Hace 15 años, la dramaturga, cineasta y directora de teatro Christiane Jatahy (Río de Janeiro, 1968) versionó por primera vez La señorita Julia (1888), de August Strindberg, un clásico naturalista que planteaba la lucha de clases y de poder a partir del romance pasional entre una joven aristócrata y el criado de su padre.
En su versión libre de 2011, la autora brasileña partía del microcosmos de una casa burguesa brasileña para construir una mirada sobre una sociedad profundamente desigual. Aquel punto de inflexión le servía para reflexionar “sobre la herencia esclavista, que sigue siendo estructural en Brasil, donde los afrobrasileños sirven a los blancos ricos. Y sobre cómo esta situación genera, entre otros horrores, una especie de violencia endémica entre las diferentes capas sociales”, afirma.
Desde entonces, esta obra no ha dejado de representarse en todas partes del mundo. Presentada en 2013 en Temporada Alta, regresó a este festival los días 16 y 17 de octubre en una coproducción con el Teatre Lliure que actualiza aquella historia y la traslada a la Cataluña de hoy bajo el título Júlia - 15 anys més tard (2011-2026).
“No se trata simplemente de cambiar de un contexto a otro, sino de poner en relación dos momentos, dos sociedades y también dos experiencias artísticas. La memoria de la primera creación está, pero se encuentra con el contexto y las preguntas del presente”, explica a El Cultural.
En esta revisión, que podrá verse también en el Lliure del día 22 al 15 de noviembre, Jatahy centra la mirada en el extranjero “de una manera aún más perversa, la de las generaciones de hijos de inmigrantes que todavía no sienten que pertenecen a la sociedad”. No se trata, por tanto, de las mismas formas de exclusión. “El racismo estructural brasileño está profundamente ligado a nuestra historia de esclavitud y al color de la piel, mientras que aquí aparecen con mucha fuerza cuestiones relacionadas con el origen, la inmigración y la pertenencia. Lo interesante es precisamente observar qué ocurre cuando una misma estructura dramática se encuentra con realidades sociales diferentes”.
En esencia, continúa, “aquí también existe mucha injusticia social, falta de igualdad de oportunidades y un prejuicio creciente y preocupante contra los inmigrantes. Entre los muchos horrores asociados al crecimiento de la extrema derecha está el odio hacia el ‘invasor extranjero’”.
Con su habitual espíritu experimental, Júlia supuso, además, un hito importante en la trayectoria de la directora. Por primera vez, en su propuesta, vimos cómo jugaba en escena con diferentes dispositivos cinematográficos con los que “enriquecer la dramaturgia y crear puntos de vista”.
Así, interpretada por los actores catalanes Moha Mazian y Júlia Genís, en pantalla veremos a Marwa Bakhat y a los intérpretes brasileños originales, Rodrigo de Odé y Júlia Bernat, que han viajado hasta Barcelona para participar en el proceso. “En una especie de juego de espejos. Hay algo muy particular en ver cómo una obra que nació hace quince años vuelve a encontrarse con sus propios intérpretes, pero también con otros cuerpos, otras experiencias y otra realidad”, concluye.
