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La trayectoria de Olivia Wilde como directora es corta pero ha dado mucho que hablar. Con solo tres películas, la actriz ha conseguido desmarcarse de los malogrados intentos de muchos intérpretes por labrarse una carrera como cineastas.



No sin algún bache, como lo fue su segundo filme No te preocupes, querida (2022) –demasiado salpicado de controversia–, pero se podría decir que la realizadora neoyorquina tiene buena mano para los proyectos.



En su ópera prima, Súper empollonas (2019), Wilde le devolvió la frescura a las estereotipadas películas de adolescentes; y con su tercer proyecto, La invitación, firma un remake que supera a la cinta original.

El filme, que se estrena en cines este viernes, adapta la película española Sentimental (2020), dirigida por Cesc Gay. Esta partía a su vez de su propia obra de teatro, Los vecinos de arriba, título con el que también se bautizó la adaptación coreana estrenada en 2025.



Aunque en un principio la versión estadounidense la iban a dirigir Jonathan Dayton y Valerie Faris (Pequeña Miss Sunshine, Ruby Sparks), la historia cayó en manos de Wilde, quien aseguró en una entrevista que conectó con el guion porque atravesaba una etapa similar a la de los protagonistas, al borde del fin de su mediático matrimonio con el actor Jason Sudeikis.

En comparación con otros países, como Francia, son contadas las adaptaciones de Hollywood del cine español. La más reciente, la versión de Campeones (Javier Fesser, 2018) que hicieron en 2023, y la más notable, Vanilla Sky (Cameron Crowe, 2001), el remake de Abre los ojos (Alejandro Amenábar, 1997), protagonizada por Tom Cruise y Penélope Cruz.

La invitación supone la segunda adaptación de una película española que protagoniza Cruz tras aquel clásico de ciencia ficción. La intérprete también está aquí bien acompañada por Seth Rogen, Edward Norton y la propia Olivia Wilde, quienes conforman el cuarteto de esta comedia de salón.

A diferencia de la película de Cesc Gay, La invitación bien podría ser una comedia romántica. Algo amarga, sí, pero muy entretenida.

Si el cineasta español lo apostaba todo a los intérpretes, creando una atmósfera demasiado teatral e incómoda, Wilde aprovecha otros recursos para hacer una divertida película sobre las relaciones de pareja.



La música del talentoso compositor Devonté Hynes da ritmo al filme, alimentando esa tensión que se masca con cada encontronazo entre los protagonistas. La química entre ellos fluye gracias a la elección de los actores.



Cruz da vida a Pina, una terapeuta y sexóloga española; Norton, a Hawk, un bombero que está intentando rehacer su vida liberándose sexualmente; Wilde, a Angela, una ama de casa amante del interiorismo, y Rogen, a Joe, un músico retirado que ejerce como profesor en una orquesta mediocre.

Fotograma de 'La invitación'. A24

Interpretan a dos parejas que viven en el mismo edificio, pero en etapas radicalmente distintas entre sí: un matrimonio abocado al divorcio y un noviazgo muy pasional. Si la primera –interpretada por Wilde y Rogen– es el reflejo de un amor ya desgastado, la segunda –con Norton y Cruz– encarna esa perpetua luna de miel propia de quienes acaban de empezar.



La pareja veterana, a pesar de sus recelos y envidias, invita a cenar a sus vecinos para enseñarles la reforma de su apartamento. La velada, aparentemente inofensiva, saltará por los aires cuando estos les sorprendan con una propuesta mucho más atrevida.



Esta invitación a la inversa acaba siendo un reto para una pareja que se presuponía moderna y progresista, pero que debe enfrentarse antes a su propia realidad: que hace tiempo que han dejado de escucharse.



Aunque todo transcurra en un solo espacio, la película muestra lo mucho que pueden revelar de nosotros cuatro paredes. En la casa de Angela y Joe todo parece perfecto de cara a la galería –cocina amplia, salón elegante–, salvo por la habitación principal, la única estancia que todavía está sin acabar y que planean pintar en un frío azul nórdico, tan helado como su vida sexual.

Sin embargo, para Hawk y Pina, pareja liberal y desinhibida, la cena también resulta reveladora, un recordatorio de lo que puede acabar siendo su relación si no resuelven sus pequeñas diferencias. Aunque todos están muy bien –Penélope Cruz suena incluso entre las favoritas a mejor actriz de reparto en los Oscar – el cómico Seth Rogen es probablemente lo mejor de La invitación.



Este hombre de mediana edad, decepcionado con lo que ha acabado siendo su vida, resulta más humano que el personaje de la película de Gay, interpretado por Javier Cámara, intachable interpretativamente, pero excesivamente infranqueable.



Con Rogen somos capaces de entender el resentimiento de un hombre patoso e inseguro, que acaba resultando hasta entrañable. Se nota que a Olivia Wilde, que estrenará en 2027 otra comedia con Jennifer Aniston y Peter Dinklage (Naughty), le gusta este género y confía en que es capaz de llenar las salas de cine. En España ya lo sabemos, en Estados Unidos quizá empiecen a enterarse gracias a ella.