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Como en la mítica serie noventera Twin Peaks, el concierto que dieron Él mató a un policía motorizado y León Benavente logró conjugar estilos muy distintos, elementos de todo tipo y sensaciones únicas, equilibrando sus bondades para crear un espectáculo impresionante.

La mención a la serie de David Lynch y Mark Frost no es arbitraria: la icónica cabecera de la ficción, compuesta por Angelo Badalamenti, fue lo primero que el público presente en la noche del jueves pudo escuchar, mientras saltaba al escenario la banda argentina Él mató a un policía motorizado. Los argentinos de La Plata comenzaron sin mayor floritura, con esa chulería característica por la que no necesitan más que su presencia para ser magnéticos.

Sin grandes gestos, escondido detrás de su bajo, que blandía como si de un fusil se tratase, el frontman de la banda, Santiago Barrionuevo, más conocido como Santiago Motorizado, empezó con alguna dificultad para llegar a las notas más agudas, al filo de que se le quiebre la voz y casi siendo comido por la banda.

Un momento del concierto de Él mató a un policía motorizado. Noches del Botánico / Fer González

Para suplir estas complicaciones iniciales, ya estaba el público, que coreó cada letra y se unió a la excelsa instrumentación. El grupo incluso se animó a introducir nuevos arreglos, cogiendo fuerza en los momentos en los que se metieron de lleno en el rock progresivo que caracteriza los outros de muchas de sus canciones.

Poco a poco, la agrupación se fue creciendo, y el vocalista se hizo consciente de que ya tenía al público en el bolsillo, saludando e incluso vacilando con acabar cuando aún les quedaba más de la mitad del set. El buen humor estuvo tan presente que ni siquiera la inevitable mención futbolística pudo arruinarlo.



Al igual que ya hicieran El Zar hace diez días en el mismo escenario, Él mató quiso hacer un guiño a su selección, que perdió el pasado domingo la final del mundial contra España. El grupo recordó a su equipo revelando una imagen proyectada de Lionel Messi en la que se podía leer la frase "darte siempre a vos en la derrota", de su canción El Tesoro.

La referencia fue recogida con gritos y algún cántico en apoyo de la reciente campeona del mundo, pero los aplausos no tardaron en llegar, en reconocimiento de un gesto tan enternecedor como valiente, perfecta muestra de la hermandad entre dos países que ni el fútbol puede romper. Todo hay que decirlo, cuando llegó el momento de despedirse, el vocalista felicitó a toda España por la victoria.

Santiago "Motorizado" en el concierto en Noches del Botánico Noches del Botánico / Fer González

Con las últimas canciones parecía que la banda estaba retando constantemente a sus fans. Una a una, Barrionuevo preguntaba burlón si el público quería una más, como si los gritos, saltos e incluso pogos no fueran ya suficiente respuesta. Esta chulería y diversión llegaron a su punto álgido en Mi próximo movimiento, que cerró por todo lo alto el show y fue el trasvase de energía perfecto para la segunda parte.

La referencia del inicio a Twin Peaks puede volver a servir aquí. Lynch hizo del doble y del reflejo un elemento fundamental en toda su filmografía. De forma parecida, la entrada de León Benavente al escenario fue una especie de espejo para lo que había sido la hora y cuarto anterior.



La chulería seguía estando ahí, las ganas del público eran las mismas, pero donde antes había carisma tranquilo, ahora reinaba el gamberrismo de un Abraham Boba que salió a comerse el escenario desde el segundo uno.

Abraham Boba en el concierto de León Benavente en Noches del Botánico. Noches del Botánico / Fer González

Esta absoluta entrada de rockstar, embutido en un traje azul, sin corbata, pero con camisa de lunares y unas grandes gafas de sol que no se quitó ni un momento empezó con una declaración de amor directa a Noches del botánico, recordando las veces anteriores que habían tocado en el festival, y que posteriormente apoyaría, defendiendo eventos como este "que no juntan 5.000 grupos y son la mejor manera de sacar todas las emociones". Además, hizo una promesa que cumplió sin dudar: darlo todo.

En contraposición a Barrionuevo, su carisma viene de ser el protagonista absoluto, hablando mucho más con el público, excéntrico como siempre y con una vivacidad que levantó a todos hasta el último rincón para ponerlos a saltar. Si no estaba bailándole a su sintetizador, estaba yendo de un lado a otro del escenario sin parar quieto y levantando vítores en cuanto se acercaba a una zona.

Todo ello sin rebajar en lo más mínimo la voz, que parecía soportar todo después de tantos años conquistando festivales por todo el mundo, casi como si no necesitara aire después de un esfuerzo tan inmenso, como si le poseyera una fuerza mayor.

El sonido sintetizado y más pop complementó perfectamente a las guitarras de Él mató, sumando a la energía con ritmo y baile. Este era el primer deseo del vocalista, el cual dejó claro al excitado respetable desde el primer instante, además de pedir que en las gradas también se pusieran de pie: "Ya está bien de estar sentado tanto tiempo". Ellos obedecieron encantados.

Un instante del concierto de León Benavente en Noches del Botánico. Noches del Botánico / Fer González

Para poner estas exigencias, ellos tenían que hacer su parte, y la cumplieron con creces. Si no, que se lo digan a todos los que vivieron en la pista la interpretación de Mítico, dejándose garganta, tobillos y pulmones en una versión con el outro alargado para poner a todo el público a botar con una instrumental techno-pop impresionante.



Y por si a alguien le había faltado intensidad, el vocalista se bajó a la primera fila para interpretar Su verso, y tanto fue el amor que le demostraron que, para cerrar, repitió con Ayer salí, haciéndose uno con el público y dejando claro que precisamente lo que cuenta la canción es lo que les deparó a muchos las siguientes horas, cerrando por todo lo alto una noche redonda.