La historia de Luz Casal (Boimorto, A Coruña, 1958) es la de un compromiso permanente con la renovación. Alérgica al inmovilismo, su inquietud la ha empujado a explorar múltiples géneros musicales y espacios que no parecían reservados para ella, desde que irrumpió en el rock en plena Movida madrileña.
"Me hice adulta antes de tiempo", reconoce en esta entrevista, que se fragua en los días previos a su concierto en el auditorio Los del Río de Dos Hermanas (Sevilla), este sábado 26 de septiembre. Una actuación enmarcada en el Festival del Patio + Metrópolis, donde comparte cartel con Abraham Mateo, Pablo López, Café Quijano y La Plazuela.
El repertorio desgrana su último disco, Me voy a permitir, en el que se atreve con un fado de Amália Rodrigues y una personalísima versión de Todo cambia, de Mercedes Sosa, pero no faltarán canciones imperecederas de su propia autoría como la espléndida Un nuevo día brillará. Hablamos de creación, de la industria y de una trayectoria inapelable en la historia contemporánea de nuestra música.
Pregunta. Buena parte de la crítica ha destacado que su último disco es el más ecléctico de su carrera. ¿No se cansa de seguir buscando, experimentando?
Respuesta. La verdad es que la palabra eclecticismo podría ser extensible para todos los álbumes. Salvo dos proyectos paralelos, que fueron el disco La Pasión, dedicado a la música latinoamericana, y el álbum que dediqué a Dalida, creo que el resto de mi discografía encaja perfectamente en esa línea. Siempre he ido creando según las necesidades: las historias, las letras o las melodías.
»Al final es una mezcolanza de géneros. No me propongo hacer un disco de un estilo o de otro. Salen las canciones y, a veces, cuando decido tomar un camino determinado, yo misma me lo salto porque aparece una idea que considero que debo desarrollar y que no encaja con la idea primera. Creo que mis álbumes han respondido, sobre todo, a necesidades personales. Siempre he ido dejándome llevar más por el corazón que por la razón.
P. Precisamente, en la última entrevista con El Cultural anteponía su faceta de cantante a la de compositora. ¿Siempre ha tenido un sentimiento tan poco posesivo de sus propias canciones?
R. Desde el principio he sostenido que lo más importante es que una canción sea buena. Si lo que yo hago es menos sólido que lo que me propone un colega, está clarísima la decisión que voy a tomar. No tengo ningún tipo de obsesión con que se me considere compositora por encima de todo. Lo que me interesa es tener canciones que le interesen a la gente, pero que sirvan para algo.
»Puedo componer varias canciones en un día, pero no quiero caer en obviedades a nivel de texto ni en estructuras donde ya sepa el oyente qué viene después de una melodía determinada. Necesito sorprenderme a mí porque me parece que es la única manera de ser absolutamente honesta. Luego, a veces consigues que a la gente le interese eso que te está interesando a ti, y otras muchas no, la mayoría, pero es la mejor forma de defender con exigencia lo que hago: no hacer nada que no sienta o que no me parezca necesario.
P. Volviendo al disco, en el propio título hay una declaración de intenciones: Me voy a permitir. ¿Qué pretendía permitirse? Desde luego, parece evidente que, al menos, reivindicar a artistas mujeres.
R. Claro. No es que no me lo haya permitido antes. Durante muchos años evité titular los álbumes con nombres de canciones, pero cuando lo he hecho es porque verdaderamente reflejaban el contenido del disco. Este Me voy a permitir contiene cierta ironía, pero evidencia la libertad de hacer las cosas como una quiere, sin prisas y dejando que las ganas de crear se desarrollen. A veces hay canciones que se quedan fuera; pensabas que ibas bien por un camino, pero al escucharlas acabadas dices: "No, esto no me interesa".
»Al terminar el álbum es cuando te das cuenta de que te has permitido muchas licencias, ajena a estereotipos, fórmulas o etiquetas. Yo siempre he defendido, y desde el primer álbum se puede rastrear, que he primado hacer aquello que en ese momento deseaba sin pensar en si le iba a gustar a la gente. Obviamente quiero que mis canciones lleguen y sirvan al público, pero por encima de todo está el reto de meterme en ese lío, ver si soy capaz de darle forma y quedar satisfecha al acabar.
P. ¿Cómo recuerda su llegada al rock en plena Movida madrileña?
R. Bueno, el rock en la Movida estaba tachado. Muchos consideraban que era una cosa del pasado. Ahora se ponen camisetas de los Ramones, pero entonces se apartaban como si los fueras a contaminar.
"Los inicios fueron una manera de conocer cuáles son las dificultades. Pero no lo lamento, había que protegerse"
P. Era un momento, en todo caso, en el que no parecía haber hueco para las mujeres.
R. Sí. Fue una manera de conocer de primera mano cuáles son las dificultades y las trabas, y tener una idea bastante concreta de qué quería hacer, qué quería perseguir y qué me movía en la música. Ante esos obstáculos, probablemente me hice adulta antes de tiempo, pero es algo que no lamento. Había que protegerse. Las circunstancias me obligaron a tomar ciertas decisiones, pero con la distancia de los años no me parece mal, lo valoro de forma positiva.
P. Afortunadamente, la situación ha cambiado mucho desde entonces…
R. Sin ninguna duda. La prueba evidente es la cantidad de mujeres, y además triunfadoras, que lideran la música actual. Hay una variedad enorme de propuestas y la gran mayoría tiene una preparación musical extraordinaria en aspectos que hace un par de décadas ni se planteaba que pudieran asumir. Hoy en día encontramos a mujeres en la producción, controlando las mesas de sonido, realizando mezclas y haciendo de todo. El cambio ha sido infinitamente para mejor.
P. Al hilo de la Movida, en su documental artistas como Rosendo destacan que se rodeó de músicos muy profesionales desde el principio. El buen sonido siempre ha sido innegociable, ha sido sumamente escrupulosa.
R. Sí, primero por mi profunda admiración a los grandes músicos, y también por el impacto que me causó el excelente sonido de los discos que formaron parte de mi infancia. Cuando escuchaba a ciertos grupos norteamericanos, me quedaba fascinada con la riqueza de sus guitarras acústicas, por ejemplo. Cuando empecé a grabar, mi deseo era alcanzar un sonido tan bello y rico como aquel.
»Si compones una canción agresiva, tienes claro qué atmósfera requiere; pero cuando tu repertorio es tan variado como el mío, necesitas que te acompañen muy buenos músicos que logren plasmar lo que has imaginado, que te dejen conmovida y que además eso sirva para que pueda cantar mejor. El buen sonido debe ser algo innegociable; tiene que ser excelente siempre.
P. ¿Y qué se comentaba entonces sobre aquello? Se ha señalado con frecuencia que el grueso de aquellos grupos de la Movida adolecía de una calidad técnica bastante limitada.
R. Bueno, pero a veces la falta de experiencia como ejecutante puede compensarse con una gran fuerza creativa, con rabia o con espontaneidad. Existen múltiples combinaciones posibles en la creación. Yo solo intervengo si se critica mi manera de pensar o de buscar la excelencia, pero no juzgo a colegas por realizar propuestas que no me gustan. Porque si un trabajo está hecho desde la honestidad, ves que está muy bien hecho, aunque sea justo lo contrario de mi sensibilidad.
»Una de mis ventajas al escuchar música es saber apreciar incluso los proyectos más primarios; si nacen del corazón y de la espontaneidad, también tienen un grandísimo valor.
"Yo no me he llevado mal con casi nadie. Aprendí desde muy pequeña a respetar el trabajo ajeno"
P. Deducimos entonces que existía una sintonía generalizada.
R. Yo no me he llevado mal con casi nadie. Aprendí desde muy pequeña a respetar el trabajo ajeno. Tengo una magnífica consideración del entorno musical en el que me muevo y respeto los gustos y las propuestas de los demás, aunque difieran por completo de lo que yo hago.
P. A propósito, ¿cómo ve hoy la situación de la industria musical? Parece un tanto paradójico, debido al condicionante de las nuevas tecnologías, que actualmente sea más sencillo que un músico se lo monte por su cuenta, y sin embargo sea casi imposible vivir de la música sin un respaldo de marketing potente.
R. La accesibilidad que tiene ahora para hacer música casi cualquier persona en cualquier sitio es fantástico, sin duda. Lo que pasa es que el número de músicos en activo es infinitamente mayor actualmente. Entonces vivir de esto es complejo. Un pianista clásico que finaliza sus estudios en el conservatorio tras años de disciplina no tiene garantizado el sustento.
»En la música existen muchas maneras de estar y no todos pueden llenar estadios de cien mil personas durante quince días. Hay muy pocos elegidos. Si te gusta la música, te dedicarás a ella aun teniéndolo en contra, pero no está asegurado que el talento, el conocimiento o la experiencia te permita vivir de la música.
P. ¿Ha pensado en cómo lo hubiera hecho ahora si tuviera 20 años?
R. No, me cuesta ponerme en situaciones de cara al pasado o al futuro, tal vez por mi afán de disfrutar de cada momento presente. Siempre he pensado que, de haber tenido la oportunidad de ampliar mis conocimientos, habría estudiado más música. Me hubiera gustado completar la carrera de piano, que abandoné en el tercer curso. Hubiese profundizado en mi formación para tener un mayor conocimiento de disciplinas como la composición.
Luz Casal.
P. Respecto a su relación con el cine –tiene un Goya a la mejor canción por El bosque animado y participó en Tacones lejanos, de Almodóvar–, ¿no le apetece volver a hacer una colaboración?
R. Sí, pero precisamente ahora no puedo hablar de ello [risas].
P. ¿Hay algo en marcha entonces?
R. Hay un proyecto, sí, lo dejamos en unos puntos suspensivos [risas]. Estimo que en aproximadamente medio año se podrá ver.
P. Bueno, al menos podemos contar que hay algo a la vista.
R. Sí, sí. Para mí el cine siempre ha sido una sorpresa. Nunca me planteé hacer canciones para una película hasta que me lo pidieron, ni pensé que una canción mía iba a ser parte de otra producción. Nunca.
"No pienso en las giras de aniversario o los típicos anuncios de despedida para luego acabar regresando"
P. Está cerca de cumplir 45 años de carrera. ¿Avista el final, va a esperar a celebrar las bodas de oro con la música o piensa seguir hasta que el cuerpo aguante?
R. No me lo planteo. Como te decía, me cuesta echar la vista atrás, y también imaginar qué pasará dentro de cinco años. Mi futuro llega exactamente hasta el próximo 26 de diciembre, que es la fecha del último concierto del año. No me preocupa qué va a ser de mí. Lo único que tengo absolutamente claro desde el principio es que jamás estaré alejada de la música, incluso si llego a cumplir cien años. Pero hasta ahí llego.
»Es una sorpresa cuando te recuerdan los años que llevas, pero no lo tengo presente en mi día a día. No me subo al escenario pensando en que ya acumulo más de cuatro mil conciertos. Tampoco pienso en las giras de aniversario o los típicos anuncios de despedida para luego acabar regresando.
P. Por cierto, ¿cómo valora su posición actual en la música, contando con una trayectoria tan consolidada, rodada y respetada por el público?
R. Me resulta aburrido reflexionar sobre qué es lo que significo para la gente o en qué escalafón estoy dentro de la música española. Todo ese tipo de cosas no me interesan mucho. Lo que me interesa es conocer la reacción de una persona determinada cuando acaba un concierto y se me acerca para decirme: "Luz, con tal canción me pasó esto". Ese tipo de experiencias sí me importan, pero no si he vendido más que otro o si he hecho más conciertos.
P. Por último, ¿qué expectativas tiene ante su próximo concierto en Sevilla, en el Auditorio Los del Río de Dos Hermanas?
R. Considerando que actuamos en Sevilla hace escasos meses y que hemos estado recientemente visitando varias localidades andaluzas –en Málaga estuvimos dos días, y también en Jerez, Cádiz, Córdoba...–, el propósito es incorporar alguna canción diferente que no hayamos tocado en esas citas previas. El repertorio principal del espectáculo ya está consolidado, pero nos reservamos la opción de modificar alguna canción en cada velada y poner otra.
