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Espontánea y lúcida, abierta y honesta, franca y directa. Así percibimos la escritura de Milena Busquets (Barcelona, 1972) mientras leemos los textos contenidos en Mujeres elegantes. Intencionadamente breves, intensos y rápidos, como los califica la autora.

Portada de 'Mujeres elegantes'. Lumen

Mujeres elegantes

Milena Busquets

Lumen, 2026. 280 páginas. 19,90 €

Cuenta ella misma que este libro nació a partir de un blog personal de hace quince años iniciado sin pretensiones, para mostrar sus opiniones sobre temas como el amor, los libros o la moda. Después se quedó ahí. Vinieron otras circunstancias y otros libros (También esto pasará, Gema, Las palabras justas), siempre entre la autoficción, la reflexión ensayística y el diario.



Siempre a vueltas con la memoria, la ausencia. Hoy, sobre aquel blog rescatado, revisado y guiado por el afán de acompañar y distraer, toma de nuevo la palabra para combinar lo trivial y lo profundo, lo serio y lo importante, lo alegre y lo liviano.

Milena Busquets se sabe hábil en la composición breve que va y viene de lo personal –la familia, la perra “Kate”, la pareja, los amigos, los hijos– a otros asuntos (el arte, el cine, la literatura, la herencia familiar, los lugares de la infancia, la memoria contenida en fotografías antiguas).

Observadora sagaz, va puliendo sus formas, y su estilo dinámico sin dejar de ser ella. “Suelo estropear las cosas (y también las ideas y las frases) cuando las pienso demasiado”, confiesa.



No hay arrogancia en su impostura ni en sus impulsos, ni cuando se detiene en lo trivial, ni cuando se refiere a Picasso, Hemingway o Pasolini. Tampoco cuando admira los “saltos mortales” de Chéjov, Kafka o Camus, ni cuando admite, de acuerdo con Montaigne, que “el arte más sublime consiste en seguir siendo uno mismo”.

Los artículos aquí incluidos van componiendo, en este sentido, una suerte de credo estético y vital sobre la mujer de carácter, divertida, imaginativa y culta, que está detrás. No cuenta una historia sino muchas, nimiedades algunas de ellas, otras no tanto.

La vida real es su materia, el enfoque dispara a su objetivo con pulso firme, y el estilo fluye. Tal es su manera de quitarle hierro a cuestiones difíciles del vivir. Tres secciones articulan este empeño, cada una atravesada por una línea temática: “Escribir y enamorarse”, “Los lujos y los caprichos” y “Esto a mí nunca me pasará”.

Los artículos aquí incluidos van componiendo una suerte de credo estético y vital sobre la mujer divertida y culta que está detrás

Donde crece el interés es en las consideraciones más lúcidas sobre la idea de exponerse a la trascendencia, tener en cuenta la verdad de la naturaleza humana (acariciar la superficie sin descender a lo oscuro), y a veces, simplemente, “morder”.

Por eso encuentra alianzas en lectores tan dispares. No edulcora la memoria de su biografía personal ni dramatiza los sinsabores del presente. Por encima de todo, lo suyo es plantarle cara a vida, provocar con situaciones y conversaciones banales y transitar zonas oscuras; todo en aras de reivindicar la ambivalencia inherente a la idea de que “somos esto y aquello”.

En honor a la verdad, su honestidad es un capital que sabe manejar; y este, sumado a lo adquirido con el arte de vivir, consigue conducirnos hacia un ideario que se nos va descubriendo a medida que avanzamos por el libro y componemos el sentido de lo anunciado en el título.

“Mujeres elegantes” requiere conocer su vara de medir la elegancia en quienes lo son, incluso en medio de la pobreza, el miedo o la enfermedad.

En quienes conocen el sufrimiento, reconocen en la “elegancia” una forma de amor, demuestran compasión, saben enfrentarse a la experiencia de la vida y la muerte (Hannah Arendt, Virginia Woolf, Annie Ernaux) y no dudan en confesar su deuda impagable con las personas y los lugares que les han hecho soñar. No es poca cosa esta manera de confesar: en esto creo.