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Con treinta y tantos años de carrera musical a sus espaldas, Antonio Luque (Sevilla, 1970) ha publicado con el alias Sr. Chinarro un disco nuevo cada uno o dos años en todo ese tiempo. Una constancia que nada tiene que ver con la búsqueda del éxito a gran escala.

Partidario convencido del decrecentismo, el gran objetivo de este artista de culto del indie patrio (de cuando indie realmente significaba independiente) "siempre ha sido, más que triunfar, caber en un coche", confiesa mediante videollamada desde algún lugar de la costa granadina, donde vive ahora.

Este año ha hecho doblete. Hace unos meses publicó El año de la pera (Eclipse Melodies, el sello en el que milita desde Cal Viva, 2024), un álbum en el que reinterpreta canciones antiguas de su repertorio junto a su banda actual: Juande Jiménez a la batería y percusiones, Alfonso López al bajo, Isra Diezma a la guitarra y Sandra Rubio a los coros, percusiones y sintetizadores.

Este jueves 1 de octubre ve la luz otro disco, este con canciones nuevas, titulado Las fuerzas y los cuerpos (también con Eclipse Melodies). Ese mismo día lo presenta en el Café Berlín de Madrid y el día 2 lo hará en Sevilla, en el Malandar Music Club. Ya en enero la gira continuará por Valencia, Málaga y otras ciudades por anunciar.

En Las fuerzas y los cuerpos, Antonio Luque vuelve a desplegar su aguda y ácida mirada sobre la realidad circundante, combinando el costumbrismo, el desencanto, la crítica social y el estoicismo (no ese sucedáneo de baratillo que han puesto de moda los cryptobros). Todo ello con un envoltorio de pop-rock luminoso que le permite dar rienda suelta a otra habilidad suya: la de componer melodías memorables.

La nota que acompaña en YouTube al videoclip del primer adelanto del disco, "Cantautor foráneo", sin duda refleja bien la personalidad de Antonio Luque: "Videoclip hecho con la idea de protestar porque cueste más hacer un videoclip supuestamente profesional que grabar un disco entero de Sr. Chinarro. Las imágenes de Antonio Luque en el papel de cantautor fueron grabadas por Ana Truan. También lo hemos hecho por amortizar el teléfono un poco".

Pregunta. ¿Cuál es el espíritu de este nuevo disco, Las fuerzas y los cuerpos?

Respuesta. Musicalmente refleja un estado de rabia y de alerta porque vienen tiempos difíciles, "tiempos salvajes", como dirían Ilegales. Todas las letras son políticas (aunque en algunos casos es más evidente que en otros) porque los fachas ya están aquí. No sé si Pedro Sánchez podrá obrar de nuevo el milagro de 2023. Está difícil porque tiene en contra todas las redes sociales y muchos medios de comunicación. Tiene incluso al propio PSOE en contra, porque ese partido se creó para hacer la farsa de la Transición. Pero bueno, este es el país que tenemos y siempre ha sido así.

»Parecía imposible que volvieran los franquistas. Recuerdo a Blas Piñar, que daba risa. Abascal también da risa, pero supongo que en el 36 nadie pensaba tampoco que pudiera pasar lo que pasó. Así que yo, personalmente, estoy mirando a ver si puedo soportar el frío de Canadá. De vez en cuando me pongo a prueba y me meto en la nevera un ratito.

P. Este disco llega solo unos meses después del anterior, El año de la pera, en el que volvieron a grabar canciones antiguas de la banda. ¿Qué le llevó a hacer esa revisión y qué descubrió al hacerlo?

R. Para mí fue como los partidos de pretemporada para los equipos de fútbol: un modo de sacar a la banda a calentar. Quise aprovechar la magnanimidad de Eclipse Melodies, que hasta ahora ha financiado todos los proyectos que se me han ocurrido, para poner a la banda a trabajar y grabar en un formato más acústico. Quería enseñarle al grupo que podemos prescindir de muchos de los aparatos con los que cargamos. Al regrabar los temas antiguos me di cuenta de que les tenía manía a muchos porque mi voz ha cambiado en estos treinta años; en los noventa cantaba de otra forma por inseguridad y falta de experiencia.

P. En el nuevo disco, Las fuerzas y los cuerpos, apuesta de manera más clara por cantar con acento andaluz en lugar de un acento más "neutro". ¿Ha sido una decisión consciente?

R. En el 98 ya grabamos el disco Noséqué-nosécuántos con acento andaluz, aunque era un poco impostado, tipo Susana Díaz. En este he intentado que sea natural. Cuando los andaluces hablamos con naturalidad, alternamos giros andaluces con el castellano. Esto pasa en Las fuerzas y los cuerpos. Si yo me reúno con amigos de Sevilla, mi acento sevillano se multiplica por diez. Intenté trasladar eso al disco sin falsearlo.

P. Aunque la política atraviesa todo el álbum, en algunas canciones es muy explícita. En "¿Qué verde?", por ejemplo, canta: "Arriba las manos, verde hay que votar". ¿Tiene inquietud respecto al horizonte político de los próximos años?

R. Sí. En la canción juego con la idea de votar a los verdes, que antes eran los ecologistas, y ahora ese color se asocia con Vox. Me da vergüenza ajena ver por la calle a gente que no tiene nada con pulseras y sombreros con la bandera de España, como si estuvieran celebrando algo de la selección, pero no es por eso.

P. ¿Quiénes son los "nazis en el Mediterráneo" a los que alude en Cantautor foráneo? ¿Esa canción nace de una vivencia personal?

R. Nace de estar en la playa y ver a muchos calvos con las banderas de España mirándome mal por llevar el pelo largo y porque es una playa muy familiar y aún no me conocen, ya que soy relativamente nuevo en ese sitio. Pero eso me ha pasado hasta en mi casa, me llevaba broncas de mi padre por llevar el pelo largo. Sé cómo son, de momento no pueden cortarnos las manos a los guitarristas o darnos palizas como la que le dieron a Paco de Lucía [se refiere a la agresión que sufrió el guitarrista en 1976 a manos de ultraderechistas].

»En cuanto pueda, esa gente se pone a quemar libros, romper guitarras o perseguir al que lee, porque cualquiera que maneje la palabra los deja en evidencia. Es gente pobre de espíritu y de dinero que defiende a los grandes sátrapas mundiales, algo incomprensible que da asco. Ocurrió en el 36, como reflejaba la película de Amenábar sobre Unamuno: la gente pensaba que no llegaría la sangre al río, pero al final sí ocurre.

P. En la discografía de Sr. Chinarro hay una transición clara desde el sonido lo-fi y oscuro de los noventa hacia un pop más melódico y transparente. ¿Cómo se gestó esa evolución?

R. En 1998 intenté orientar al grupo hacia un sonido más accesible porque veía a compañeros de generación con mucho más público. Sin embargo, Belmonte, nuestro bajista de entonces, prefería mantener una línea experimental, lo que dio lugar a La primera ópera envasada al vacío. Salvando las distancias, fue como la separación entre Lou Reed y John Cale. Había compañeros de generación como Los Planetas o El Niño Gusano, que fichaban por sellos más grandes y tenían éxito, y yo también quería eso. Al fin y al cabo, un envoltorio amable funciona mucho mejor como caballo de Troya para transmitir tu mensaje.

»Tiempo después, tras tener un hijo y quedarme en paro, necesité hacer un disco más comercial; ahí J [de Los Planetas] me ayudó en la producción de Fuego amigo. Fiché a músicos profesionales en Sevilla y, a partir de El mundo según, pudimos girar con regularidad y ganarme la vida con esto.

Antonio Luque. Alfonso López

P. En una nota señaló que Compito fue un fracaso comercial y que seguir grabando treinta años después es casi un milagro. ¿Cómo se sostiene una carrera de culto al margen de los grandes recintos?

R. Tampoco quiero llenar estadios. Cuando he tocado ante quince mil personas en alguna colaboración, he comprobado que no estoy capacitado psicológicamente para eso; me falta autoestima o tendría que salir borracho al escenario. Me parece bien mi dimensión actual: gano un sueldo con el que me sobra para vivir. Cada uno debe adaptar su trayectoria a la medida de sus posibilidades y ambiciones.

P. Muchos músicos firmarían eso: poder vivir de la música aunque sea modestamente.

R. De hecho, es un mensaje que lanzo en muchas de mis canciones. Al final vamos a tener que vivir con poquito por cojones, porque el capitalismo no va a poder extraer más recursos del planeta. Volveremos a la comida sencilla, a unos zapatos que te duren todo el año, a cuidar más la ropa, aprender a coser y a arreglar la lavadora.

P. ¿Entonces es partidario del decrecimiento voluntario?

R. Absolutamente. No soy partidario de vivir en un tonel como Diógenes el Cínico, pero casi. Yo aplico esa pauta en mi vida cotidiana: me deshago o vendo inmediatamente en Wallapop todo lo que no utilizo, exceptuando las guitarras.

P. En el contexto del pop español siempre se ha debatido sobre la elección entre el inglés y el castellano. Ahora la música que triunfa aquí se canta en español, no en inglés. ¿Cómo analiza esta cuestión?

R. Quien prefiera cantar en inglés me parece bien, porque es un idioma que encaja fácilmente en las estructuras 4/4 del rock y del pop. Ahora hay artistas que mezclan el folclore hispanoamericano con el idioma español y triunfan en todas partes, como Rosalía o Bad Bunny, y lo celebro como castellanohablante, no como melómano, porque no son mis artistas favoritos.

»A mí me gustan más grupos que cantan en inglés. ¿Y cómo lo adapto al castellano? Por suerte, antes que yo lo hicieron Radio Futura, Golpes Bajos, Ilegales, Parálisis Permanente o Glutamato Ye-Yé. Cuando grabamos el primero disco de Sr. Chinarro en New Jersey con Kramer, intenté hacer letras en inglés, pero yo lo que había estudiado en el colegio era francés, así que el vocabulario se me agotó a la cuarta canción.

»En este tema, mi ídolo es Jonathan Richman, que se atreve con todos los idiomas de forma chapucera pero se le entiende, y cuando no se le entiende hace reír, que es lo mejor que se puede conseguir en estos tiempos. Y ahí sigue el hombre, girando y cabiendo en un coche. Para mí es un héroe total.

P. En una entrevista reciente dijo que no le interesaba ningún grupo español actual. ¿Lo mantiene o fue una exageración?

R. No es desinterés, pero cuando me dispongo a escuchar música hay tal cantidad de discos clásicos e internacionales por descubrir que me cuesta fijar la atención en la escena local. El otro día escuché la nueva canción de Alcalá Norte y me gustó, y también me gustaron algunas de su primer disco. De hecho, han triunfado y me alegro mucho. Pero hay tantos lanzamientos en el mundo que al final me fijo en otras cosas. Quizá debería escuchar más música española, no sé... Aún escucho música nueva, pero el otro día me puse el primer álbum de Franco Battiato porque estoy buscando inspiración para hacer música experimental con sintetizadores, algo que sea una mezcla entre sus primeros discos, Caribou, Dafnis y Animal Collective.

»Me parece genial que la salud de la música española sea fuerte y que haya muchos grupos llenando el Movistar Arena. Pero hay una moda que a mí no me gusta nada, que es la de los grupos tipo Ramones en las que todos hacen acordes de barra, el bajo tocando lo mismo, el batería dando caña y los chavales haciendo el pogo y empujando. Yo prefiero hacer una música un poco más elaborada en la que por lo menos la guitarra y el bajo no estén todo el rato haciendo lo mismo, si no es mucho pedir.

»Otra moda que no me gusta es la tendencia de los grupos nuevos a rapear sobre bases de rock. En realidad el rap es una cosa antiquísima de los 80 que en mi opinión debería haber sido una moda efímera. Soy ya casi tan viejo como Sabina y tampoco soporto el rap. Son los gustos de cada uno, qué le vamos a hacer...

P. En principio de dijo que El año de la pera no se iba a publicar en plataformas, pero al final sí está disponible. ¿Cuál es su visión sobre este modelo de consumo?

R. Las plataformas son inevitables, pero representan la música en masa, equivalente al antiguo cajón de saldos de los hipermercados. Mi propuesta ideal sería publicar únicamente los adelantos en digital y reservar el álbum completo durante un año exclusivamente para las tiendas de discos físicas. Nos encontramos en la paradoja de regalar el trabajo en digital mientras asumimos costes elevados de fabricación en vinilo y CD. Las plataformas deberían concebirse como una escucha previa antes de adquirir el formato físico.

P. ¿Qué opina de la inteligencia artificial en la música y en la creación artística en general?

R. A mí me viene magníficamente bien, porque la gente pronto se cansará de esa perfección aburridísima y buscará cosas con fallos, y yo fallando soy una máquina [risas].