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El europeísmo de Timothy Garton Ash (Londres, 1955) es una pasión exhaustiva. El mapa continental lo tiene trilladísimo. Conoce de primera mano hasta Ceuta, y su "trauma". Seguro que no hay muchos historiadores y periodistas ingleses que hayan visitado este pequeño enclave norteafricano perteneciente al espacio Schengen.

Ese dominio sobre el terreno es el cimiento de sus crónicas y análisis sobre Europa y sus circunstancias, materia a la que ha consagrado su vida intelectual y, en concreto, varios libros. El último, Europa en 7 capítulos y medio (Taurus), un abordaje divulgativo, sucinto y ameno de ese complejo entramado de países y lenguas en el que nació la democracia y también el nazismo, la Ilustración y también la inquisición, el Renacimiento y el Telón de Acero…

La "mezcla entre erudición y testimonio personal" característica de Garton Ash, profesor de Estudios Europeos de la Universidad de Oxford, es el rasgo que destacó el jurado del Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales el pasado mes de mayo. El galardón lo recogerá el próximo viernes 23 en el Teatro Campoamor. Y, de paso, podrá poner otra cruz en el mapa del Viejo Continente, porque Oviedo, confiesa con cierto azoramiento en esta entrevista por Zoom desde su casa en Oxford, no lo ha pisado todavía. "Estoy deseando ver su arquitectura románica".

Pregunta. Empecemos por una paradoja: Europa atraviesa una crisis de identidad e influencia y, sin embargo, casi todo el mundo la sigue considerando el mejor lugar para vivir.

Respuesta. Es como la famosa frase de Charles Dickens en Historia de dos ciudades: "Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos". Pero puedo resolverle la paradoja: esa atracción, ese increíble poder blando, es el resultado de lo que hemos logrado desde 1945. Y ahora todo eso está amenazado. Es como si hubieras construido una casa hermosa y un incendio llega justo hasta la valla de tu jardín. El incendio son los ejércitos de Putin en Ucrania.

P. Ahora hablaremos de Ucrania, pero vayamos primero con unas cifras interesantes que da sobre la migración: en Suecia, por ejemplo, la proporción de la población formada por inmigrantes de primera generación ha pasado del 4% al 21% en los últimos sesenta años; en Gran Bretaña, del 5% al 18%. Esto es motivo de preocupación para muchos europeos. ¿Dónde deberíamos poner el límite?

R. Es un cambio tremendo. A esto se refieren los votantes de partidos nacionalpopulistas cuando dicen: "Ya no reconozco mi país". Además, está el problema de la migración irregular, que hoy representa Ceuta. La imagen de una inmigración descontrolada es traumática. De ahí el eslogan del Brexit "Recuperar el control". La manera de tranquilizar a la gente es demostrando que existe ese control y convenciéndola de que necesitamos una inmigración bien integrada, porque tenemos sociedades envejecidas, Estados de bienestar grandes y economías no muy dinámicas.

P. ¿Cuál es su visión de lo que ocurrió en Ceuta, cuando más de 70.000 migrantes entraron en territorio europeo con el respaldo de Marruecos?

R. Para escribir mi último libro, Europa. Una historia personal, fui a Ceuta y estuve justo en el lugar donde la valla se adentra en el mar, y recuerdo haberme hecho una pregunta muy sencilla: ¿no sería sensato llevar un poco más adentro en el mar? Parece tan obvio... La gente que conocí estaba traumatizada por la migración.

»Cuáles fueron exactamente las causas, o hasta qué punto lo auspició el régimen marroquí, no lo sabemos bien. Pero lo que sí sabemos es que los regímenes autoritarios alrededor de Europa, desde Turquía hasta Marruecos, tienen lo que se ha llamado muy acertadamente "armas de migración masiva".

"Cuando estuve en Ceuta, recuerdo que me hice una pregunta sencilla: ¿no sería sensato alargar más la valla hacia el mar?"

P. Cuenta que Europa constituyó su identidad en parte durante su pugna secular con el Islam. ¿Cómo deberíamos integrarlo en nuestras sociedades hoy?

R. No tenemos que integrar al Islam, sino a los musulmanes, conciudadanos individuales y europeos. Como mi quiosquero, mi cartero, mi farmacéutico, mi dentista... Están en todas partes y la inmensa mayoría hace una contribución edificante.

P. Pasemos a otra paradoja: dice que nuestra fragmentación territorial es también nuestra fuerza. Europa es una tierra de oportunidades: si una puerta se cierra en un país, una distinta puede abrirse en otro. Y pone el ejemplo de Colón, pidiendo financiación para su empresa.

R. Si nos preguntamos por qué Europa, de forma única entre los continentes, dio el salto a la modernidad –las grandes expediciones, la revolución científica, la Ilustración, la Revolución Industrial–, gran parte de la respuesta debe ser nuestra maravillosa diversidad. También es la razón por la que tenemos tan buenos equipos de fútbol, porque hay una competencia muy intensa, ¿no? Nuestro desafío es lograr suficiente unidad en nuestra diversidad.

"El vínculo entre Europa y la democracia se hizo indisoluble a partir de la Transición española"

P. ¿Y sigue siendo la Unión Europea el mejor armazón para amalgamar esta enorme diversidad de naciones?

R. Si miramos atrás a lo largo de 2.500 años, las comunidades políticas europeas más exitosas han sido aquellas que encontraron esa mezcla de unidad y diversidad: el Sacro Imperio Romano Germánico, el Imperio austrohúngaro –por el que existe una nostalgia generalizada– y la Unión Europea.

»En Bruselas se suele decir: "Siempre más Europa, vayamos hacia una solución federal, los Estados Unidos de Europa". Pero nuestras sociedades no están preparadas para seguir voluntariamente ese camino. Si fuéramos demasiado lejos por ahí, perderíamos esa diversidad, es decir, gran parte de nuestra fuerza.

P. ¿Cómo deberíamos tratar a países que en muchos aspectos están más cerca de Rusia que de la UE, como Eslovaquia y, con Orbán, Hungría?

R. Existe una amplia gama de actitudes hacia Rusia. Debemos seguir trabajando en lo que la UE hace bien: leyes en lugar de guerras, negociar constantemente. Lo que no podemos permitir es que un Estado miembro deje de ser una democracia. Eso es una amenaza mucho mayor que las distintas actitudes en política exterior. Y, por cierto, ¿cuándo se vincularon de forma indisoluble Europa y democracia? Con la Transición española, la portuguesa y la griega. En la década de los 70.

"No tenemos que integrar el islam, sino a los musulmanes, conciudadanos individuales, como mi quiosquero o mi cartero"

P. La guerra está entretejida en la historia europea. Afortunadamente, amén de los Balcanes, disfrutamos de un largo período de paz, hasta la invasión de Ucrania. ¿Por qué es tan importante seguir apoyándola?

R. Por algo que se ha dicho un millón veces: porque es nuestra propia seguridad lo que se está defendiendo en Ucrania. Ya vemos el aumento de ataques híbridos en todo el resto de Europa. Putin tiene el objetivo: disponer de 1,5 millones de soldados. Si Ucrania fuera derrotada, ¿qué van a hacer esas inmensas fuerzas hostiles? ¿Volver a sus casas y plantar patatas?

P. Entonces, ¿es momento de tener un ejército europeo con un mando único?

R. Eso es exactamente lo que no necesitamos. Lo que necesitamos son dos cosas. Ya tenemos fuerzas armadas europeas sirviendo bajo mandos de otros países europeos a lo largo de toda la frontera oriental de la OTAN y de Europa: mando británico en Estonia, alemanes en Lituania, franceses en Rumanía, italianos en Bulgaria. No hace falta que sea un único ejército, solo necesitamos estar dispuestos a servir.

»Por tanto, hace falta la europeización de la OTAN, por un lado, porque no podemos confiar en Estados Unidos. Y, por otro, una contratación e inversión en defensa mucho mejor coordinada. Es un despilfarro increíble tener 13 o 14 modelos diferentes de tanques, 7 u 8 tipos diferentes de aviones de combate…

Timothy Garton Ash. Isabella de Maddalena

P. ¿Puede prever algún tipo de acuerdo que ponga fin a la guerra en Ucrania?

R. No hay en perspectiva una paz plenamente justa, porque la única así sería que Ucrania recuperara aproximadamente la quinta parte de su territorio soberano que ya no controla, incluida Crimea, y que Vladímir Putin compareciera ante un tribunal en La Haya; eso, por decirlo suavemente, es poco probable que suceda. Putin todavía cree que está ganando. Y entonces, ¿cuándo llegaremos a la paz? La respuesta es clara: cuando sus generales le digan: "Señor, estamos perdiendo".

P. ¿No le preocupa ver a Alemania rearmándose a gran escala? Siendo inglés…

R. La respuesta inmediata es no, creo que están haciendo exactamente lo correcto.

P. ¿Ni con la extrema derecha creciendo exponencialmente?

R. La ironía es que la AfD es en realidad prorrusa y, por lo tanto, serían ellos quienes harían o presionarían por una paz injusta con Rusia. Pero obviamente es una pregunta en la mente de todos los europeos y en países que tienen, digamos, una experiencia 'intensa' con Alemania.

»Acabo de estar en los Países Bajos, Bélgica, Polonia y Francia, y la gente ya se está preocupando. Pero a mí lo que me preocupa no es que un nuevo dictador tome el control de este poderoso ejército alemán –es una posibilidad muy, muy remota–, sino que Alemania, que tiene el dinero, no esté usando su poder financiero para impulsar la europeización de nuestra defensa.

"El brexit ha hecho a los británicos más europeos todavía. Espero ver a mi país de vuelta en la UE antes de morir"

P. Como europeísta comprometido, ¿se siente a veces como un profeta predicando en el desierto en su país?

R. Lo crea o no, no. El Brexit sigue siendo muy doloroso. ¿Pero sabe qué? Una clara mayoría de los británicos está de acuerdo ahora en que fue un error, e incluso hay una mayoría que dice que deberíamos volver a unirnos. Así que, lejos de sentirme como un profeta predicando en el desierto, miro desde la colina y veo una multitud creciente.

»Y con lo que dijo Andy Burnham –"Todas las opciones están sobre la mesa, el Brexit no ha funcionado"-, por primera vez en 10 años siento cierto optimismo. Aún queda mucho camino por recorrer, pero, al igual que Burnham, confío en que podré ver al Reino Unido de vuelta en la Unión Europea antes de morir.

P. El Reino Unido ha dado una serie de pasos importantes que sugieren que hoy está más alineado con sus viejos socios europeos que con Estados Unidos, en lo que respecta, por ejemplo, a las guerras de Ucrania, Gaza e Irán. ¿Cómo deberíamos interpretar esto?

R. Si viniera a visitarme a Oxford, a los cinco minutos no le cabría duda de que está en Europa. Este es un país profundamente europeo; Gran Bretaña no puede abandonar Europa, al igual que Piccadilly Circus no puede abandonar Londres. Y la ironía es que nos hemos vuelto aún más europeos desde el Brexit. El problema es que nuestro establishment de la política exterior ve la relación con Estados Unidos como algo sagrado. Está profundamente arraigado en nuestra historia desde la Segunda Guerra Mundial, comenzando con Churchill y Roosevelt.

»Había un viejo chiste sobre los diplomáticos británicos: decían que tenían que creer en dos cosas, en Dios y en las relaciones angloestadounidenses. No es así en la calle. La verdad es que Estados Unidos ya no está ahí para nosotros, e incluso después de Donald Trump probablemente no vuelva.

P. Es curioso: el otro día la escritora Zadie Smith me contaba que sentía que los jóvenes británicos se estaba desconectando cada vez más de Europa porque, entre otras cosas, ya no forman parte del programa de intercambio Erasmus.

R. Nos estamos reincorporando a él. Estamos determinados a hacerlo. Y aquí en Oxford tenemos tantos estudiantes europeos como siempre. Putin y Trump han hecho que los británicos se sientan más europeos que nunca. Así que discrepo de Zadie Smith.

»Pero el tránsito político para la vuelta a la UE va a ser muy difícil, porque nos dirigimos a una situación familiar para cualquiera en el resto de Europa: un bloque de izquierda (laboristas, demócratas liberales, verdes, nacionalistas escoceses y galeses), todos ellos más proeuropeos, y un Partido Conservador desplazado hacia la derecha, a Reform UK de Nigel Farage, como la CDU se orienta hacia la AfD o el PP se acerca a Vox, contemplando una coalición. Puedes vivir con eso pero, si quieres entrar en la UE, necesitas una mayoría transversal.

"Uno de los grandes errores de los liberales y la izquierda ha sido hablar solo de Europa y dejar la idea de nación a la derecha"

P. Describe el antieuropeísmo como una tradición radicalmente europea, y menciona la famosa disputa entre Turguénev y Dostoievski en Baden para ilustrarla.

R. Sí, y esa tradición ha regresado insistiendo en la idea de Europa como feudo cristiano, de naciones fuertes y familias tradicionales. La respuesta no es ignorarla, sino el "patriotismo liberal". Uno de los grandes errores que cometieron los liberales y la izquierda en los últimos 40 años fue hablar únicamente de Europa y de la comunidad internacional, dejando el concepto de nación a la derecha. Necesitamos redescubrir la tradición de 1848, que, por cierto, es la tradición que se ve hoy en Ucrania: la libertad y el amor al país marchando juntas.

P. Dos escritores rusos discutiendo en un balneario alemán... ¿Qué puede ser más europeo que eso?

R. Exacto. También describo en el libro la increíble escena del traslado del cuerpo de Turguénev desde París a Rusia, pasando por Berlín, Vilna y San Petersburgo. En cada estación de tren por la que pasaba el vagón con su ataúd, había multitudes que habían leído Padres e hijos.

P. ¿Cuál es la esencia de Europa entonces?

R. Que puedes "sentirte en casa estando en el extranjero". Esa es mi experiencia y es algo maravilloso.

P. Por cierto, ¿ha estado alguna vez en Oviedo?

R. Lamentablemente, no. He estado leyendo sobre su historia y, en particular, me apasiona su arquitectura románica.