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La irrealidad de Hiromi Kawakami (Tokio, 1958) en esta inquietante distopía, finalista del Premio Booker Internacional, está bañada por una luz subyugante. No sabemos si estamos ante una fábula futurista, con algunos humanoides creados a partir de animales, o si nos enfrentamos a una alegoría premonitoria, con un mundo insólito después de una gran catástrofe.

Portada de 'Bajo el ojo del gran pájaro'. Alfaguara

Bajo el ojo del gran pájaro

Hiromi Kawakami

Traducción de Yoko Ogihara. Alfaguara, 2026. 280 páginas. 21,90 €

Hay distopías de ciencia ficción cuya incertidumbre ante el destino humano producen un gran rechazo a la hora de abordarlas. Hiromi Kawakami, por el contrario, consigue atrapar la voluntad del público, y por más que esa futura sociedad sea pesadillesca, la escritura exquisita engancha hasta el final.

Kawakami se formó como bióloga, y en 1994 debutó en la literatura con los relatos Kamisami, por los que recibió en Japón el Premio Pascal. A partir de ese momento se convirtió en una de las más reconocidas escritoras japonesas, traducida a numerosas lenguas.



Por El cielo es azul, la tierra blanca recibió el prestigioso Premio Tanizaki y el Man Asian Literary Prize; galardonada con el Sei Itô y el Woman Writer’s por Abandonarse a la pasión, Hiromi Kawakami ha sido también adaptada al cine.

Las editoriales Acantilado y Alfaguara han publicado en castellano gran parte de su obra. Lectora de García Márquez y de Haruki Murakami, en sus obras hay resonancias de cierto realismo mágico y elementos fantásticos orientales, hasta llegar a esta extraordinaria colectividad distópica.

Bajo el ojo del gran pájaro se compone de catorce capítulos independientes e interconectados, planteando una sociedad posapocalíptica, en distintas épocas. Los humanos están prácticamente en extinción tras largos períodos de disminución de la fertilidad.



Viven aislados en pequeñas tribus, supervisados por las llamadas “Madres” colectivas y controlados sus desplazamientos por los vigilantes de cada territorio. Las nuevas criaturas se producen en fábricas a partir de células animales. “El origen de los niños es aleatorio. Algunos derivan de las vacas, otros de las ballenas o de los conejos”, se dice en el primer capítulo.

Existen también descendientes de humanos primitivos, una especie arcaica, cuyas células son demasiado frágiles para crear nuevos seres. La reproducción es híbrida entre los distintos tipos humanos. Se practica la clonación, de modo que los individuos clonados acaban conviviendo con sus otros yoes.

En el capítulo, “Recuerdos”, los seres están hechos de animales, pero no se permite a nadie saber “cuál es su animal original”. Cuando una persona muere, el cónyuge sobreviviente puede recuperar un hueso en miniatura del antepasado animal del que procedía su ser querido.



En el capítulo titulado “Narciso” habla uno de los seres clonados: “Para cuando empecé a comprender las cosas, ya existían tres Yoes. Oí que al nacer éramos diez, pero siete no prosperaron […]. Al final, los tres Yoes alcanzamos la misma altura y las madres ya no eran capaces de distinguirnos. Bromeábamos a menudo, las engañábamos”.

Nadie tiene memoria del pasado lejano, la reproducción está disociada del sexo, y la desinformación es básica para anular cualquier deseo de saber.

Si esta es la civilización futura, la sensible imaginación poética de Kawakami hace que sintamos piedad por ella

Las “Madres” forman redes de cuidadoras de distintos hijos, nacidos por diferentes métodos, ellas son el único vínculo medianamente afectivo de estos seres humanos desnaturalizados. Entre ellas, sobresale la Gran Madre, una figura mítica que imparte las grandes lecciones vitales. “Nunca quise a las madres”, dice un clon. “No hasta que llegó la Gran Madre”.

Son gentes que no conocen lo que les precedió. Viven vigilados y sin ceremonias en un insondable aislamiento de otras comunidades. Y, sin embargo, la autora japonesa consigue crear sentimientos en estos humanos perdidos en un mundo artificial.



Si esta es la civilización futura, la sensible imaginación poética de Hiromi Kawakami hace que sintamos piedad por estos futuribles humanoides, clones y alienígenas, que son diferentes a los humanos de hoy, y, al mismo tiempo, se parecen a todos nosotros.