Mientras celebran cuatro décadas de trayectoria con una gira por España y Latinoamérica (este sábado en Barcelona, y próximamente en Ciudad de México, Valencia, Zaragoza, Pamplona, A Coruña, Madrid...), Hombres G han querido regresar a su “espíritu canalla” con su nueva canción, Gilipollas.
No se andan con rodeos ni eufemismos en el título del tema, primer adelanto del que será su próximo disco, Acojonante, que verá la luz en algún momento del año que viene.
“La canción denuncia la cantidad de gilipollas que hay ahora mismo en el mundo. Aunque siempre ha habido, ahora se les ve más por la exposición que tienen con las redes sociales y la sociedad actual. Hay una incoherencia y una ignorancia enormes. En fin, estamos viviendo unos tiempos bastante gilipollas en general”, afirma David Summers, cantante y bajista de la banda.
Los dos camiones que anunciaron por las calles de Madrid el lanzamiento de la nueva canción de Hombres G, este jueves.
No obstante, su intención era “hacer un tema divertido” y que cada cual, al escucharlo, “identifique a su gilipollas personal”.
La banda parece haberse amoldado bien a las nuevas estrategias de promoción en la era de lo efímero y la economía de la atención. Van a ir sacando un sencillo nuevo cada cierto tiempo, antes de lanzar el disco completo el año que viene. Y, para anunciar la salida de Gilipollas, han puesto a circular dos camiones por Madrid con esa palabra acompañada de un código QR, en plan misterioso y canallita a la vez.
“Me he encontrado a mucho imbécil como tú en mi largo caminar”, entona David Summers parafraseando la canción Cuéntame de Fórmula V. “Pero es que ahora es como una epidemia global”.
Aunque confiesan que la actualidad política les hace pensar en la palabra gilipollas “de nueve de la mañana a dos de la madrugada”, en el videoclip de la canción han tirado por la senda del costumbrismo, retratando a diversas tribus urbanas contemporáneas (esas que suelen provocar comentarios como “que caiga ya el meteorito”) con la ayuda de algunos de los humoristas más famosos de España.
El Comandante Lara es un runner que corre por el Retiro de Madrid mientras se cruza con un terraplanista (José Mota), un therian (J. J. Vaquero), un cryptobro (El Monaguillo), un gilimodas (Ernesto Sevilla), un yogui de postureo (Goyo Jiménez), uno casándose con un árbol (David Navarro) y una pija amante de los selfis (Martita de Graná). No obstante, la intención del grupo es que cada cual, al escuchar la canción, “piense en su gilipollas personal”.
Pregunta. En el vídeo aparecen muchos tipos de gilipollas. ¿Cómo seleccionaron esos arquetipos y cuál es el que les cae peor?
David Summers. A ver, no es que me caigan mal, pero si antes alguien se identificaba como perro, se disfrazaba de perro y se ponía a mear en un árbol levantando la patita, lo llevabas al médico porque veías que estaba mal de la cabeza. Y, sin embargo, ahora parece que tenemos que aceptarlo. No sé si es más gilipollas el que se cree perro o el que dice que hay que aceptar que haya gente que se crea perro. Este rollo de la tolerancia infinita a cualquier tipo de pensamiento a mí me parece una estupidez. Hay gente que tiene opiniones terribles que no hay que tomarlas en consideración de ninguna manera.
Rafael Gutiérrez. Por una parte estamos viviendo una época en la que hay que respetar mucho la libertad de los demás en el sentido de "yo soy así, respétame", pero luego por otra parte es incongruente porque es cuando más censura hay, no puedes decir nada que no le guste a alguien. Conviven las dos cosas y es contradictorio totalmente. A mí me parece que todo esto se hace para despistarnos de las cosas importantes. Hay que centrarse un poco y hacer las cosas bien para que el mundo se oriente y fluya mejor.
Javier Molina. Lo primero que hay que empezar a hacer es a leer más, libros de verdad. Y no aprobar a todo el mundo en el colegio y en la facultad para que no se depriman.
Hombres G en la sede de Warner Music, en Madrid.
P. ¿Qué me pueden adelantar del próximo disco?
D. S. Tenemos un disco que es una maravilla que se va a llamar Acojonante porque lo es y porque hay una canción que se llama así. Pero vamos a ir sacando singles poco a poco. Porque ahora mismo en la industria las cosas están de tal manera que, si quieres cargarte un disco, lo mejor que puedes hacer es sacarlo: lo sacas, tienes dos semanas de atención y, como vivimos en un momento tan efímero y rápido, en dos o tres semanas la gente se ha olvidado de él y está en otra cosa. Queremos hacer un disco que les vuele la cabeza al público joven de 13 a 15 años que nos llena los conciertos.
P. ¿Qué les hace sentir ver a gente de edades tan diferentes en sus conciertos?
J. M. Creo que es lo más importante que te puede pasar en esta carrera. Eso solo le ha pasado en la historia del rock and roll a los más grandes, como Paul McCartney. Que nos pase a nosotros es un privilegio absoluto. Es un subidón salir todas las noches y ver la primera fila llena de niños que por la calle te paran, se ponen nerviosos y lloran.
Javier Molina y Daniel Mezquita, durante la entrevista.
D. S. Hay muchas veces que viene un padre con su hijo de 8 años y te dice que es su primer concierto; el primer concierto de tu vida no lo vas a olvidar jamás y ahí tienes a un fan para siempre.
P. En el documental Los mejores años de nuestra vida hablan de la descomunal fama que les llegó sin pretenderlo con apenas 20 años. ¿Cómo se mantienen los pies en la tierra siendo tan joven?
J. M. Precisamente por eso: porque no la buscábamos. Éramos un grupo de amiguetes que hacíamos música por amor al arte.
D. S. Cuando la fama es algo que persigues, esa fama te afecta psicológicamente y, cuando la pierdes, te quedas hundido. Pero cuando la fama es algo circunstancial a tu trabajo, no vives pensando en eso.
J. M. Durante los últimos años se ha acostumbrado a la gente joven a querer ser famosa. Nosotros y todos los grupos de nuestra generación no buscábamos eso; buscábamos desahogarnos haciendo arte, música o lo que fuese.
D. S. Ray Charles decía: "Nunca quise ser famoso, pero siempre quise ser genial". Eso es lo que debe perseguir un artista.
P. En los 80 y 90, donde todo el mundo pertenecía a una tribu urbana (punkis, rockabillies, mods, góticos...) les metieron en el cajón de los "pijos". ¿Cómo les hacía sentir esa etiqueta?
D. S. No se puede ser más gilipollas que querer pertenecer a una tribu urbana. Nosotros no hemos querido pertenecer a ninguna tribu nunca en la vida. No creemos en esas cosas, ni en los movimientos musicales ni en los colectivos. Hacemos la guerra por nuestra cuenta.
David Summers, durante la entrevista.
R. G. Lo de "pijo" era una etiqueta totalmente despectiva; nos la pelaba completamente porque sabíamos lo que era.
P. ¿Perciben cierto elitismo en la crítica hacia la música comercial?
D. S. Siempre hay que intentar gustar al máximo número de gente posible, llegar lo más lejos con tu música, agrandar tu público y llegar a nuevos países. Que tu música se expanda es muchísimo más importante que estar pendiente de cuatro críticos a los que les parece muy mal que le gustes a mucha gente.
J. M. En el momento en que te conviertes en parte de una tribu urbana, eres un borreguito más; ya no hay rebeldía, eres un borrego, igual que en la política.
D. S. La música hay que hacerla para la gente, incluso para la gente que no sabe nada de música pero escucha una canción y le flipa. Consigues transmitirle una emoción o una sensación especial.
P. Viendo las noticias de política, ¿se les escapa algún "gilipollas"?
D. S. Desde las 9 de la mañana hasta las 2 de la madrugada.
J. M. Yo ya solo quiero oír música y chistes. Estoy hasta los huevos de que me salga uno poniendo a parir al otro; dejad a la gente que piense por sí misma.
Hombres G en la sede de Warner Music, en Madrid.
P. El panorama cultural está cada vez más contaminado por la polarización política. ¿Sienten la obligación de pronunciarse sobre asuntos como Gaza o Ceuta o prefieren mantenerse al margen?
Daniel Mezquita. Nosotros lo que queremos es hacer feliz a la gente y que se olviden de todo eso durante dos horas en el concierto; no es necesario meternos ahí.
R. G. No puedes usar la música para soltar un discurso político a la gente ; si quieres hacer eso, hazlo en un marco político, no artístico.
D. S. En Hombres G no lo hacemos. Tenemos nuestras propias opiniones personales, por supuesto, porque además de Hombres G somos seres humanos, pero cuando estamos en el escenario cantando y tocando, lo que queremos es ver caras felices y gente cantando con nosotros.
J. M. Por mucho que te preocupes, nada cambia. Estén los unos o estén los otros. Sigues pagando tus impuestos, te quitan un pastón al año, no ves ninguna mejora en nada y sigues haciendo la misma vida. Al final se olvida todo, la corrupción de uno y la del otro, y todo sigue igual. Como decía Lemmy, de Motörhead: "Solo nos queda el rock and roll, tío". El rock and roll no te va a defraudar nunca, da igual que mande la derecha o la izquierda.
P. ¿Qué anécdotas recuerdan de la locura del fenómeno fan que vivieron en los ochenta?
D. S. En aquella época toda nuestra vida era prácticamente una anécdota porque era absolutamente surrealista. Teníamos a 50 o 60 personas en la puerta de casa y condicionaba muchísimo nuestra vida, pero con los años hemos aprendido a vivir con ello. Seguimos siendo reconocidos por la calle, por supuesto, pero la gente nos ve más mayores y nos trata con más respeto.
J. M. Ahora nos ayudan a cruzar la calle.
D. M. Nos ceden el asiento en el autobús [risas].
R. G. Antes no podíamos ir a un restaurante a comer, ir a un videoclub o hacer cola en el cine.
D. S. No podíamos parar en un semáforo en rojo delante de un colegio de niñas a la hora de la salida porque estábamos muertos,
R. G. era como una invasión de zombies.
P. Dicen en el documental que están más en forma que nunca.
D. S. Estamos muy en forma. Nos cuidamos más que antes, ya no salimos de fiesta todas las noches; tenemos una vida más pensada en concentrarnos para hacer un show genial.
