Es uno de los acontecimientos musicales de la temporada. Tendrá lugar dentro de la espectacular programación de Ibermúsica: la visita a Barcelona y Madrid de la Orquesta Filarmónica de Nueva York al mando de su flamante nuevo titular, el venezolano Gustavo Dudamel, uno de los directores jóvenes (45 años) más relevantes del presente y más conocidos entre nosotros y entre las aficiones filarmónicas de todo el mundo.
Ya sabemos que fue elemento fundamental del complejo educativo creado en 1975 por el pedagogo y compositor José Antonio Abreu, uno de cuyos primordiales frutos fue la Orquesta Simón Bolívar, que impulsó el alumbramiento de batutas como la suya y las de otras figuras como Diego Matheuz y Rafael Payare.
No hay duda de que Dudamel supo modelar desde el principio el discurso musical del conjunto, y organizar sus texturas, su rítmica, sus planos, sus ondulaciones y accidentes, sus acentos, todo ello conjuntados de manera coherente. Y potenciado gracias a un gesto eléctrico, trémulo, vibrante, vigoroso, de una vitalidad aplastante, del que parece manar la música a borbotones, de forma imparable e irrefrenable.
La batuta, más bien corta, firme pero aladamente empuñada, dibujando claras anacrusas, batiendo con claridad, sin perder nunca el norte de las partes, diáfanamente perfiladas; una mímica amplia y omnicomprensiva que viene impulsada por una permanente agitación del cuerpo y por un continuo subrayado de una veloz y atosigante mano izquierda, felina y modeladora. Gestos y actitudes a veces excesivos, que afortunadamente han ido aplacándose con el tiempo.
Dos importantes directores, Daniel Barenboim y Simon Rattle, ambos en Berlín, influyeron en él y lo ayudaron no poco. Ha sido titular de la Filarmónica de Los Ángeles y de la Sinfónica de Göteborg. Deutsche Grammophon, compañía con la que ha registrado varios discos de éxito, lo tiene contratado para un tiempo indefinido.
Y, como hombre voluntarioso e inteligente que es, ha seguido aprendiendo, mejorando su técnica y eliminando gestos superfluos en busca de una mayor serenidad o de un discurso más templado y profundo. Aunque su electricidad natural, a veces exagerada, reaparezca de vez en cuando.
Ha sido recibido en el podio de la Filarmónica de Nueva York con todos los honores y una alegría indisimulable en la que participan los rectores del conjunto, los instrumentistas y el público, que ya han dado su aprobación después de las primeras escaramuzas.
Entre otras piezas, La orquesta interpretará 'On the Transmigration of Souls', de John Adams, homenaje a las víctimas de los atentados del 11-S
Dudamel ha hecho manifestaciones muy sensatas: "Esto no es un trabajo, es una misión", ha dicho. "Es importante abrir puertas y empezar a conectar con la gente. Sé que a veces la gente entra en pánico: ¿Dónde está Brahms? ¿Qué es todo esto? Estoy empezando mi relación con la orquesta como un viaje. Tendremos la oportunidad de desarrollar el repertorio principal, lo cual es crucial, pero también de ser flexibles y estar abiertos a hacer estas cosas maravillosas con grandes artistas de otros campos y de otros estilos. Para mí esto no ha sido algo incómodo. Nunca".
Una de las obras que ha dirigido en sus primeros programas es la relevante y conmemorativa On the Transmigration of Souls, de John Adams, escrita para el primer aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Hoy la pieza es como una cápsula del tiempo. Ha envejecido bien: siempre sobria, con una partitura vertical de espacio armónico del que emergen fragmentos de recuerdos. Pertenece al linaje de los collages estadounidenses de Charles Ives.
Dudamel no se ha andado con chiquitas y ha apostado claramente por la música contemporánea, como demuestra el estreno de Invisible House, de Zosha di Castri, inspirada en canciones folclóricas ucranianas y en la poesía de Ilya Kaminsky, intrincada pero llena de libertad, con instrucciones para los músicos como "no sean tímidos", "no tiene que estar siempre perfectamente sincronizado" y "no demasiado perfecto".
"Intimidad contemplativa, cacofonía controlada. La música se siente verdaderamente viva, orgánica e impredecible", apunta el periodista de The New York Times Joshua Barone. Es un encargo de la Filarmónica.
La gira española de Dudamel y su nueva orquesta se inicia en L’Auditori de Barcelona el día 12 con las dos obras comentadas y la Sinfonía n.º 5 de Prokófiev, un hueso duro de roer. El Orfeó Català, que colabora en esta ocasión, prestará su bien trabajada sonoridad, moldeada por Xavier Puig, en las canciones folclóricas que integran la composición de Di Castri. Participan también el Cor de Noies y el Cor Infantil del propio Orfeó. Ese programa se interpretará en el Auditorio Nacional de Madrid al día siguiente.
El segundo programa anunciado, solo en la capital, viene constituido por Imágenes mestizas de Tania León, pieza ganadora del premio Pulitzer, estrenada hace muy pocos días en el Lincoln Center de Nueva York, y por una obra muy importante y significativa en la carrera de Dudamel: la Sinfonía n.º 5 de Mahler. Con esa batuta y esa formación sinfónica es de esperar una interpretación de altura.
