"Creo que las personas tenemos que dejar de resignarnos y, si hay un sector que te oprime y quiere coartar tu libertad, protestar", afirma la actriz Lola Herrera (Valladolid, 1935) con la voz firme. En su charla telefónica con El Cultural, la actriz de 91 años no titubea en un solo momento con sus respuestas, decidida a expresar sin ningún tipo de contención sus opiniones.
Actriz legendaria, en su larga nómina de piezas teatrales, películas y series, destaca las varias veces que se ha puesto en la piel de Carmen Sotillo, la protagonista de Cinco horas con Mario. En esta ocasión hablamos con ella sobre Camino a la Meca, la obra dirigida por Claudio Tolcachir y escrita por Athol Fugard con la que está viajando por toda España y que se puede ver en el Teatro Bellas Artes de Madrid hasta el 25 de octubre.
En ella, se narra la historia real de la escultora sudafricana Helen Martins que, tras la muerte de su marido, llena su hogar de esculturas de vidrio. A partir de ahí, la mujer interpretada por Lola Herrera se verá abocada a un enfrentamiento dialéctico con el pastor del pueblo (Carlos Olalla), que trata de convencerla para que ingrese en un asilo, pese a la negativa de ella. Por otro lado, contará con el apoyo de Elsa, una profesora (interpretada por Natalia Dicenta, hija de Herrera) que llega desde Ciudad del Cabo para defender la postura de la protagonista.
Helen sabe muy bien cómo quiere vivir el resto de sus días, y nadie le convencerá de otra cosa. Una historia y un papel que le sientan como un guante a Herrera.
Pregunta. ¿Qué me puede decir de esta nueva obra? ¿Qué le animó a tomar este papel?
Respuesta. Es un canto a la individualidad, a alguien a contracorriente que verdaderamente defiende por encima de todo su libertad personal, su libertad creativa. Es una mujer ya anciana que decide vivir a su manera en un lugar perdido de aquel país, y padece la incomprensión de una mayoría del pueblo a la que no le gusta su forma de vida. Quieren frenar la libertad de esta mujer en las pequeñas cosas y en las grandes cosas. Es un planteamiento muy interesante porque plantea problemáticas que siguen ocurriendo. Con la gente mayor siempre han ocurrido este tipo de cosas.
»Helen no tiene hijos ni familia cercana, está muy sola y los demás deciden ejercer de tutores sobre lo que tiene que hacer y lo que no. Es una mujer que demuestra que es muy fuerte, aunque a veces se quiebra, pero sale adelante con lo que se propone. Me parece muy importante transmitir ese mensaje porque las personas mayores vivimos en un mundo donde se nos trata muy mal, donde no tenemos voz ni voto y parece que a partir de ciertas edades dejamos de existir. Como estoy dentro de ese sector, me parece muy bien romper una lanza por esas libertades.
P. ¿Se siente identificada con Helen?
R. Yo me siento identificada con todo el que lo pasa mal y con todo el que decide no resignarse. Creo que las personas tenemos que dejar de resignarnos y, si hay un sector que te oprime y quiere coartar tu libertad, protestar. Protestar es lo primordial, lo que tienes en tu mano. La sumisión no es buena para nada; a veces es buena aplicándola como táctica, pero no como un hecho específico a la larga.
"Las etapas se van quemando a velocidades vertiginosas a lo largo de la vida, por lo que no hay que ponerse tan chulos por ser jóvenes"
P. Me habla de que la gente siente la necesidad de intervenir en la vida de los ancianos. ¿A usted la edad le ha sido un impedimento? Parece una mujer imparable.
R. Vivimos en una sociedad donde todo el mundo tiene que ser joven. Pero la juventud dura un ratito nada más. Cuando quieres darte cuenta ya no eres joven y entras en otra etapa; las etapas se van quemando a velocidades vertiginosas a lo largo de la vida, por lo que no hay que ponerse tan chulos por ser jóvenes; todo el que es viejo ahora ha sido joven algún día. La categoría del ser humano tiene que ser otra. Ser joven no es una categoría, es un episodio de la vida: se nace, se crece, eres joven, luego un adulto con responsabilidades y así va pasando la vida. Si no te mueres antes, ya llegarás a viejo.
»Los años pasan a distinta velocidad según la vida de cada uno. A mí se me ha pasado volando. Para los que nos ha tocado vivir tantas etapas extrañas, sobre todo una tan larga como fue la dictadura, parece que fue ayer cuando se fue Franco y vino la democracia, y fíjate dónde estamos ahora mismo.
P. ¿Ha pasado alguna de las habituales crisis al llegar a una edad en concreto? La de los 40, la de los 50...
R. No me ha dado tiempo a tener crisis de edad. Una ve cómo va quemando etapas y va ganando otras muchas cosas. No se habla de lo que se gana con el paso del tiempo. Antes, los viejos eran la sabiduría personificada por el mero hecho de haber vivido tanto tiempo; tenían un historial vivido, no leído. No sé por qué se ha perdido ese valor. Ahora parece que los que saben son los jóvenes hasta que llegan a la mediana edad. Y no es así.
"Quien no se haga preguntas a partir de una edad es porque está muerto"
»Me encanta haber sabido digerir el paso del tiempo, haber sabido vivir con lo que tenía y lo que me tocaba en cada momento, sortear los males que nos han venido y estar aquí. Eso me parece que es un grado ya. Debería haber un poco más de respeto por los años vividos por los mayores. Soy una defensora de la vejez cuidada. Nos pasamos parte de la vida cuidando de los que son más jóvenes que nosotros, y luego tenemos que llegar a un punto donde hay otros que tienen que atendernos y ayudarnos ante los percances. Esto es un toma y daca.
P. Se dice en la carta de presentación de Camino a la Meca que Helen prefiere las preguntas a las certezas. A usted, a día de hoy, ¿hay alguna pregunta que todavía le reconcome?
R. Muchísimas. Quien no se haga preguntas a partir de una edad es porque está muerto. Yo me pregunto casi todo lo que pasa a mi alrededor, porque vivimos en un mundo donde pasan cosas nuevas cada segundo que son imposibles de aceptar. Me pregunto constantemente el por qué de todo.
P. ¿Y qué tal el trabajo con su hija? No es la primera vez que trabaja con ella. ¿Se replican las dinámicas de madre e hija sobre las tablas?
R. Somos dos actrices haciendo un trabajo donde cada una tiene su personaje. Contamos una historia entre las dos y Carlos (Olalla). En la calle y en la casa ella es mi hija y yo soy su madre, pero en el escenario somos dos actrices haciendo nuestro trabajo. Nos conocemos mucho y es una ventaja a la hora de trabajar, tener confianza y entender la expresión del compañero, pero lo más importante es hacer la función y cumplir con cada personaje.
P. Su personaje, de hecho, es la principal aliada de Helen. ¿También lo ha sido Natalia para usted?
R. Sí. Somos mujeres progresistas y eso es una alianza inquebrantable. Las mujeres llevamos luchando desde que el mundo es mundo. Estamos en un momento donde es importante estar unidas como mujeres para que no nos quiten nada de lo que hemos conseguido y seguir progresando en nuestros derechos y en nuestras vidas. Estamos muy unidas en eso.
P. Durante 40 años se ha metido en la piel de Carmen Sotillo en Cinco horas con Mario hasta en cinco montajes distintos. ¿Por qué esa recurrencia?
R. Fue una recurrencia cultural muy entretenida para nosotros y muy importante para el público. Un personaje escrito y una historia escrita por Miguel Delibes no es cualquier cosa; esa mujer podía tener mil caras y mil reproches, no solamente los de la primera versión.
»Se podía montar sin cambiar el texto y coger otro ángulo para mirar al personaje y enriquecerlo. Josefina Molina y yo trabajamos muchísimo en cada reposición. Muchísimo público la vio dos y tres veces en distintas etapas. Ya últimamente iban generaciones enteras a la función: la abuela, la madre, la nieta. Fue una experiencia pensada y hecha con entusiasmo para ahondar y encontrar muchos matices.
P. ¿Ve alguna diferencia entre el teatro de sus primeros años y el teatro actual?
R. El teatro es contar historias en vivo y en directo. Las modificaciones que haya por el camino, en la puesta en escena, si se juega más a la intimidad, o la popularidad de los musicales son variaciones, pero el hecho en sí de contar una historia ante un público no ha variado.
P. Por cierto, hablábamos antes del poco respeto con el que se trata a los ancianos. ¿Qué opina de la polémica que ha despertado el desahucio a Maricarmen y las posteriores protestas por el problema de la vivienda?
R. Estoy totalmente en contra de los desahucios, por supuesto. Estoy a favor de casas sociales con rentas razonables para que la inmensa mayoría del país pueda tener un techo. Quien quiera comprarse una casa, que se la compre. Yo he vivido durante casi toda mi vida en una casa alquilada; no he tenido el ansia de tener un piso. Ahora parece que si no tienes un piso tienes que vivir en la calle.
»Nos han vendido las ciudades enteras, los barrios con sabor de las ciudades, desde el año 2012. Esto está completamente inflado, es un globo que va a explotar en cualquier momento. En la Puerta del Sol hay una muestra de las necesidades que existen. Estoy totalmente en contra de la cosa desalmada de dejar a la gente sin techo, y reclamo como ciudadana que en la Constitución dice que un español tiene que tener un techo digno. Para unas cosas la Constitución es inamovible y para otras parece que se cagan en ella.
