El 28 de enero de 1989, apenas unos meses antes de la caída del Muro de Berlín, un grupo de historiadores y activistas rusos fundó Memorial, organización que tenía como fin el estudio de la violación de los derechos humanos durante el periodo soviético.
Abordaban, pues, asuntos espinosos, tabú en su mayoría durante décadas, como los gulags o la Gran Purga stalinista. Toda una piedra en el zapato para Putin, tan dado a la exaltación de la "cara buena" rusa.
En 2014, tras la ocupación de Crimea, Memorial fue declarada "agente extranjero". Finalmente, a principios de 2022, poco antes de la invasión de Ucrania, fue ilegalizada. Ese mismo año, el organismo recibió el Premio Nobel de la Paz.
Irina Scherbakova (Moscú, 1949), miembro original de Memorial, se exilió en Alemania en 2022. Desde allí, con varios de sus colegas, ha dado una segunda vida a la organización a la que ha dedicado buena parte de su carrera con el Zukunft Memorial, donde, como pueden, siguen desarrollando las mismas tareas. Ahora, además, tienen otro objeto de estudio bajo su lupa: los crímenes perpetrados por el régimen de Putin.
Hablamos con Scherbakova coincidiendo con la visita que hace a nuestro país para participar en los Encuentros de Pamplona el próximo 12 de octubre. Allí hablará de la labor fundamental de Memorial para preservar la conflictiva Historia de un país tan complejo como Rusia.
Acerca de este tema también versa su ensayo recientemente publicado Memorial (Temporal Casa Editora), en el que recorre los más de 30 años de vida de la institución.
Pregunta. A menudo se ha dicho que "Rusia es un gran país con pasado impredecible". ¿A qué se refiere esta afirmación? ¿Qué problema tiene Rusia con su historia?
Respuesta. Esta fórmula irónica significa que el pasado y las figuras históricas de Rusia –y antes de la URSS– se instrumentalizan con fines políticos y propagandísticos en distintos periodos de la historia.
»En la época de Stalin, la Rusia zarista era "la prisión de los pueblos" y el derrocamiento de los Románov se consideraba una consecuencia legítima de la revolución, pero en la década de 1990 la situación cambió. Lenin y las revoluciones se interpretaban como un mal que se había abatido sobre Rusia, como una tragedia. En la era Putin, Stalin ha pasado de considerarse un dictador sanguinario a un héroe de la II Guerra Mundial.
P. ¿Cómo ve la Rusia de hoy las Guerras Mundiales?
R. La derrota en la Primera Guerra Mundial, que condujo al derrocamiento del zar, a la revolución y a la guerra civil, se atribuye a la traición de los liberales y de Occidente. La victoria en la Segunda Guerra Mundial es la principal fuente de orgullo nacional y de patriotismo. Cada vez más se interpreta como una guerra contra el "Occidente colectivo". Y la guerra con Ucrania se promociona como una continuación de la guerra contra el nazismo.
"AfD propone acabar con el 'culto a la culpa' por el nazismo, ya que este es un pequeño episodio de la historia alemana"
P. ¿Y la era soviética?
R. Hace ya más de veinte años, Putin pronunció la famosa frase en la que afirmaba que la desintegración de la URSS fue la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX. A lo largo de estos veinte años, los aspectos negativos del pasado han ido desapareciendo del discurso oficial, mientras que los logros de la época soviética han pasado a primer plano. Ahora, la historia de las represiones políticas debe quedar en un segundo plano. Por eso se prohibió Memorial.
»Después se cerró el Museo Estatal de Historia del Gulag. En su lugar se ha creado una espantosa Disneylandia kitsch con instalaciones que muestran el "genocidio contra el pueblo soviético" durante la Segunda Guerra Mundial. No es más que una tergiversación de la trágica historia real de la guerra, con el objetivo de mostrar que Rusia siempre es la víctima. Y de todos los fracasos se culpa al "colectivo" Occidente.
P. ¿Cree que esta curiosa relación con su historia solamente afecta a Rusia? Estoy pensando, por ejemplo, en el tratamiento de la Segunda Guerra Mundial por parte de Hollywood.
R. La historia suele servir de fuente para la creación de mitos. Pero yo no hablaría de Hollywood en este caso. El cine puede generar mitos, pero nadie ha afirmado que Polonia atacara a Hitler en 1939, al revés de lo que sucedió.
»La instrumentalización del pasado es una tendencia común en la actualidad entre las fuerzas de extrema derecha e izquierda de diversos países. En Alemania, por ejemplo, la AfD propone acabar con el "culto a la culpa" por el nazismo, ya que esos 12 años son solo un pequeño episodio en la gran historia alemana.
P. ¿Nos acercamos a una nueva era imperialista?
R. Para empezar, aclaremos el término histórico "imperialismo": ¿qué significa en el contexto actual? ¿Volverá Inglaterra a someter a la India? No, hoy en día la situación es diferente: se trata de una lucha por la influencia y la dependencia económica, por ejemplo, de China. Sin embargo, si hablamos de la agresión desatada por Putin contra Ucrania, se trata de un intento de sumisión, lo que nos remite al pasado.
"Ahora hay una Disneylandia kitsch que muestra el 'genocidio soviético' en la guerra contra Hitler"
P. Memorial fue ilegalizado en 2022 por Putin. ¿Qué es lo que teme exactamente de la institución que usted fundó?
R. Ocurrió porque Putin está obsesionado con su visión mitológica y falsa del pasado. Memorial es un símbolo de la memoria del terror masivo y de las millones de víctimas que no encajan en ese mito nacionalista. Además, no solo se ocupaba del pasado, sino que también documenta los crímenes del régimen de Putin.
P. Sigue con su labor desde Alemania con Zukunft Memorial. ¿Es posible preservar el pasado de un país desde el extranjero?
R. Lo intentamos. En primer lugar, conservamos nuestros archivos digitalizados y recopilamos otros nuevos. Muchas personas se han marchado de Rusia llevándose documentos consigo, y les ofrecemos conservarlos. Intentamos hacer frente a la falsificación de la historia por parte de Putin: seguimos trabajando con los jóvenes, organizando exposiciones y publicando libros.
P. ¿De qué se puede sentir legítimamente orgulloso un ruso hoy?
R. En general, no creo que el orgullo nacional sea un sentimiento productivo. Suele ser utilizado por populistas y dictadores para consolidar su poder. Pero sí se pueden encontrar ejemplos positivos: se puede sentir gratitud hacia aquellos que superan el miedo; hacia quienes van a la cárcel por sus convicciones y están dispuestos a morir por ellas, como Alexei Navalny. Podemos recordar que fueron las protestas masivas a finales de la década de 1980 las que empujaron a Gorbachov a llevar a cabo reformas que, en última instancia, condujeron al desmoronamiento del bloque socialista y a la liberación de los países europeos de los regímenes comunistas.
