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El pensamiento moderno se construyó sobre la convicción adánica de que el filósofo debía crear un nuevo sistema, a la manera de los artistas que consideramos originales. Así, quizá nada nos resulta más complicado que juzgar, con nuestros ojos adictos a la innovación, el valor filosófico del género escrito del comentario, que consiste en ejercer la exégesis, párrafo a párrafo, de las obras de los antiguos.



Ahora bien, a esta labor, esforzada y conservadora, dedicaron sus años las más grandes lumbreras de la Antigüedad Tardía, la Edad Media y el Renacimiento. De hecho, dos de los pensadores de la península Ibérica que han influido más en la historia de la filosofía, el árabe medieval Abul-Walid Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad ibn Rušd, de nombre latino Averroes, alias el “Comentador”, y el jesuita renacentista Francisco Suárez, alias “Doctor Eximio”, se dedicaron a esa labor.

Desde Alberto Magno, el Aquinate, Duns Escoto y Dante, nuestra tradición conoce a Averroes por ese apodo, “Comentador”, en razón de su labor de explicación de Aristóteles, pese a que desconocía el griego y lo leyó siempre en traducción al árabe.

Portada de 'Averroes: introducción a su presentimiento'. Almuzara.

Averroes. Introducción a su pensamiento

Rafael Ramón Guerrero

Almuzara, 2026. 336 páginas. 21,95 €

La editorial cordobesa Almuzara muestra su compromiso para dar a conocer a su paisano más universal con Averroes. Introducción a su pensamiento, trabajo riguroso a cargo del profesor Rafael Ramón Guerrero (Granada, 1948). Este da cuenta de sus sólidos conocimientos sobre el pensamiento de esta cima (junto con la literatura de Ibn Hazm y la Gran Mezquita) de la excelencia cultural de Al-Ándalus, de quien se celebra este año el 900 aniversario de su nacimiento.

En efecto, Averroes nació en una familia de juristas en Córdoba en 1126, durante el Imperio almorávide. Aparte de su tierra natal, en vida conoció el exilio, la ciudad de Sevilla y, al otro lado del mar, Marrakech, donde murió (1198).

En la línea de la tradición intelectual musulmana, según explica Guerrero, prestó Averroes atención a las leyes celestes de la astronomía, así como a las leyes de los hombres. Como el persa Avicena en el siglo anterior, Averroes ejerció además la medicina y, de hecho, fue nombrado médico oficial del califa, en 1182.



Una de sus obras más relevantes es su Libro de las generalidades de la medicina, “resultado de su metodología empírica” (p. 97), que Trotta tradujo hace más de 20 años. Otros títulos, de tipo polémico, escritos por el polímata andalusí son el Tratado decisivo, el Desvelamiento de los métodos de la demostración de los dogmas religiosos y la Destrucción de la destrucción, una réplica a la Destrucción de los filósofos del teólogo, también persa, Algazel.

En la línea de la tradición musulmana, Averroes prestó atención a las leyes celestes de la astronomía

Luego, está la selva de los comentarios del Comentador, casi siempre de Aristóteles (aunque también prestó atención al médico Galeno y a Platón). El de Estagira era un autor al que ya la tradición islámica oriental había convertido en el rey de los filósofos, aunque Averroes consideró que el aristotelismo del mencionado Avicena o de Al-Farabi estaba contaminado por ideas neoplatónicas, extrañas al pensamiento del mismo. Había que recuperar a Aristóteles con un rigor nuevo.



Entre sus comentarios destacamos las exposiciones en detalle de la Metafísica y Acerca del alma. Allí se encuentran hallazgos característicos de lo que luego, en el siglo XIII, se llamará “averroísmo”.



Algunos: entre la fe (el Corán) y la razón (Aristóteles) existe una armonía total: ambas expresan la Verdad; la eternidad del mundo es compatible con la creación del Dios mahometano; y quizá la más asombrosa: además del intelecto privado, los seres humanos disponemos de otro universal, compartido (ver “La facultad racional o intelecto”).