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Cuando Amy Winehouse publicó Back to Black en 2006, pocos imaginaban hasta dónde llegaría aquel disco. Tenía solo 23 años y cantaba sobre el desamor, el orgullo y las malas decisiones con una mezcla de descaro y melancolía difícil de encontrar en el pop de entonces.

Veinte años después, aquellas canciones siguen sonando con la misma intensidad. Quizá porque Amy nunca disimuló sus contradicciones y convirtió sus experiencias en algo que cualquiera podía reconocer como propio.

El álbum ganador de cinco premios Grammy que la convirtió en una estrella mundial cumple dos décadas y regresa este otoño con una reedición especial publicada este viernes, 23 de octubre.

La celebración coincide con la reunión en los escenarios de algunos de los músicos que la acompañaron, dispuestos a revivir sus canciones en directo. Entre ellos está Dale Davis, bajista y director musical de la cantante, una figura clave que, lejos de los focos, contribuyó a dar forma a su sonido.

Antes de Back to Black, Amy ya había sorprendido con Frank, publicado tres años antes, pero su segundo álbum tenía otra ambición y una capacidad especial para conectar con el público. El soul, el jazz y el rhythm and blues que habían alimentado su formación aparecían filtrados por una personalidad contemporánea. Había ecos de los grupos de chicas de los sesenta y de Motown, pero también una escritura íntima, irónica y descarnada que pertenecía inequívocamente a su tiempo.

Dale Davis, bajista, director musical y amigo íntimo de Amy Winehouse .

Davis conoció a Amy cuando todavía se abría camino por los clubes y pequeñas salas londinenses. Su primera impresión fue inequívoca: "Pensé que sonaba increíble. El talento ya estaba ahí". Cuando empezó a trabajar con ella, bastaron un par de semanas para confirmar que aquella voz tenía algo especial.

Frank aún estaba a medio terminar y los músicos tuvieron que crear sus propias versiones de las canciones. Lo que más le sorprendió fue comprobar cómo respondía el público cuando las llevaban al directo.

Amy tampoco era una cantante interesada en repetir las cosas exactamente igual. Podía modificar una melodía, cambiar una frase o encontrar otro camino en mitad de una canción. La banda aprendió a convivir con esa libertad: "Ella cambiaba constantemente sobre lo que tocábamos nosotros, así que intentábamos mantener nuestra parte prácticamente igual cada noche. Amy encontraba su propio camino dentro de aquella estructura. Esa era parte de su magia".

Con Back to Black, esa complicidad tuvo que trasladarse a escenarios cada vez mayores. El disco vendió más de 4,5 millones de copias en Reino Unido y convirtió a Winehouse en un fenómeno internacional.

Davis recuerda que, cuando la felicitó por el éxito, ella respondió: "Sabía lo que hacía". No había arrogancia en aquellas palabras, asegura, sino la seguridad de alguien que tenía una visión clara. "Acertó en todo con aquel disco", opina.

El ascenso fue vertiginoso. La llegada a Estados Unidos, el éxito de Rehab y el Brit Award cambiaron su vida en muy poco tiempo. Davis, que además de tocar el bajo asumió la dirección musical, se convirtió en el enlace entre la cantante, los músicos y el equipo de gestión.

Él lo resume con humor: "A veces bromeaba diciendo que me pagaban para que todo el mundo me gritara desde todos lados". Pero su trabajo iba más allá de coordinar ensayos y actuaciones. Con los años, la relación se convirtió también en amistad, y cuidar de que todo estuviera bien pasó a ocupar un lugar importante.

Veinte años después, Davis ha vuelto a escuchar el álbum entero, algo que no hacía desde hacía tiempo. La banda lleva años interpretándolo en directo y, precisamente por eso, regresar a la grabación le ha permitido descubrirla de otra manera.

Le sigue llamando la atención su duración: apenas 33 minutos. "La primera vez que lo escuché, pensé: 'Vaya, ¡se ha pasado volando!'". Su brevedad, dice, forma parte de su impacto: va directo al grano y no le sobra nada.

La reedición recupera el álbum original en un triple LP junto a demos inéditas, caras B y otras grabaciones. Incluye también el concierto completo que Amy ofreció en el Paradiso de Ámsterdam en febrero de 2007, además de fotografías inéditas, letras manuscritas y nuevos textos de Mark Ronson y Salaam Remi, productores del álbum.

Para Davis, aquella actuación recoge a Amy en un momento especialmente bueno, antes de que la fama empezara a pesar tanto sobre ella. Aunque la banda atravesó distintos cambios, la cantante conseguía mantenerlo todo unido: "Si algo era nuevo o incierto, ella conseguía que sonara seguro gracias a su extraordinario talento".

Reedición del álbum 'Back to Black' de Amy Winehouse. Universal Music

Quizá el directo sea el documento más revelador de todos. Una canción cambia cuando abandona el estudio: gana respiración, riesgo e interacción. En Winehouse, esa dimensión era esencial. Sus interpretaciones estaban llenas de silencios, pequeños desplazamientos y decisiones tomadas sobre la marcha. Ahí es donde el papel de músicos como Davis cobra una importancia que a menudo queda oculta tras el nombre de la estrella.

Un homenaje a su altura

El pasado 21 de octubre, Davis volvió a ocupar ese lugar. La banda original de Amy Winehouse se reunió en el Roundhouse de Camden, Londres, para recuperar Back to Black y otros temas de su repertorio.

Junto a Davis, artistas como Corinne Bailey Rae, Jorja Smith, Lianne La Havas, Baby Rose, FLO, Jessie Reyez y Yebba prestaron sus voces a unas canciones que siguen emocionando veinte años después. Fue una celebración de su música y su legado, pero también una forma de devolverlas al escenario, donde siguen encontrando una vida propia.

Davis y los músicos originales nunca han dejado de tocar juntos, aunque durante años lo hicieron acompañando a otros artistas y sin interpretar el repertorio de Amy. En 2016 comenzaron a recuperar sus canciones de forma más estable. Al principio resultaba extraño, reconoce, pero el proyecto se ha convertido en una manera de acercar aquella música a nuevas generaciones. "Al final, el público es lo más importante de todo esto".

Cuando habla de Amy fuera del escenario, Davis recuerda a una mujer con mucho carácter y sentido del humor, observadora y directa. Si algo no le gustaba, lo decía; si le entusiasmaba, también. "Tenía mucho control sobre lo que ocurría, pero no desde la arrogancia, sino desde la seguridad". Trabajar con ella, concluye, era un placer porque todo resultaba muy fácil.

Veinte años después, Back to Black sigue hablando por sí solo. Pero, gracias a quienes estuvieron allí, también podemos entender un poco mejor cómo llegó a existir. Porque detrás de una voz irrepetible había una banda que supo escucharla, seguirla y darle espacio para que hiciera lo que mejor sabía hacer.