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Los momentos más revolucionarios de la historia pueden desencadenarse por los motivos menos solemnes o más pueriles.

Por ejemplo, en la Grecia clásica, Hiparco, hermano del tirano Hipias, intentó seducir al joven Harmodio. Este lo rechazó y se lo contó a su amante, Aristogitón. Hiparco decidió vengarse humillando públicamente a la hermana de Harmodio. Ambos respondieron organizando una conspiración y asesinaron a Hiparco en 514 a. C. Su hermano Hipias conservó el poder, pero, tras el asesinato, endureció el régimen y mandó ejecutar a numerosos ciudadanos.

En 2003, un tal Mark Zuckerberg, estudiante de Harvard con capucha y vaqueros anchos, era un tipo brillante al que las chicas no hacían caso. Al menos así lo presenta La red social (2010). Como venganza, no humilló a la hermana de la mujer que lo había dejado, como Hiparco, ni desató una represión sangrienta, como Hipias, pero sí creó Facemash, una web machista en la que podía "vengarse" de esas chicas que no lo miraban puntuando sus atributos físicos.

La película de David Fincher, escrita por Aaron Sorkin, mostraba a Zuckerberg (interpretado por Jesse Eisenberg) como un tipo brillante y extremadamente inteligente, pero también resentido, "incómodo en su piel", como dice Sorkin, que acaba dejando en la estacada a sus colaboradores y socios durante los primeros pasos de Facebook.

Sorkin contraataca

Con su perpetua cara de palo, sus movimientos algo robóticos y su inmensa fortuna, Mark Zuckerberg despierta admiración, pero también muchos recelos por el poder que acumula. Sin duda, La red social, que fue un éxito comercial y de crítica en todo el mundo, no hizo mucho por mejorar la imagen del magnate. Aunque tampoco parece haberle causado demasiado daño, a la vista de los espectaculares resultados de Facebook y del dominio de su compañía sobre Instagram y WhatsApp.

Célebre guionista de la serie El ala oeste de la Casa Blanca y de películas extraordinarias como Algunos hombres buenos o Moneyball, Aaron Sorkin vuelve a la carga con El precio de la red.

La película retrata el momento en que Zuckerberg, preocupado porque los usuarios de Facebook pasaban cada vez menos tiempo en la plataforma, decidió, lisa y llanamente, rebajar los controles para que camparan a sus anchas los contenidos más sensacionalistas.

El protagonismo de El precio de la red, al estilo de las películas clásicas de periodistas, recae en Jeff Horwitz (Jeremy Allen White, The Bear), periodista de The Wall Street Journal que investigó los "Facebook Files" ("Los archivos de Facebook").

Sus reportajes revelaron cómo la compañía presentó como una estrategia para "fortalecer las relaciones personales a través de la plataforma" un cambio de algoritmo que favorecía los contenidos más sensacionalistas. Verdaderos o falsos, daba igual: discursos de odio, xenofobia y todos los horrores conocidos.

La película arranca con una secuencia de impacto: una mujer rubia, en estado de ebriedad, se encara con dos policías —un hombre negro y una mujer hispana— y se presenta como víctima de acoso por ser "americana en América". Mientras tanto, se graba y comparte la escena en redes, segura de que su gesta la convertirá en una heroína MAGA.

Horowitz contó con la imprescindible ayuda de Frances Haugen (Mikey Madison, la oscarizada protagonista de Anora), una empleada del departamento de "integridad" de Facebook que cree sinceramente que las redes sociales pueden construir un mundo mejor.

Al principio de la película, la valerosa Haugen trata de hacer llegar a la dirección, por todos los medios posibles, varios informes que demuestran que Facebook se está convirtiendo en un campo de batalla ideológico en el que resulta imposible distinguir la información de calidad de la mentira.

Maestro del diálogo, Sorkin mueve la cámara para contrarrestar el aire teatral que suelen tener las películas que escribe o dirige, tan apoyadas en los actores y en lo que se dicen. El resultado es una película clásica hasta la médula, con ecos de Todos los hombres del presidente, sobre la investigación del Watergate; Spotlight, sobre los abusos sexuales a menores en la Iglesia, o Snowden, de Oliver Stone, sobre el hombre que reveló los programas de vigilancia masiva del Gobierno de Estados Unidos.

Goliat contra Goliat

Detrás de El precio de la red hay un sentido homenaje de Sorkin, que ya creó la serie The Newsroom, al periodismo clásico, a la vieja usanza, comprometido con sus valores y capaz de transformar la sociedad.

Él mismo describe su historia como la de "David contra Goliat". Sin embargo, Horwitz, una estrella del periodismo político con un buen sueldo en The Wall Street Journal, contó también con el respaldo de un periódico del imperio de los Murdoch, responsables asimismo de Fox News y de su maquinaria de desinformación.

Nada de esto resta mérito a Haugen ni al incansable periodista, pero añade otro trasfondo a la historia: la pugna entre dos gigantes empresariales, Meta y el imperio de los Murdoch, por el control de la información y, en último término, de la sociedad.

El precio de la red muestra una realidad inquietante que merece toda nuestra atención. Sorkin no es un cineasta tan inspirado como Fincher y su película es más convencional y menos virtuosa que La red social, pero resulta sólida, está bien contada y bien interpretada, y tiene algo importante que decir. Ya no volverán a ver Facebook de la misma manera. Eso seguro.