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Dijo John Lennon que “si quisieran darle otro nombre al rock and roll, podrían llamarlo Chuck Berry”. No era una hipérbole. Aunque ningún género musical es obra de una sola persona, el guitarrista, cantante y compositor de Saint Louis (Misuri) fue el individuo que ensambló sus piezas fundamentales.

Berry, de cuyo nacimiento se cumplen cien años este 18 de octubre, bebió de una vasta amalgama de fuentes: el rhythm and blues, el country (en aquella época también llamado hillbilly), el blues, el boogie-woogie, el swing y el jazz.

De maestros de la guitarra como Charlie Christian, T-Bone Walker y Carl Hogan absorbió la técnica instrumental, tomando de este último, nota por nota, el famoso arranque de "Ain't That Just Like a Woman" de Louis Jordan para convertirlo en el riff de apertura de "Johnny B. Goode". En cuanto a la técnica vocal, se inspiró en su admirado Nat King Cole.

Sobre esta base, Berry aportó los rasgos definitorios que transformaron la música popular. En primer lugar, la guitarra como voz líder y percusiva. Redefinió el instrumento, sacándolo de la sección rítmica para convertirlo en el motor del espectáculo. De hecho, cuando se le concedió el Premio Polar (el equivalente al Nobel de la música) en 2014, el jurado afirmó que prácticamente cada solo y riff tocado por guitarristas de rock en los últimos 60 años lleva un ADN rastreable hasta sus manos.

Otro rasgo definitorio del rock and roll fue su estrecha vinculación con la cultura juvenil. Berry inmortalizó en sus letras las vivencias adolescentes de los años 50: el amor escolar, los automóviles a alta velocidad, las gramolas de monedas y el deseo de emancipación juvenil.

Además, Chuck Berry introdujo un dinamismo encima del escenario que definiría a todo el género. Su famoso “paso del pato” (duckwalk), estrenado en Nueva York en 1956 para disimular las arrugas de un traje barato de rayón, sumado a su costumbre de tocar la guitarra tras la nuca o entre las piernas, sentó las bases de cómo tiene que ser una buena performance roquera.

Una de las aportaciones más importantes de Chuck Berry, que trasciende el plano musical, fue que promovió la integración social en la era de la segregación en Estados Unidos. Al fusionar el ritmo sureño afroamericano con las melodías del country apreciadas por el público blanco, provocó que jóvenes de distintas razas abarrotaran los teatros y se mezclaran en la pista. Todo ello mientras aún se producían linchamientos de negros, especialmente en el sur del país.

Del reformatorio a los escenarios

Charles Edward Anderson Berry nació el 18 de octubre de 1926 en San Luis, Misuri. Creció en The Ville, un histórico vecindario afroamericano que simbolizaba la prosperidad de la clase media negra. Hijo de Henry Berry, un contratista de construcción y diácono de la Iglesia Bautista Antioch, y de Martha Berry, una profesora de escuela, se crio en un entorno religioso y disciplinado.

Su primer contacto formal con el escenario ocurrió en la Sumner High School —la primera escuela secundaria para afroamericanos al oeste del Misisipi—, donde interpretó "Confessin' the Blues" de Jay McShann.

A los 18 años, durante un viaje improvisado hacia Kansas City con dos amigos, cometió tres robos a mano armada y sustrajo un vehículo. Fue condenado a diez años de prisión, de los cuales cumplió tres en el reformatorio juvenil de Algoa.

Después de dedicarse a varios oficios (empleado en una fábrica de automóviles, carpintero, estilista y fotógrafo), en 1948 conoció a Themetta Suggs, con quien se casó apenas seis meses después de conocerse. Ella se convirtió en su compañera incondicional durante casi siete décadas y en la madre de sus cuatro hijos.

Su carrera despegó a finales de 1952 cuando se unió al Sir John Trio del pianista Johnnie Johnson. La energía y la presencia escénica de Berry terminó rebautizando al grupo como Chuck Berry Combo, algo que Johnson se tomó con deportividad, ya que era consciente de que el cambio beneficiaría a todos los miembros del grupo.

En mayo de 1955, durante una visita a Chicago, Berry conoció a su ídolo, la leyenda del blues Muddy Waters, quien le aconsejó hacer una audición para el sello Chess Records. Para sorpresa del propio Berry, que buscaba grabar blues, Leonard Chess, el dueño de la discográfica, quedó fascinado por una versión acelerada del tema country "Ida Red". Reescrita con versos sobre carreras de coches y rebautizada como "Maybellene", la canción vendió más de un millón de copias y trepó a lo alto de las listas.

A partir de aquel hito, la década de 1950 presenció una descarga ininterrumpida de himnos generacionales: "Roll Over Beethoven" (1956), "School Day" (1957), "Rock and Roll Music" (1957), "Sweet Little Sixteen" (1958) y "Johnny B. Goode" (1958).

Una vida nada modélica

La trayectoria de Chuck Berry estuvo atravesada por un enorme contraste entre los más altos reconocimientos institucionales y sus recurrentes conflictos con el sistema judicial.

Como ya hemos comentado, entre los 18 y los 21 años estuvo en un reformatorio por una serie de robos. Pero sus problemas con la ley no quedaron ahí. Estos regresarían más de una década después, en la cima de su popularidad.

Chuck Berry actuando en el Long Beach Blues Festival de 1997. Masahiro Sumori / Wikimedia Commons

A finales de 1959, durante una gira por el suroeste de EE. UU. y México, Berry conoció a Janice Escalanti, una joven de origen apache que tenía unos 14 años, aunque él alegaría más tarde que le dijo que era mayor de edad. Se la llevó a St. Louis y le dio trabajo como encargada del guardarropa en su club, el Club Bandstand.

Poco después la despidieron y, en diciembre de 1959, la policía la detuvo por prostitución. Ella declaró ante las autoridades que Berry la había llevado allí. A partir de ahí se le acusó a él bajo la Ley Mann, que prohíbe transportar a una persona menor de edad entre estados con fines inmorales. Tras un polémico primer juicio anulado por comentarios racistas del juez, cumplió 20 meses de prisión federal entre 1962 y 1963.

El padre del rock and roll también tuvo problemas con el fisco. Su costumbre de cobrar sus actuaciones exclusivamente en efectivo (de hecho, tenía fama de cobrar por adelantado, con billetes en una bolsa de papel marrón, antes de sacar la guitarra de la funda) le acarreó una investigación de la Hacienda estadounidense (IRS). Fue condenado a cuatro meses de cárcel y mil horas de servicio comunitario, que pagó dando conciertos benéficos.

Por si fuera poco, a finales de los 80 fue demandado por decenas de mujeres que lo acusaron de haber instalado cámaras ocultas en los baños de su restaurante The Southern Air y en su finca Berry Park. Después de que la policía encontrara en su finca un alijo con numerosas cintas que probaban que era cierto, el caso se cerró mediante un acuerdo extrajudicial estimado en 1,2 millones de dólares y él nunca reconoció su culpa, alegando que había instalado las cámaras por motivos de seguridad y para evitar el consumo de drogas en los baños.

De Misuri al espacio exterior

Frente a sus sombras judiciales se erigió un reconocimiento público indiscutible. Fue uno de los primeros artistas incluidos en la inauguración del Salón de la Fama del Rock and Roll en 1986 y recibió el Premio Grammy a la Carrera Artística en 1984. En 1979 ofreció un concierto privado en la Casa Blanca para el presidente Jimmy Carter y en enero de 1993 (después del escándalo de voyeurismo) actuó formalmente durante la gala de investidura del presidente Bill Clinton.

Más tarde, en el año 2000, el propio Clinton le otorgó el Premio Kennedy Center Honors calificándolo como "uno de los músicos más influyentes del siglo XX". Posteriormente se le concedió el Premio PEN para compositores en 2012 junto a Leonard Cohen y el Premio Polar de Música en Suecia (2014).

Pero su mayor distinción probablemente fue la que llevó su música al espacio exterior: en 1977, la NASA incluyó su grabación de "Johnny B. Goode" en el Disco de Oro de las sondas Voyager, enviada como representación permanente del talento musical de la humanidad.

Un carácter complicado

Las experiencias carcelarias y los despojos financieros sufridos al inicio de su carrera —como cuando el promotor Alan Freed y el comerciante Russ Fratto figuraron ilegítimamente como coautores de "Maybellene" para cobrar dos tercios de sus regalías— moldearon una personalidad compleja, calculadora e inflexible.

Otro pionero del rock and roll, Carl Perkins, recordó que tras salir de prisión en 1963, Berry se volvió un hombre "frío, distante y cortante". En sus giras instauró una dinámica de trabajo tan célebre como excéntrica: viajaba absolutamente solo, sin séquito ni banda estable. Exigía por contrato que los promotores locales contrataran una banda de apoyo (pickup band) en cada ciudad, a la que apenas saludaba minutos antes de subir al escenario. Sobre las tablas, se limitaba a dar instrucciones de tonalidad e inicio con rápidos movimientos de pierna o gestos con los dedos.

De hecho, en la sección de comentarios de algunos vídeos sobre Chuck Berry en YouTube, algunos usuarios afirman haber tenido experiencias de este tipo. Uno de ellos asegura que su padre tocó para Berry sin haber intercambiado palabra alguna y que, cuando acudió a su camerino para hablar con él, este ya se había ido.

Una muestra de ese carácter agrio de Berry puede verse en Hail! Hail! Rock ’n’ Roll (1987). El documental sigue los preparativos del concierto por el 60.º cumpleaños de Berry, celebrado en octubre de 1986 en el Fox Theatre de St. Louis, con Keith Richards como director musical y organizador de la banda. En uno de varios encontronazos, Berry se enfada muchísimo porque Richards (cuya motivación principal era rendir homenaje a su ídolo) intenta modificar el sonido de su amplificador. En otro momento, Berry corrige al guitarrista de los Rolling Stones con altanería, mientras este se ve obligado a tragarse su orgullo.

El ídolo de los ídolos

El impacto de Chuck Berry en la música popular es absoluto. Formó la columna vertebral de la llamada "Invasión Británica": The Beatles grabaron "Roll Over Beethoven" y "Rock and Roll Music", y The Rolling Stones debutaron discográficamente con una versión de "Come On" y basaron su sonido de guitarras en sus canciones.

The Beach Boys, por su parte, construyeron "Surfin' U.S.A." copiando nota por nota la melodía de "Sweet Little Sixteen" (lo que obligó a acreditar formalmente a Berry como coautor).

Su impronta se extiende desde el hard rock de AC/DC (no solo en lo musical; Angus Young adoptó el duckwalk como su seña de identidad) hasta las obras de Bob Dylan, Jimi Hendrix, Bruce Springsteen (que, por cierto, formó parte de una de sus bandas de acompañamiento), Judas Priest y Sex Pistols.

Asimismo, su música ha quedado grabada en la memoria cinematográfica e iconográfica del siglo XX: desde la inolvidable escena de Back to the Future (1985) en la que Marty McFly interpreta "Johnny B. Goode" ante una audiencia atónita de 1955, hasta el célebre baile de Vincent Vega y Mia Wallace al ritmo de "You Never Can Tell" en Pulp Fiction (1994).