¿Cómo situarnos ante nuestro presente, sobre todo si este, cada vez más acelerado, se nos escapa de los dedos tan pronto queremos apresarlo y fijarlo en una imagen reconocible? ¿Por dónde empezar? Este conjunto de “notas”, de Jordi Ibáñez Fanés (Barcelona, 1962), agudo articulista y docente en el Departamento de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra, quiere lanzar una mirada a nuestra actualidad, recortada bajo un ángulo decisivo: las recientes transformaciones ocurridas en EE. UU. Y bajo una “ilustración oscura” de empresarios, políticos, influencers y tecnoligarcas dispuestos a liberarse del lastre de la democracia de cara a conformar su programa involutivo y estratificado de reorganización social.
Portada de 'Apocalipsis y democracia'
Apocalipsis y Democracia
Jordi Ibáñez
Tusquets, 2026
272 páginas. 20,80€
Ibáñez no esconde su perplejidad ante un mundo patas arriba, pero no renuncia a comprenderlo como profesor, ciudadano estupefacto y como defensor de una democracia imperfecta, mejorable, pero irrenunciable. Sobre estas coordenadas pivota una reflexión honesta en torno a un año, 2025, repleto de turbulencias donde el brutalismo trumpista puede dar lugar a otra tecnocracia mucho más peligrosa.
Centrándose en las figuras del ultraliberal pero más siniestro Peter Thiel y su maestro, el antropólogo católico René Girard, más decisivos para el ensayista, el ensayo cartografía este nuevo territorio experimental utópico y “libertario” desde un punto de vista, digamos, cósmico y delirante (supuesta superación de la muerte o, al menos, de la de los multimillonarios sobrehumanos que puedan permitírselo).
Jordi Ibáñez, autor de 'Apocalipsis y democracia'
Una perspectiva que intensifica su urgencia a la luz de las consecuencias que este auténtico punto de inflexión puede tener sobre nuestros valores europeos. Tiempos de encrucijada en todo caso donde, como advertía Gramsci, lo nuevo y lo viejo desdibujan y mutan algorítmicamente sus tradicionales perfiles hasta diseccionar un paisaje mórbido, incierto y obscenamente cínico.
Como es usual en los ensayos de Ibáñez, este se lee con ese placer especial que interpela al esfuerzo demorado de la inteligencia. Está repleto de observaciones lúcidas, poco previsibles. Además de bien informado, el diagnóstico no rehúye aplicar la lente teórica, pero se esfuerza en iluminar los datos evitando los demasiado habituales lugares comunes –por ejemplo, sobre ese Trump más “saturniano” que poderoso– o la cansina crítica moralizante, que no “buenista”, ese punto de vista que Nick Land con luciferina mala baba calificara, en injusta réplica al “realismo capitalista” de Mark Fisher, de “miserabilismo trascendental”. Un Fisher no tan triste y melancólico como se presenta en estas páginas, y cuya reevaluación de un nuevo deseo no apunta tanto a ese derrotismo que Ibáñez parece imputarle.
Este libro se lee con ese placer especial que interpela al esfuerzo demorado de la inteligencia
Pero si, frente al aparentemente inevitable horizonte aceleracionista de nuestra época, ya no cabe apelar a la “banalidad del bien”, ¿Cómo gobernar este movimiento que es utilizado por los matones para deshacer nuestros marcos constitucionales de derecho y “sacar la democracia de la ventana de Overton”? ¿Cómo pensar hoy de nuevo lo humano? Ibáñez plantea dos debates hoy decisivos: la sublimación del deseo y un nuevo diálogo con los valores morales dela tradición católica.
En efecto, como sostenía Françoise Sagan, “existe la injusticia que es inevitable” y “existe la injusticia que es insoportable”. ¿Podríamos pensar y actuar de tal forma que cierto reconocimiento de nuestra existencia trágica no nos desmoralizara hasta el punto de abdicar en la lucha por la justicia? No podría decir que este excelente ensayo, escrito al calor de una actualidad abrasiva, brinde soluciones, pero, al menos, y no es poco, el profesor, el demócrata y el ciudadano plantean excelentes preguntas.
