¿Qué libro está leyendo?
Cómicos en guerra, de Pedro Corral, y La traductora de haikus, de Monika Zgustova.
¿Cuál es el libro que más le ha ‘autoayudado’?
Los Cuentos por teléfono de Gianni Rodari: mi primer contacto con el absurdo, me enseñaron a reírme cuando en la vida no están las cosas en su sitio.
Si no hubiera podido ser periodista, librera y ensayista, ¿qué hubiera querido ser?
Fotógrafa.
Un acontecimiento histórico que le habría gustado vivir in situ. ¿Por qué?
El debate parlamentario donde se votó el sufragio femenino en 1931, para poder dar un abrazo a Clara Campoamor al terminar y decirle: gracias.
¿Hubiese querido ser una de las modernas del Lyceum?
Claro, y aprender de ellas, de su determinación, su inteligencia y su alegría.
¿A qué se debe el silencio que ha rodeado sus logros?
A que, como suele ocurrir con las mujeres, no nos han contado que existieron ni lo que hicieron. Y si no las conocemos, no podemos reivindicarlas.
Escribe que en los años 20 la palabra feminismo "estaba marcada con un halo de sospecha y de temor". ¿Y ahora?
Ahora los más reaccionarios quieren que vuelva a estarlo, se esfuerzan mucho por que asuste. Pero la conciencia feminista es imparable.
De todas las mujeres que protagonizan su libro (Clara Campoamor, Victoria Kent...), ¿quién es su preferida?
María de Maeztu fue una mujer excepcional, portentosa. Me ha encantado descubrir a Isabel Oyarzábal, periodista y primera embajadora de España.
¿Qué aportaron al Lyceum Zenobia Camprubí y Elena Fortún?
Zenobia estuvo en la directiva, fue clave en las relaciones con el Lyceum londinense. Elena Fortún se ocupó de “La hora del cuento” en la biblioteca; crearon redes para potenciar el talento de las liceístas.
¿Dónde habrían llegado las liceístas “si la guerra y la dictadura no hubieran parado el reloj de España”?
Viendo el arrojo y la enorme inteligencia con la que actuaron, habrían roto muchos techos de cristal. Eran intelectuales de primer nivel.
Una canción que se ponga en bucle estos días.
El Pequeño vals vienés, de Enrique Morente.
¿Cuál es la serie que ha devorado más rápido? ¿Diría, por cierto, que es la mejor que ha visto?
Fargo, Treme, Poquita fe. Las mejores, Breaking Bad y The Wire.
¿En qué película se quedaría a vivir y en cuál no aguantaría ni un minuto?
Me quedaría a vivir en Hannah y sus hermanas. No aguantaría en una distopía: en las casas del futuro nunca hay libros.
¿Ha experimentado alguna vez síndrome de Stendhal?
Muchas veces. La que más recuerdo es una mañana en una playa atlántica kilométrica desierta donde solo se oía el rumor del mar.
Algo que ya no soporte del mundillo cultural.
La envidia disfrazada de desprecio. Es una forma de soberbia y de ponerse por encima de los demás que me enerva.
Una obra sobrevalorada.
Prefiero quedarme con las que merecen la pena.
Un placer cultural culpable.
Comprar libros por encima de mis posibilidades.
¿Cuál es la última exposición a la que ha ido?
Hammershøi, en el Museo Thyssen.
¿La inteligencia artificial matará la creación artística?
No, pero acabará con muchos oficios del sector cultural que estarán peor pagados todavía con la (falsa) excusa de que lo puede hacer la IA.
España es un país...
Imperfecto, generoso, acogedor, democrático, único, vivo, maravilloso.
