Durante las últimas décadas, los datos de desempleo que presenta la Bahía de Cádiz se encuentran entre los más altos de la península. Sin embargo, hubo un tiempo en que la Tacita de Plata se convirtió en el puerto comercial más rico e importante de España y de Europa. Su periodo más esplendoroso tuvo lugar a lo largo del siglo XVIII, después de que las dos instituciones clave del comercio con América, la Casa de la Contratación y el Consulado de Cargadores a Indias, se trasladaran en 1717 a Cádiz desde Sevilla, que durante los dos siglos anteriores había albergado el monopolio.
Cubierta de 'La forja de un emporio comercial: Cádiz en su siglo de oro (1675-1796)'.
Título: La forja de un emporio comercial: Cádiz en su siglo de oro (1675-1796)
Autor: Manuel Bustos Rodríguez
Editorial: Editorial Universidad de Cádiz (Editorial UCA) en colaboración con el Ayuntamiento de Cádiz (Fundación Municipal de Cultura)
Año de edición: 2026
Disponible en Editorial UCA
Un poco antes, entre 1679 y 1680, la Corona española ordenó que los barcos salieran y llegaran a la ensenada de Puntales, en Cádiz, debido a que los barcos cada vez eran más grandes y corrían un grave peligro de encallar en el Guadalquivir. Desde entonces hasta las guerras de independencia de las colonias americanas, Cádiz experimentó un crecimiento económico sin parangón.
Manuel Bustos Rodríguez, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Cádiz, analiza en La forja de un emporio comercial: Cádiz en su siglo de oro (1675-1796), publicado en la editorial Universidad de Cádiz (Editorial UCA) en colaboración con el Ayuntamiento de Cádiz (Fundación Municipal de Cultura), todo lo que ocurrió en la ciudad más antigua de Occidente durante el XVIII, desde la transformación de la fisonomía urbana y las grandes construcciones hasta las dinámicas de financiación de los comerciantes, así como el papel que jugó el contrabando en la Carrera de Indias.
Pregunta. Si no hubiera sido por el traslado de la cabecera de las flotas de Sevilla a Cádiz gracias a las Reales Cédulas de 1679 y 1680, ¿hubiera sido posible el traslado posterior de la Casa de la Contratación y el Consulado de Cargadores?
Respuesta. Resulta difícil pensar que dos de las tres principales instituciones de la Carrera de Indias (el Consulado de Cargadores a Indias y la Casa de la Contratación) dejasen la cabecera del monopolio en Sevilla para instalarse en Cádiz, cuando esta ciudad aún no la había obtenido. Se trataba de organismos muy vinculados al lugar de donde partían y entraban las flotas: la Casa por cuanto ejercía el control de las mismas; el Consulado por agrupar en su seno a los comerciantes al por mayor que debían ejercer como intermediarios obligados de los comerciantes extranjeros que participaban en la Carrera de Indias.
P. Cuando pensamos en el monopolio español con América, es habitual pensar que solo intervenían los españoles. ¿Qué papel jugaban en realidad los comerciantes extranjeros en Cádiz?
R. En absoluto, los españoles eran los titulares autorizados para ejercer el comercio con América; pero sin el dinero y las mercancías que aportaban los inversores y los comerciantes extranjeros, el monopolio no hubiese podido funcionar de la forma que lo hizo. La industria hispana era incapaz por sí sola de cubrir la creciente demanda americana de productos y las gruesas cantidades de numerario (a veces, también de barcos) que exigía poner en marcha cada año la Carrera.
"Para la financiación de las fortificaciones el ayuntamiento cobraba impuestos extraordinarios sobre bienes de consumo básicos para la población"
P. En el libro habla del contrabando no como un delito aislado, sino como algo recurrente. ¿Por qué lo toleraban las propias autoridades? ¿Hasta qué punto sostuvo la carrera de Indias?
R. El fraude y el contrabando se convirtieron en una práctica usual en la historia de la Carrera de Indias. La apuesta de la Corona por un sistema de carácter monopolístico para el comercio de España con América, el establecimiento de diferentes impuestos a favor de la Real Hacienda (quinto real, almojarifazgo, alcabalas, etc.) hicieron que los agentes interesados en ese comercio, especialmente los extranjeros, viesen en la connivencia con algunas autoridades españolas encargadas de supervisar y velar por la legalidad de las relaciones mercantiles, un remedio eficaz para evadirse de los gravámenes y del control de mercancías.
»El Estado combatió estas prácticas y contrarrestó en parte las pérdidas a través de funcionarios encargados ad hoc (visitadores) del tema y, sobre todo, con el cobro intermitente de los llamados "indultos", pagados por los barcos cuyo fraude fuese descubierto.
P. ¿En qué consistían los riesgos marítimos? ¿Qué rol tenían los prestamistas?
R. Los riesgos marítimos o prêts à la grosse aventure fue la fórmula utilizada en el comercio hispanoamericano para sufragar las enormes inversiones que exigía dicho comercio. A través de ellos, el interesado recibía las cantidades precisas para poder enviar las mercancías al otro lado del Atlántico o remitirlas a cambio de pagar al otorgante u otorgantes el préstamo con un interés variable ("premio"), cuyo monto dependía de la situación y la circunstancia.
»La devolución referida se hacía en un tiempo y lugar determinado, generalmente en uno de los puertos americanos de atraque habitual de los barcos. En el caso de que el tomador no pudiera resarcir al otorgante el importe del préstamo con su premio correspondiente, estos se cobrarían mediante el valor del barco o parte de su contenido, según sobre lo que hubiese servido como garantía al préstamo. Los riesgos eran de diversos tipos: de ida, de ida y vuelta, de apuesta…
»Los prestamistas, por tanto, eran esenciales para cubrir los gastos, generalmente elevados, que implicaba el comercio de Indias (salarios y manutención de los tripulantes, coste de las mercancías, compra o alquiler del navío, etc.).
P. En la actualidad asociamos el comercio a grandes edificios de oficinas o bancos. ¿Cómo eran las transacciones en Cádiz durante el siglo XVIII, teniendo en cuenta que no había siquiera una lonja?
R. Al no existir en Cádiz, a diferencia de otras ciudades mercantiles, las entidades correspondientes, financieras y comerciales, generalmente se hacían de persona a persona o de compañía a compañía y, con frecuencia, se asentaban ante notario, mediante un contrato privado. Cuando, a lo largo del siglo XVIII, el capitalismo mercantil fue madurando en Cádiz y las transacciones se fueron complejizando, las intervenciones de bancos extranjeros (París, Londres, Ámsterdam) fueron más frecuentes. Hasta finales de dicho siglo no se creó en la ciudad la llamada Caja de Descuentos, dependiente del primer banco estatal español, el Banco de San Carlos.
"La Carrera de Indias fue relevante para la configuración de un prototipo de vivienda burguesa, de comerciante, con elementos específicos"
P. En 1778 el Decreto de libre comercio permitió el negocio con América a otros puertos de España. ¿Por qué entonces Cádiz siguió dominando casi todo el comercio a pesar de perder ese privilegio en exclusiva?
R. Cádiz y su bahía seguían contando con una infraestructura humana, económica, experiencial y de contactos internacionales de larga duración y superior a la de otros puertos españoles recién habilitados. De ahí que, a pesar del decreto y del Reglamento de 1778, siguiese acaparando entre el 70 y 80% del comercio global español con América. Los cambios profundos no suelen afectar a la situación vigente sino con el transcurso del tiempo.
P. ¿Cómo se financiaba la construcción y el mantenimiento de las murallas y fortificaciones de Cádiz?
R. Ello fue sin duda uno de los problemas latentes más importantes de la ciudad. Para su financiación se utilizaron básicamente los arbitrios municipales (impuestos extraordinarios que cobraba el ayuntamiento sobre bienes de consumo básicos para la población), previa autorización de la Corona.
P. Con tanta gente y tantos barcos, ¿cómo conseguía agua potable una ciudad que no tenía ríos ni manantiales cerca?
R. El suministro de agua potable fue un problema fundamental tanto para una población creciente en número como para el suministro de los barcos. Además de algunas fuentes construidas en la ciudad (vid, por ejemplo, en plaza de la Corredera, hoy San Juan de Dios) y del viejo acueducto romano que la transportaba desde la Sierra de las Cabras hasta cerca del baluarte de San Roque en la ciudad, se utilizó profusamente el agua procedente de El Puerto de Santa María (Fuente de las Galeras), así como de las aguadas y algunos pozos situados a extramuros de la ciudad.
"Las casas de vecinos en el siglo XVIII constituirían lo que hoy llamaríamos ‘soluciones habitacionales’ para personas de bajo nivel económico"
P. ¿En qué medida la Carrera de Indias fue relevante para la configuración urbanística del Cádiz actual?
R. Ciertamente, la Carrera configuró el urbanismo gaditano tanto directa (Aduana, almacenes y accesorías) como indirectamente (cuarteles y amurallamiento para defensa de una ciudad codiciada por lo que representaba); pero, sobre todo, fue relevante para la configuración de un prototipo de vivienda burguesa, de comerciante, con elementos específicos (torre-mirador, oficinas, almacenes de la planta baja, escasa presencia de símbolos heráldicos, etc.). Sin olvidar la importancia que, en dicha configuración, tuvieron los componentes geográficos (isla, escasez de terreno para construcción, vientos fuertes…).
P. Cádiz comenzó a edificar en altura por la sobrepoblación y la falta de espacio para construir, y a partir de entonces se construyeron las torres-miradores. ¿A quién se le ocurrió la idea y qué función cumplían?
R. Evidentemente, la idea provendría de los primeros arquitectos que, ya en el siglo XVII, comenzaron a construirlas, cuyos nombres ignoramos (sabemos solo los de algunos arquitectos municipales, avanzado ya el XVIII, como los Benjumeda).
»Las torres-miradores no son una consecuencia, en sentido estricto, de la superpoblación; antes bien, conviene vincularlos a razones prácticas (visualización del puerto y de los barcos, alivio de la estrechez de las calles y del denso caserío, desahogo de la vivienda, etc.), y a los deseos de mostrar la importancia del estatus social y de la riqueza alcanzada.
P. Cádiz estaba completamente encerrada por sus murallas. ¿Qué significaba vivir en una ciudad con un espacio tan limitado? ¿Cómo se vivía, por ejemplo, en las casas de vecinos?
R. Las consecuencias eran varias: hacinamiento, ruidos de toda índole, olores no siempre agradables, mayor trato interpersonal e interfamiliar o necesidad de buscar fuera de Cádiz segunda vivienda para descanso y recreo. Tenemos testimonios de la época al respecto. Chiclana cumplió esta función durante mucho tiempo.
»Las casas de vecinos constituirían lo que hoy llamaríamos "soluciones habitacionales" para personas de bajo nivel económico (marinería, pescadores, algunos artesanos, etc.) e inquilinos de estancia temporal en Cádiz. La zona más ceñida a este tipo de viviendas se situaba en torno a lo que hoy es el barrio de la Viña.
"Cádiz se convirtió en el XIX en vivero para la puesta en marcha de fórmulas políticas que hoy llamaríamos de izquierda"
P. ¿Cuáles fueron las obras defensivas más importantes realizadas en la ciudad durante esta época?
R. En realidad, se hicieron mayoritariamente en el siglo XVII. En el siguiente, además de las acometidas en la Puerta de Tierra, la más importante, hay que reseñar las del castillo de San Sebastián y San Carlos. Buena parte de lo realizado en la centuria fueron obras de reparación (San Roque) y mantenimiento de lo anteriormente construido.
P. Los continuos bloqueos navales británicos, las guerras europeas y, finalmente, las guerras de independencia de las colonias americanas acabaron con el emporio comercial de Cádiz en América. ¿Hubo alguna alternativa o, al menos, una forma de retrasar el final de la época dorada?
R. Los esfuerzos por recobrar el comercio con las provincias americanas y Filipinas no cesaron del todo en el siglo XIX, si bien no fueron muy exitosas. Se buscaron también contactos comerciales alternativos con Estados Unidos y Europa. Surgieron algunas iniciativas industrializadoras modernas, sobre todo al otro lado de la Bahía, pero fueron efímeras, salvo la construcción naval, algo más duradera. Sin embargo, no hubo una alternativa global capaz de contrarrestar las pérdidas del comercio hispanoamericano. Cádiz, en buena parte debido a esta caída, se convirtió en el XIX en vivero para la puesta en marcha de fórmulas políticas que hoy llamaríamos de izquierda.
P. Más allá de la fisonomía urbanística, ¿qué conserva Cádiz de aquel esplendor? Por ejemplo, en el ámbito cultural: el patrimonio arquitectónico, el flamenco y carnaval gracias a los cantes de ida y vuelta, etc.
R. De aquel esplendor queda, sobre todo, el escenario, si bien no completo: algunas casas-palacio, casas, torres-miradores, el trazo de algunas calles… Sin olvidar la catedral nueva y el interior de los templos, artísticamente alimentados por las inversiones de calidad de muchas personas vinculadas al comercio (retablos, imágenes, arreglos y adaptaciones, cuadros, elementos litúrgicos, etc.).
»Más debatible es lo que se refiere a la huella dejada en el Carnaval, aunque, ciertamente, este brillara en la ciudad dieciochesca con fórmulas de carácter popular impulsadas por grupos de esclavos o de color. Pero, sobre todo, prosperaron los bailes y disfraces, más parecidos a los de otras ciudades españolas y americanas. Desconozco la influencia que pudo tener en el flamenco.
