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En la antigua Roma la esclavitud era un elemento más de la vida cotidiana, aceptado como algo normal, inevitable e incluso deseable, y que se manifestaba de distintas formas y en diversos grados. Había esclavos en el ámbito doméstico, en la ciudad, en las granjas y las minas, y también al servicio de la administración imperial. La aceptación de esta realidad era tan contundente que anuló la posibilidad de que se desarrollara algún tipo de movimiento abolicionista, aunque sí hubo protestas y rebeliones.

Cubierta del libro 'Servus'. Pasado & Presente

Servus

Emma Southon

Traducción de Marc Figueras

Pasado & Presente, 2026

504 páginas. 29,50 €

Todo ello lo examina Emma Southon (Brighton, 1984) en Servus, con su singular estilo divulgativo que va del rigor al humor, del análisis perspicaz de las fuentes literarias y epigráficas al interés por las peripecias particulares, por las vidas y desventuras de los seres anónimos y olvidados por los grandes relatos históricos.

Southon quiere que el lector escuche la voz de los esclavos, sumergirlo en su realidad, su rutina, sus sufrimientos (torturas, abusos…) y esperanzas (manumisión, libertad). El ensayo adquiere así una cierta cualidad inmersiva, y también puede leerse como una historia cultural de la esclavitud romana apoyada en los testimonios de Cicerón, Séneca, Juvenal, Marcial, Ovidio o Suetonio.

Desde el principio de la historia romana hubo esclavitud, una práctica presente en todas las sociedades del mundo antiguo. Southon detecta un punto de inflexión en el año 146 a. C., con la destrucción de Cartago, cuando los romanos "pasaron de ser unos antiguos esclavistas mediterráneos, como todos los demás, a una descomunal economía imperial basada al cien por cien en la esclavitud", que aportó una mano de obra fundamental y que empezó a sustentar "cada faceta de la vida social y económica de Roma".

Tal vez haya sido "el sistema esclavista más extenso y socialmente integrado de la Historia". Y se fue perfeccionando con el tiempo y adaptándose a las distintas coyunturas. En el cambio de milenio, la mayoría de las personas esclavizadas del Imperio ya había nacido con esa condición. Era un sistema de "esclavitud en propiedad".

El Imperio romano, subraya la autora, se construyó sobre la esclavitud, a la que se accedía por dos vías principales: captura de guerra o condición natal (también personas nacidas libres podían verse abocadas a la esclavitud, incluso hay testimonios de fórmulas grotescas o retorcidas como la "autoventa", de la que Petronio ofrece un ejemplo en su Satiricón).

Durante la mayor parte de la historia romana, los cautivos procedentes de batallas o asedios fueron el principal suministro de mano de obra para su economía esclavista. El tráfico de personas esclavizadas constituyó una enorme industria; la mayoría de las ciudades del Imperio contaba con un mercado de esclavos, que eran exhibidos como una mercancía más, vendidos y comprados por comerciantes y clientes que pujaban, regateaban. Personas que apenas han dejado rastro.

La sociedad romana transmitía un mensaje claro a los esclavizados: la resistencia no sería tolerada

Southon, que es doctora en Historia Antigua por la Universidad de Birmingham y que ha dedicado libros a Agripina, los asesinatos en la antigua Roma y mujeres importantes pero poco conocidas de la historia romana, examina las formas de violencia sobre los esclavos (látigos, azotes, cadenas en los tobillos y el cuello, lesiones faciales y tatuajes que marcaban para siempre…), los casos de resistencia (tanto en el ámbito cotidiano, donde abundan los ejemplos de suicidio, como los tres levantamientos a gran escala, en los años de mayor expansión y transformación de Roma, conocidos como guerras serviles, la última de las cuales estuvo protagonizada por el célebre y cinematográfico Espartaco) y los espacios en los que se desarrollaba la esclavitud: el hogar, la ciudad (edificios, calles, tiendas, plazas, templos, mercados, talleres…), las minas, las granjas y los lugares concebidos para el placer y el ocio, el burdel y el anfiteatro, donde comparecen los dos grupos peor considerados socialmente, las trabajadoras sexuales y los gladiadores.

También merece un apartado la esclavitud al servicio de la enorme burocracia imperial: hombres (las mujeres no contaban para esto) nacidos como esclavos y cuyas vidas eran dirigidas desde la infancia para que pudieran desarrollar una carrera en la administración. Para ellos, las posibilidades de manumisión eran mayores que para el resto de los esclavizados.

Una de las enmiendas que Southon plantea a las visiones tradicionales de la historia romana tiene que ver precisamente con la manumisión, el acto formal de liberación de la esclavitud, que, afirma, no era tan común como algunos autores defienden. Lo que sí ocurre es que los libertos están sobrerrepresentados en las fuentes, "ya que escribieron muchos más epitafios que nadie", para presumir de su logro. La experta expone las distintas fórmulas que admitía esta práctica, así como la legislación que inspiró.

La cultura y la sociedad romanas transmitían un mensaje claro a los esclavizados: la resistencia no sería tolerada y la obediencia sería recompensada. La represalia y el castigo acechaban en todo momento, pero el sistema necesitaba que el esclavo viera una posible luz al final del túnel, se entregara a la esperanza de la libertad.

El peculium fue el principal instrumento de recompensa a esclavos con buen comportamiento. Era, claro, un mecanismo de control. También se mostraba benevolencia en determinadas festividades como las Saturnales, donde diversas prácticas y costumbres colaboraban para construir el mensaje de que al fin y al cabo la esclavitud no era tan mala.