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No hay duda de que una de las citas más interesantes de la temporada es la del reestreno, tantos siglos después, de Andrómeda y Perseo con texto de Calderón de la Barca y música, se supone con bastante certeza, de Juan Hidalgo.

Entre este miércoles 30 de septiembre y el 10 de octubre se ofrecerán seis representaciones en la Fundación March, que aparece asociada al Teatro de la Zarzuela, coproductora en este caso, siguiendo una estupenda costumbre de años. La iniciativa es de lo más interesante y jugosa y permitirá apreciar de nuevo la entidad y expresividad de los pentagramas del compositor y el verbo del libretista.

Hidalgo (Madrid, 1614- 1685) estuvo muy unido a Calderón en diversas aventuras zarzuelísticas y era especialmente hábil en el manejo sofisticado de la métrica, lo que destaca en sus tonos humanos y divinos, composiciones a una sola voz que se ve acompañada por un pequeño conjunto instrumental.

Planteamiento que se diversificaba con especial destreza cuando se trataba de reunir varias voces incrustadas en un desarrollo dramático, algo que se advierte de forma muy clara en el planteamiento y soluciones musicales de Andrómeda y Perseo.

Concebida como una herramienta de diplomacia cultural para estrechar los lazos de las ramas española y austríaca de los Habsburgo, estamos ante uno de los hitos fundacionales del teatro lírico español.

Andrómeda y Perseo recrea la fábula mitológica del héroe que, tras descubrir su origen divino, emprende un viaje de iniciación marcado por profecías, naufragios, monstruos y revelaciones.

En su camino, Perseo deberá enfrentarse a Medusa y al monstruo marino que amenaza a Trinacia para salvar a la princesa Andrómeda, víctima de un sacrificio impuesto por los dioses. La obra despliega así un universo de aventuras, metamorfosis y fuerzas sobrenaturales en el que se entrelazan el amor, los celos y la búsqueda de identidad.

Con 'Andrómeda y Perseo' estamos ante uno de los hitos fundacionales del teatro lírico español

Álvaro Tato, autor de esta versión, nos explica que la ópera, si queremos llamarla así, "fue concebida como una verdadera superproducción, comparable a los musicales contemporáneos en su abrumador despliegue técnico y en su ambición artística".

Tenemos como gobernador de la parte musical al siempre puntilloso y fantasioso Aarón Zapico. Autor ya de tantas recuperaciones y actualizaciones, tocará el clave. Y dirigirá a un pequeño grupo constituido por Tamar Lalo y Rita Rógar, flautas; María Saturno, viola da gamba, y Nacho Laguna, tiorba y guitarra barroca.

Nuria Castejón, cada vez más certera en sus planteamientos, ilustrará la escena, decorada por Pablo Menor e iluminada por Albert Faura. Figurines de Gabriela Salaverri.

En el reparto aparecen, cada uno con distintos papeles a su cargo, Pilar Alva-Martín y Maëlys Robinne, sopranos; Rita Filipe y Andrea Rey, mezzos; Gabriel Díaz, contratenor, y Javier Blanco, bajo barítono. E intervienen hasta doce integrantes de la 7.ª Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico. El espectáculo podrá verse más tarde en el Teatro de la Comedia de Madrid del 4 al 13 de diciembre.