Como si se hubiese impuesto la obligación de prolongar una tradición familiar, Zoe Kazan (Los Ángeles, 1983) adapta la misma novela de John Steinbeck que su abuelo Elia Kazan llevó a la gran pantalla en 1955. El lazo genealógico que impulsa a leer esta nueva versión de Al este del edén (2026) como una suerte de tributo que la nieta le rinde a su laureado antepasado no debe hacernos olvidar que el oficio que ambos desempeñan dentro del engranaje industrial es bien distinto y, a la postre, crucial para entender las diferencias entre ambas versiones. Elia era director, Zoe ejerce aquí como guionista.
En la versión de hace 71 años, el guion firmado por Paul Osborn apenas da cuenta del último tercio de la novela original, sometiendo el material a una poda considerable no solo en lo relativo al argumento, sino también en cuanto a la supresión de personajes y a la destilación de los conflictos. Con esos mimbres, el director de Un tranvía llamado Deseo (1951) exprimió al máximo la electrizante actuación de James Dean y le imprimió al filme un carácter airado, en consonancia con el temperamento de su protagonista.
Por su parte, Zoe Kazan asume la extensión de la novela en su totalidad, con esa composición especular que arranca con el exmilitar Cyrus Trask (Tracy Letts) educando a sus hijos Adam (Christopher Abbott) y Charles (Mike Faist), el primero enviado a la guerra para revertir lo que su padre considera un exceso de pusilanimidad, el segundo dejado a cargo de la granja familiar para atemperar su volcánico carácter.
Reformulación explícita del pasaje bíblico sobre Caín y Abel, en Al este del edén la cuestión del malditismo genético se propaga como una plaga a través de dos generaciones. La irrupción de Cathy Ames (Florence Pugh), que llegará arrastrándose al caserón que Charles y Adam, con quien la atractiva joven acabará casándose, han heredado tras la muerte de su padre, incorporará a la genética familiar un grado de maldad superior que eleva la carga de iniquidad que ya contenía el ADN de Cyrus y que pervive en Charles.
La segunda mitad de esta miniserie producida por Netflix se espeja en la primera, pues Aron (Joe Anders) y Caleb (Joseph Zada), los hijos de Adam y Cathy, quien abandonará a los recién nacidos para instalarse en un burdel, experimentarán los mismos dilemas a propósito de sus pulsiones que los que afectaron a sus antecesores.
Sucede que toda la parte que el guion de Osborn nos escatimaba y que el espectador infería a golpe de devastadora revelación –recurso que funcionaba, precisamente, porque la figura de Cathy venía envuelta en un aura de misterio– aquí es sustituido por una explicitud que emana de los diálogos. Basta con comparar el desenlace del filme de Elia Kazan, en el que el perdón paterno se administra a través de una sola frase (“Quédate conmigo. Cuídame tú”), con el explicativo final escrito por su nieta.
Asesinada por la la literalidad, la nueva adaptación del clásico de Steinbeck termina por olvidarse del apartado visual. Estamos ante un melodrama plano, que del género solo toma prestado el énfasis musical pero que es incapaz de transmitirle a sus imágenes la fuerza huracanada propia de unos personajes que luchan contra su destino. El trabajo de realización de Garth Davis y Laure de Clermont-Tonnerre apenas deja un par de secuencias reseñables (el arranque, por ejemplo).
Christopher Abbott, Junto a Jonah Wren Phillips y Bodhi Aisher. Arriba, Florence Pugh, en un momento de 'Al este del Edén'
Elia Kazan entendió que la depuración a la que había sido sometida la novela de Steinbeck debía igualarse desde la composición. Por ejemplo, en la serie, el romance entre Caleb y Abra pasteuriza los encantos de un amor prohibido mediante la dilatación temporal y las continuas elipsis, mientras que en el filme se vive como una enorme traición, otro motivo más para que Aron tome la decisión de alistarse en el ejército. La magnificación de esos conflictos se trasladaba a una puesta en escena arrebatada, con composiciones abigarradas (la inolvidable secuencia en la fábrica de hielo) o angulaciones oblicuas que mostraban el modo en que Caleb (James Dean) desestabiliza el núcleo familiar y cómo su padre trata de reequilibrarlo. Nada de eso queda en la lujosa producción de Netflix.
De entre las novedades que brinda la fidelidad al texto matriz quizá lo más vistoso sea el desarrollo del personaje de Cathy. Aquella mujer enigmática cuya composición le valió el Oscar a Jo Van Fleet revive en los contornos de una portentosa Florence Pugh, crisol en el que se funden las villanas de todos los tiempos, de Eva a su propia Lady Macbeth (William Oldroyd, 2016).
Sin embargo, el gran aporte llega de la mano de un personaje eliminado en la versión de 1955. Hablamos de Lee (magnífico Hoon Lee). Como si Lao Tse hubiese preferido acuñar aforismos mientras ejercía como mayordomo de Adam y preceptor de sus hijos, Lee incorpora al relato unas cuantas actualizaciones que dialogan con el presente: desarticula el discurso de los colonizadores, establece con Adam una dialéctica de clase y termina por plantear un modelo de familia alternativo. Ese es, probablemente, el mayor logro de la fidedigna y, ¡ay!, desustanciada versión de Zoe Kazan.
Al este del Edén
Creador: Zoe Kazan
Intérpretes: Florence Pugh, Christopher Abbott, Hoon Lee
Año: 2026
Plataforma: Netflix
Estreno: 1 de octubre
