Carmen es una ópera que arrasa. Por su tema, en el que las pasiones están a flor de piel, por su ambientación, por la entidad de sus personajes, más o menos de una pieza, por la riqueza de sus melodías.
No es raro que sea uno de los títulos preferidos del gran público y amado por los cantantes, directores musicales y directores de escena. Desde luego la riqueza de la partitura es inmensa, torrencial, imparable.
Consta de 27 números repartidos en cuatro actos. Una disposición que sin duda respeta las convenciones y que da cabida, de manera que podríamos calificar de proteica, a todas las formas posibles de teatro lírico; algo así como lo que Mozart realizaba en La flauta mágica. Y que es inaugurado por un soberano preludio orquestal, en el que anidan los tres temas principales: la corrida, el toreador y el destino.
Una escritura orquestal, que pulula con modificaciones de color a lo largo y ancho de toda la partitura, que, como resaltaba el director Georges Prêtre, está, curiosamente, toda ella basada en piani y pianissimi, enmarcados en ciertos pasajes violentos.
Hay que subrayar e insistir en que, a pesar de todos los contrastes, frecuentemente muy acusados, la partitura es extraordinariamente límpida, algo que brilla sobre todo en los interludios, como el del tercer acto, tan aparentemente simple de principio a fin.
Un conglomerado que ama el director de escena norteamericano Ted Huffman, recientemente nombrado mandamás del Festival de Aix- en-Provence, que ha construido para las representaciones de esta ópera en el Palau de les Arts de Valencia (días 2, 4, 7, 10, 12 y 15 de octubre), según explica a El Cultural, una aproximación que trata de reconciliar la belleza y la ligereza de la forma con la brutal historia de un feminicidio.
"Creo que debemos reimaginar y reevaluar la psicología de unos personajes tan conocidos para renovar nuestra comprensión de por qué actúan como lo hacen. En Don José nos encontramos con un fenómeno demasiado familiar: un hombre cuya violencia (física y psicológica) hacia su pareja es tolerada durante demasiado tiempo, lo que conduce a la tragedia. Bizet cuenta su historia desde el principio, desde el primer coqueteo, lo que nos permite ser testigos de toda la relación y seguir, a lo largo del tiempo, la manera en que la necesidad de Don José de controlar y poseer a Carmen lo lleva a matarla", explica.
"Carmen es radicalmente contemporánea, sobre todo por evitar relaciones monógamas". Ted Huffman
Evidentemente, Huffman ha leído y valorado la novela de Prosper Mérimée en la que se basa el libreto de la ópera y comprobó que este había sido muy suavizado por sus autores. "Había razones históricas para esto. La Opéra-Comique de París quería piezas que pudiera vender a su público, por lo que insistió en un enfoque cómico y en añadir el personaje de Micaela para incluir a una figura femenina más 'virtuosa' en contraste con Carmen".
En cuanto al empleo o aceptación del estereotipo, tan socorrido en la ópera, el regista lo tiene claro, pues afirma que "el buen drama es más universal y más sólido: en el escenario podemos alcanzar la verdad más fácilmente sin necesidad de realismo. Carmen me parece radicalmente contemporánea en muchos aspectos, pero ante todo en la forma en que evita entrar en relaciones románticas monógamas tradicionales. Tiene amantes cuando y como quiere, a veces solapándolos".
¿Y hasta qué punto es "el elemento español" realmente esencial para su visión? Una cuestión nada fácil para Huffman, que nos dice que él no es español, pero tampoco lo eran Bizet ni sus libretistas. Escribieron sobre una idea de España en lugar de una realidad. "Así que diría que sí, que esta idea es importante para la historia, al menos en nuestra producción, pero, en última instancia, España se utiliza como un fondo pintoresco".
Son ideas que nos pueden acercar al núcleo de la ópera, como hasta cierto punto, y desde presupuestos y planteamientos muy distintos, trató de hacer en su día Calixto Bieito con su puesta en escena situada en las tierras y los tiempos de la Legión española en África.
Nos pica la curiosidad de conocer de primera mano esta sugerente aproximación de Huffman, que cuenta con mimbres que nos parecen idóneos. En el foso se va a situar el joven (33 años) Michele Spotti, que lleva tiempo mostrando unas maneras y una forma de frasear, de acentuar y de fusionar las líneas vocal e instrumental dignas de los maestros del pasado. Buenos colaboradores en los terrenos escenográficos, coreográficos y de vestuario.
El reparto vocal aparece presidido por la soprano rusa Vasilisa Berzhanskaya, un auténtico fenómeno. Cantante de timbre penumbroso, de extensión considerable, de emisión canónica y de magnífica escuela de canto, que aborda con cierta frecuencia papeles de mezzo, como Carmen, del que se dice hace una auténtica creación.
A su lado estará el probo Don José de Charles Castronovo, tenor lírico algo pálido, musical pero a falta de la nervadura lírico-dramática que pide la parte. Micaela será la competente Ruth Iniesta, quizá demasiado ligera para el papel. Pero la voz tiene presencia y sustancia y la línea de canto es inmaculada.
Escamillo estará en la voz del barítono Davide Luciano, buen cantante pero de envergadura relativa. Demasiado lírico para enfrentarse a una parte que pide una voz más espesa y corpórea. El resto del reparto parece adecuado para sus respectivos cometidos: Cristóforo Romaguera, Matías Sebastián Herrera, Isaac Galán, Manuel Fuentes, Aita Sanz y Lora Grigorieva.
