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A Maria Arnal (Badalona, 1987) le gusta ser una eterna aprendiz, a pesar de llevar más de una década en la industria musical. Empezó su andadura con Marcel Bagés, con el que ha publicado cuatro discos. El último, titulado Clamor (2021), puso fin a su colaboración artística.



Curiosa e inquieta, mientras gestaba su primer álbum en solitario, Arnal ha compuesto la banda sonora de La virgen roja (Paula Ortiz, 2024), que le valió una nominación a los Goya, Polvo serán (Carlos Marques-Marcet, 2024), y ha colaborado en tres espectáculos de danza junto a Marcos Morau, director de La Veronal, compañía con la que viajará a Tokio este verano.



Además, gracias a una beca del programa S+T+ARTS de la Comisión Europea, ha trabajado en el Barcelona Supercomputing Center investigando los límites y expansiones de la voz en el siglo XXI. De ahí nace Ama, un disco producido por ella, junto a Alizzz y Pau Riutort, donde explora la polifonía, multiplicando su voz y convirtiéndola en un coro de hasta 60 capas vocales. No ha dejado atrás su alma de cantautora, sino que la ha llevado al límite.



Pregunta. Este nuevo disco es algo completamente distinto a lo que venía haciendo junto con Marcel Bagés. ¿Cómo ha sido volar sola por primera vez?



Respuesta. Era algo que deseaba desde hace mucho tiempo, y he estudiado mucho de producción musical para poder hacer el disco como yo quería. Este proyecto representa a una María mucho más madura y técnicamente más preparada. Canto muchísimo mejor que hace diez años y las letras reflejan esa evolución. El disco está compuesto desde el lugar de eterna aprendiz, que me encanta porque me mantiene muy humilde. En mi canto sigue habiendo ese gusto por lo antiguo, pero aparecen nuevas voces digitales que son parte de mi instrumento.



P. El nombre del álbum son las iniciales de su prima y de sus tíos, que fallecieron por VIH en los noventa. ¿Cómo ha sido volver a ese duelo?

R. Está dedicado a la primera gran herida de mi corazón. Mi prima era como una hermana, porque nos criamos juntas. Murió cuando tenía 15 años y yo 13. Dejó una carta que mi padre me dio años después, y nunca la pude responder. Este disco es una carta en la que le explico quién soy ahora, y habla mucho de las sensaciones físicas. No he querido intelectualizar el disco ni hacer grandes proclamas, no quiero esconderme detrás de eso. Me presento como soy, como ama de mi propio arte, de mi propia voz, de esta historia contada a mi manera. Significa un momento de reenamoramiento de mi oficio.

P. Justo este año, a través de la ficción, desde la serie Silencio, de Eduardo Casanova hasta Romería, de Carla Simón, se ha dado mayor visibilidad al sida y el VIH. ¿Se está dejando atrás el estigma?



R. Siento que hay una generación que hemos vivido esas muertes, pero que no vivimos la época del estigma, porque éramos niños. Y, desde diferentes perspectivas y experiencias, hay una necesidad de poner palabras al silencio.

P. ¿Cómo ha integrado toda su investigación tecnológica en este disco?



R. El intento de los seres humanos de reproducir la voz humana es muy antiguo, cada época ha usado su propia tecnología para hacerlo. Y la actual permite separar el timbre de una voz de su cuerpo. Por eso mi voz en este disco es más compleja: tiene una parte física, pero también una digital. Me gusta pensar en ello como una metáfora de un microscopio, que te permite ver lo que tu cuerpo no puede. Estas voces digitales son como prótesis vocales. A través de ellas me conectan con una presencia totalmente viva que no existe físicamente: la de mi prima.

P.¿Qué otros referentes le acompañan en Ama?



R. Está nutrido de las mujeres de mi vida y de tantas artistas que han sido invisibilizadas u olvidadas. Creadoras como la fotógrafa Nan Goldin, que vivió la época del VIH y luchó por visibilizar y frenar el estigma; Carla Simón, cuya historia familiar es similar a la de mi prima; la escritora Sara Torres, que explica cómo pueden convivir la pulsión erótica y la de la muerte; Holly Herndon, que trabaja también con voces sintéticas y para mí es una hermana mayor en la música; y Catalina Vicens, una organista increíble.



P. ¿Cómo explicaría su manera de trabajar para que se entienda esa dimensión artesanal?



R. He trabajado con mis propios archivos vocales, entrenando distintos modelos y clonando dimensiones de mi voz. No es inteligencia artificial generativa. Es artesanal y muy ético, porque trabajo con mis propias muestras, no con los datasets de nadie más. Busco usar mi proyecto para explicar que se puede usar la IA de esta manera, y que no es contradictorio con condenar determinados usos. La IA es totalmente dependiente de decisiones humanas. Va a moldear nuestras vidas, no tiene sentido condenarla sin entender cómo funciona.



P. Cada vez se habla más del éxito de artistas y cantantes creados con IA que arrasan en las listas, como Xania Monet. ¿Cómo ve este fenómeno?



R. Hay gente que no son cantantes y para ellos será como un autotune, una herramienta más. Aunque creo que este tipo de experimentos van a caducar con el tiempo. Ahora se está testando esta tecnología, la gente la prueba desde su propia creatividad: hay quien hace chorradas y hay quien hace cosas muy chulas, como Holly Herndon.



P. Especialmente en el mundo de la cultura hay mucho rechazo a la IA. ¿Por qué produce tanto miedo?



R. Porque el mundo está loco, no hay valores éticos que se respeten, estamos en un contexto de capitalismo desenfrenado y es una tecnología que genera dinero. Hay aplicaciones de la IA que son horribles, como la usada para armamento militar. Es una tecnología muy potente en manos de gente muy irresponsable. Pero la gente común tenemos que entender este conocimiento porque pueden pasar cosas muy buenas con esta tecnología, por ejemplo, en el campo de la medicina.



P. Sus padres son profesores; su madre, de ciencias naturales. ¿Su curiosidad por la tecnología le viene de ellos?



R. Sí, al final no veo la ciencia como algo inaccesible, sino como un querer saber. Hay tanto que no sabemos. ¿Cómo funciona este ordenador? ¿Cómo se hace este vaso de cristal? ¿Por qué me crecen las uñas? Todo tiene preguntas.