“¡Que no caiga!”. En la cola de embarque, mientras cargaban con sus instrumentos al hombro, los músicos más jóvenes de la orquesta titular del Teatro Real jugaban con un globo de una conocida cadena de comida rápida.
A alguno se le fue la mano y el globo cayó lentamente sobre la cabeza de un operario que revisaba con gesto muy serio los datos de cada pasajero. Contra todo pronóstico, se arrancó in extremis con un taconazo que continuó el juego, sin dejar de mirar el ordenador ni modificar un milímetro su semblante impertérrito.
Esa energía contagiosa, esas ganas de diversión, parecían un buen presagio (a toro pasado, podemos decir que lo era) de lo que estaba por venir: el quinto viaje del Teatro Real a Estados Unidos con el objetivo de intensificar la presencia internacional de uno de los mejores teatros de ópera del mundo.
En este viaje, el Real ha consolidado su presencia en Nueva York, donde ha tocado por quinto año consecutivo, y además ha actuado por primera vez en Miami y este lunes debutará también en Washington D. C. Las localidades se agotaron para los tres conciertos.
Bajo la batuta de Gustavo Gimeno, la orquesta del Real —la Sinfónica de Madrid— estuvo acompañada en Nueva York por la soprano guatemalteca Adriana González y en Miami, por la soprano nicaragüense Gabriella Reyes, además del maestro Juan Manuel Cañizares a la guitarra en ambos conciertos.
La soprano Gabriella Reyes durante su actuación junto a la orquesta del Teatro Real, este sábado en Miami.
Segundo buen presagio: mientras la expedición cruzaba el Atlántico, a Cañizares le estaban concediendo en Sevilla el Giraldillo del Jurado de la Guitarra de la Bienal de Flamenco. Se lo daban por aquello que lo ha hecho grande y que es también lo que el Real quería mostrar en Estados Unidos: “por conectar los universos sonoros de la guitarra flamenca con el mundo sinfónico”.
El programa preparado por la orquesta titular del Teatro Real, titulado Fire, Guitar, Legend, era el mismo en ambas ciudades, con algunas de las obras españolas universalmente más celebradas. Para abrir boca, El amor brujo, de Manuel de Falla. A continuación, las Siete canciones populares españolas, también del maestro granadino, pero en la versión orquestada por Luciano Berio.
Y, para rematar la primera parte, Cañizares a cargo del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, la obra más popular e interpretada de todo el repertorio para guitarra y orquesta.
En la rueda de prensa anterior al concierto neoyorquino, el guitarrista recordó una anécdota del maestro Rodrigo: cuando un periodista le preguntó por qué no componía algo basado en el flamenco, él, sorprendido, contestó: “¿Que no he hecho flamenco? Ahí está el Concierto de Aranjuez”.
Cañizares, al leer esto en los escritos de Rodrigo, se quedó “impresionado” porque él siempre había encontrado en esa obra “muchos rasgos del flamenco”. Por ejemplo, el ritmo del primer movimiento, que es “prácticamente una bulería”. Además, como recordó, hay muchas cadencias andaluzas en la partitura.
El guitarrista interpretó por primera vez el Concierto de Aranjuez en 2011, con la Filarmónica de Berlín a las órdenes de Simon Rattle y retransmitido en directo para el mundo entero. Cañizares tuvo un gran referente, su “maestro y amigo” Paco de Lucía, a quien se lo había visto interpretar por primera vez a principios de los años noventa.
Juan Manuel Cañizares durante su concierto junto a la orquesta del Teatro Real, el pasado jueves en Nueva York.
Cuando le tocó a él hacerlo dos décadas después, Paco de Lucía le dijo: “Tú tienes facultades de sobra para tocar este concierto. Lo que tienes que hacer es aportar tu sonido flamenco”.
Desde entonces, lo ha acentuado cada vez más. Y así fue tanto en Nueva York como en Miami, donde añadió mordentes, quejíos y otros adornos flamencos a las notas originales.
También afirmó Cañizares en la rueda de prensa que “crear el lenguaje del flamenco sinfónico supone llevar la guitarra flamenca a otro plano desde lo intelectual”, algo que considera “muy importante sobre todo para la guitarra flamenca y para la música en general”.
Los Rockefeller como aliados
El concierto del jueves fue en el David Gefen Hall del Lincoln Center, tras una cena de gala para los mecenas estadounidenses del Real con vistas a la imponente plaza que comparte con la Metropolitan Opera House y el David H. Koch Theater, sede del New York City Ballet.
Gregorio Marañón (presidente del Teatro Real, Susan Rockefeller, David Rockefeller Jr. (Patrono de Honor del Teatro Real, y Pilar Solís Martínez-Campos.
El Real cuenta en Nueva York con un aliado de lujo: David Rockefeller Jr., amigo personal de Gregorio Marañón y patrono de honor del coliseo madrileño, así como su esposa Susan. Durante la cena, el magnate y filántropo se declaró honrado de formar parte de la institución y deseó “larga vida al Teatro Real”.
Ya dentro del auditorio, el público estadounidense demostró una vez más su entusiasmo por la cultura española, y no fue de extrañar que el bis de Cañizares, todo un derroche de flamenco (la pieza “Cádiz” de su Concierto Al-Andalus, adaptada para guitarra sola), desatara la ovación más estruendosa de la noche.
También encandiló al público Adriana González con el suyo: el aria “Goizeko eguzki argiak”, de la ópera Mirentxu, de Jesús Guridi. En esta pieza, la soprano pudo lucirse en unos agudos que sirvió con un control absoluto del volumen y una delicadeza pasmosa, como si su voz fuera un fino pañuelo de seda.
Adriana González durante su concierto junto a la orquesta del Teatro Real en Nueva York.
La segunda parte, ya con la orquesta en solitario, estuvo protagonizada en ambos conciertos por la suite Sherezade, op. 35, de Rimski-Kórsakov (1888). Se trata de una de las obras que el maestro Gimeno ha dirigido más veces. Como él mismo dijo en la rueda de prensa celebrada en Nueva York, se trata de una obra “muy flexible que permite muchas interpretaciones” en cuanto al “tempo, los rubatos y los estados de humor”.
Sherezade es uno de los ejemplos más claros de música programática (aquella concebida para evocar escenas concretas), aunque el propio compositor renegara de ello eliminando los títulos descriptivos que puso originalmente a cada movimiento. Con los ojos cerrados, era fácil imaginarse junto a Simbad surcando los mares, así como las conversaciones entre el sultán Shahriar y Sherezade, representada esta de manera arrebatadora por el violín de la concertino Gergana Gergova, una de las grandes protagonistas de la noche.
El bis de la orquesta elegido por Gimeno, muy oportuno y celebrado también con mucho entusiasmo, fue el preludio de la zarzuela El bateo, de Federico Chueca. Un enérgico y alegre popurrí de estilos para el fin de fiesta, con un gran protagonismo de la percusión.
En el concierto de Miami, celebrado en el Adrienne Arsht Center, el programa no varió. Tampoco varió mucho la reacción del público, igualmente entregado.
Vista del público en el concierto de la Orquesta Titular del Teatro Real en el Adrienne Arsht Center de Miami, este sábado.
Solo fue distinto el bis de la soprano Gabriella Reyes, que escogió como bis “Carceleras”, romanza del segundo acto de la zarzuela Las hijas de Zebedeo, de Ruperto Chapí. Como en el caso de su compañera, fue su pieza más aplaudida, con la que derrochó voz y presencia escénica.
Vocación de permanencia
Cuando Gregorio Marañón fue elegido presidente del Teatro Real, a finales de 2007, una de las primeras cosas que consideró fue que “había que hacer un esfuerzo inmenso” por recuperar “la vocación internacional” que el teatro tenía cuando se fundó originalmente, en 1850.
Los viajes a Estados Unidos, que forman parte de esa estrategia de internacionalización, suponen un esfuerzo organizativo y económico para el Real. En esta empresa cuenta con el apoyo de numerosos patrocinadores, entre ellos ACS, Iberia, El Corte Inglés, la Fundación AHCES y Oesía.
Además de divulgar internacionalmente la cultura y el talento españoles, se trata de una buena oportunidad para estrechar lazos con los mecenas americanos del Real, agrupados desde 2024 en American Fellows, su primera comunidad de Amigos fuera de España, para fomentar la participación de la sociedad civil estadounidense.
El director general del Teatro Real, Ignacio García-Belenguer, anunció que, tras estos cinco años visitando Estados Unidos, ya tienen cerradas las fechas de los próximos tres. “Se trata de un proyecto con vocación de permanencia”, explicó.
Además, dentro del proyecto de internacionalización del Real, el próximo mes de noviembre la orquesta visitará también Pekín y Shanghái.
En paralelo, el Real también organiza el programa Authentic Flamenco, una gira internacional de espectáculos flamencos que ya ha pasado por más de veinte países.
El Real en la Biblioteca del Congreso
Este quinto desembarco del Teatro Real en Estados Unidos se ha enmarcado en las celebraciones por el 250.º aniversario de la independencia del país norteamericano, en la cual España tuvo un papel muy destacado.
Los nuevos talentos del programa Crescendo fueron los encargados del concierto inaugural de esta quinta gira del Teatro Real, con una actuación en el University Club el pasado miércoles que contó con Patricia Rijnhout y María Martín Campos (sopranos), Ester Ferraro (mezzosoprano), Román Bordón (barítono) y Carolina Hernández (piano), que interpretaron arias y dúos de ópera y zarzuela.
La gira americana concluirá este lunes con el Cuarteto de Cuerdas del Teatro Real, integrado por solistas de su Orquesta Titular Gergana Gergova y Margarita Sikoeva (violines), Olga González (viola) y Dragos Balan (violonchelo), clausurará el tour estadounidense con un concierto en la Biblioteca del Congreso, en Washington, donde sonarán obras de Juan Crisóstomo Arriaga , de Amy Beach y de Antonin Dvořák.
