuridad.