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La última vez que Kanye West, ahora llamado Ye, dio un concierto en España fue en marzo de 2006, en la sala Razzmatazz de Barcelona ante apenas 2.000 personas. Este jueves reunirá en el Estadio Riyadh Air Metropolitano de Madrid a alrededor de 70.000 personas para presentar Bully (2026), su último disco.

En estos 20 años, el rapero estadounidense ha pasado de conquistar la industria musical a ser declarado persona non grata en cinco países: Australia, Reino Unido, Italia, Francia y Suiza, donde le han cerrado las puertas a esta nueva gira.

De hecho, en mayo de este año, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, aseguró que el Gobierno estaba "analizando la situación". Finalmente el concierto sigue en pie.

El principal motivo de estos vetos han sido sus declaraciones antisemitas y de apología del nazismo, difundidas en redes sociales y entrevistas desde 2022, y por la venta de una camiseta con una esvástica en su tienda oficial en 2025, pero a esto se suma un historial de años de polémicas.

El artista, uno de los artistas más galardonados de la historia de los Grammys (24), pasó de codearse con Jay-Z, Rihanna, Justin Bieber, Lady Gaga, Pharrell Williams y John Legend a hacerlo con Candace Owens, la influencer conservadora estadounidense, o el propio Donald Trump.

Concierto de Ye, antes conocido como Kanye West, en Los Ángeles. Tour.Yeezy

Su abierto apoyo político al partido republicano le valió el enfado de la mayor parte de la comunidad afroamericana. "No me importa el racismo. Los negros somos más racistas que los blancos", llegó a decir.

Tras una campaña política incansable por Trump, y un amago de lanzarse él mismo a la carrera presidencial, en 2020 aseguró que dejaba de lado la política para dedicarse por completo a lo creativo.

Sin embargo, después llegaron el acoso continuado hacia su exmujer Kim Kardashian tras su divorcio, una ola de demandas laborales por parte de antiguos empleados, las críticas por el control estilístico que ejerce sobre su nueva mujer, Bianca Censori, y sus ataques a la comunidad judía.

Documentales como In Whose Name? (2025) y Jeen-Yuhs: A Kanye Trilogy (2022) retratan bien el ascenso y la caída de un ídolo de masas, enrabietado con el mundo y obsesionado con no ser "un esclavo del sistema" ni que su vida dependa de "contratos", como el acuerdo multimillonario que mantenía con Adidas, ni de la medicación que necesita. "Prefiero estar muerto o en la cárcel que medicado".

El artista ha pedido perdón públicamente en varias ocasiones, achacando su conducta a sus problemas de salud mental; pero fue en enero de 2026 cuando publicó por primera vez una extensa carta de disculpa titulada A quienes he herido en The Wall Street Journal.

En el texto pedía perdón por su comportamiento tanto a la comunidad judía como a la afroamericana, alegando que sus actos se debieron a un episodio maníaco severo, agravado por el trastorno bipolar que padece, y por la lesión en el lóbulo frontal del cerebro que le dejó un grave accidente de tráfico de hace 25 años.

"Me arrepiento y me siento profundamente avergonzado por mis acciones en ese estado, y estoy comprometido con asumir la responsabilidad, el tratamiento y un cambio significativo. Sin embargo, eso no excusa lo que hice. No soy nazi ni antisemita. Amo al pueblo judío".

La oleada de rechazo que ha recibido por parte de la industria y las cancelaciones de su gira podría haber sido el detonante de que West pidiera finalmente perdón. Unas disculpas que sus fans más fieles no necesitaban.

El rapero estadounidense ha construido un fandom incondicional, que todavía ve en él a un genio incomprendido. En un momento en el que cualquier artista puede acabar siendo cancelado por sus fans por cualquier cosa —si no, que se lo digan a Rosalía—, muchos de sus seguidores han erigido a West como un ídolo incancelable y en guerra perpetua con el sistema.

Su último álbum, Bully, debutó en el número 2 de la lista estadounidense Billboard 200, a pesar de recibir críticas muy tibias por parte de la crítica musical y estar alejado de sus mejores discos: My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010), The College Dropout (2004) y Late Registration (2005).

Aun así, las pocas fechas que han podido llevar a cabo de su gira mundial han dado que hablar. Durante su concierto en Estambul el pasado 30 de mayo, el propio rapero aseguró haber batido el récord del mayor evento en un estadio de la historia con 118.000 entradas vendidas.

Una gira gafada que viene acompañada de una apabullante escenografía: una enorme esfera inflable de 30 metros que simula un planeta giratorio.

Una estructura, diseñada por el director visual Aus Taylor (colaborador habitual del artista) sobre la que Ye actúa de pie, mientras la superficie se transforma visualmente de la Tierra a la Luna mediante un despliegue de luces láser, humo y proyecciones.

Esta misma puesta en escena es la que se espera en el Metropolitano, en un concierto rodeado ya de por sí de controversia. El evento, gestionado al margen de las grandes promotoras habituales, se ha visto envuelto en la polémica tras el enfado de los fans por las drásticas bajadas de precio posteriores a la preventa y los rumores de fraude desmentidos por el propio Atlético de Madrid.

Un cóctel de caos y expectación que, aun así, demuestra que las puertas de nuestro país siguen abiertas para Kanye West.