Diego Luna (México, 1979) se maneja perfectamente entre un equilibrio complicado: ser un actor del star system de Hollywood y al mismo tiempo un cineasta comprometido. Ha trabajado con directores de la talla de Steven Spielberg o Woody Allen, y participado en superproducciones como Star Wars, pero lleva desde 2007 dando vida a historias aparentemente pequeñas, pero universales.
Ahí podríamos enmarcar Ceniza en la boca, su quinta película como director, que llega a las salas españolas este viernes. "Este cine es el que escojo dirigir porque me permite ser totalmente independiente, libre", explica Luna a El Cultural durante su paso por Madrid. "Me siento cada vez más en control de lo que estoy diciendo o de las preguntas que quiero poner ahí".
Si escoge hacer este tipo de cine, asegura el cineasta, es para regresar a su centro, para hablar de lo que es esencial para él. La familia y la migración siempre han sido temas centrales en su filmografía —Mr. Pig (2016), César Chávez (2014)—, especialmente la de su país.
"Todos esos migrantes que tienen que atravesar México y toda su violencia para llegar a una frontera hostil, a un país con una política migratoria brutalmente injusta y violenta, más ahora obviamente con Donald Trump en esta última década", señala.
Sin embargo, hace cuatro años, el cineasta mexicano descubrió la novela de Brenda Navarro, que le hizo reparar en una realidad que apenas había contemplado: el éxodo latinoamericano hacia Europa, con España como principal puerta de entrada.
"Atravesado" y "removido" por el libro, cuenta Luna, decidió adaptarlo al cine, para contar las múltiples heridas y fracturas familiares que trae la migración.
La historia cuenta la vida de Lucila (Anna Díaz), una joven mexicana que, junto a su hermano pequeño, viaja a España para reencontrarse con su madre, Isabel (Adriana Paz), que emigró ocho años atrás en busca de un futuro mejor.
Lucila intenta salir adelante, primero en Madrid y luego en Barcelona, a través de trabajos precarios y una pequeña red de apoyo, a la vez que intenta reconciliarse con su madre. Mientras que ella vivió su ausencia como un abandono, una responsabilidad que le obligó a hacerse cargo de su hermano y a madurar de golpe, para la madre fue un sacrificio.
"Para mí esta película habla sobre la ausencia materna, y ese es el tema más íntimo y más viejo en mi historia", cuenta el cineasta, que perdió a su madre cuando él solo tenía dos años.
Diego Luna durante el rodaje de 'Ceniza en la boca'.
Por eso, apunta Luna, la película no trata sobre los retos y riesgos que conlleva el viaje, sino en la cotidianidad de una mujer migrante que no tiene ni tiempo ni espacio.
"Tendemos a decir que la migración solo trata de alguien que quiere buscar oportunidades y trabajo, pero no, la gente no busca eso, la gente busca vivir, eso que a veces nosotros damos por hecho: tener un espacio donde te sientes bienvenido, tiempo para divertirte, para aburrirte, para amar, para cometer errores y poder volver a empezar".
Ceniza en la boca es también un retrato del rechazo, la discriminación y las violencias veladas que sufren diariamente los inmigrantes. Aun así, Luna, que ha trabajado mucho aquí y conoce bien nuestro país, no cree que España sea un país racista. "No se puede generalizar", asegura. Para él, estamos frente a un fenómeno global. "Se está viviendo en el mundo entero: lo reconozco en mi país también y es igual de urgente".
"Lo que estamos viendo es probablemente la peor versión de nosotros como sociedad. Hoy hay un orgullo ante discursos ignorantes que son violentos y xenófobos. Hay una estridencia que está siendo capitalizada por las peores fuerzas políticas y económicas. Pero eso no define a una sociedad, eso es un sector".
Un sector, añade, que resulta "escandaloso y vende mucho", pero prefiere celebrar el otro lado. "El trabajo comunitario es la única solución ante esto que estamos viviendo".
A Diego Luna le gusta hacer películas íntimas, que puedan llegar a ser populares. El cineasta, en un momento en el que la inmigración está tan deshumanizada, busca que Ceniza en la boca invite al público a ponerse en los zapatos del otro. "Y a lo mejor cuando dejemos que esa curiosidad nos motive, podremos aspirar a ser una mejor versión de nosotros".
