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Hasta 2020, menos de 400 personas habían logrado escalar el K2, en la cordillera de Karakórum, ubicada en la frontera entre Pakistán, la India y China. Hoy, la cifra llega casi a 1000. En los últimos años la comercialización del alpinismo extremo ha traído hallazgos de nuevas rutas, mayor ayuda de guías locales y nuevas tecnologías que han permitido acercar a muchos más escaladores a la conocida como "la montaña salvaje".

El pico asiático, el segundo más alto del mundo, se ha ganado este nombre a pulso. La cumbre presenta una peligrosa mezcla de gran verticalidad, secciones sin zonas posibles de descanso, climatología extrema y muy cambiante y dificultades para la asistencia y llegada de equipos de rescate. Todo esto es teniendo en cuenta que las condiciones puedan ser adecuadas para una subida.

Sin embargo, en 2021, un grupo de exploradores decidió llevar a cabo una hazaña que nunca antes se había logrado: llegar a la cima del K2 durante el invierno. El alpinista islandés John Snorri y los pakistaníes Ali y Sajid Sadpara se unieron para lograr esta expedición, donde se vieron obligados a compartir la ascensión junto a influencers, equipos de rodaje, clientes de expediciones comerciales y Nims, un célebre alpinista nepalí con su equipo de sherpas.

Fotograma de 'La última gran escalada: el K2 en invierno'. Apple TV.

El documentalista Amir Bar-Lev ha llevado esta historia al cine en el documental La última gran escalada: el K2 en invierno, que recoge las imágenes reales grabadas en el ascenso y explora cómo enfrentamos los seres humanos el enfrentamiento directo ante una naturaleza desbocada.

Pregunta. ¿Qué comentario quería hacer sobre la comercialización masiva y las redes sociales en hazañas como esta?

Respuesta. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad evitamos lugares como el K2, en cualquier época del año. Los sherpas consideraban que pisar una cumbre era un sacrilegio, algo equivalente a pisar el rostro de Dios. En los últimos veinte años, instalar cuerdas fijas y llevar clientes de pago hasta la cima se ha convertido en una industria que ha transformado partes de la sociedad nepalí, y la región baltí de Pakistán aspira a seguir ese camino. Eso es comercialización, pero no se trata simplemente de corrupción: también significa ingresos, movilidad social y dignidad. Las redes sociales se superponen a todo ello y añaden una segunda presión: la expedición como contenido.

P. ¿Cree que hay un componente de orgullo en estos intentos de conquistar la naturaleza?

R. Orgullo, sí, pero distinguiría entre distintos tipos. Está el orgullo personal, que es el blanco fácil. Luego está el orgullo nacional, que resulta mucho más interesante en este caso: un equipo nepalí decidido a que el último gran desafío del montañismo fuera conquistado por Nepal, y un Gobierno pakistaní que deseaba fervientemente que uno de los suyos lo lograra para contribuir a impulsar el turismo, que tanta falta hacía. Y después está ese impulso más antiguo: el deseo de situarse en un lugar donde casi nadie ha estado antes. Sin embargo, dudo en calificar toda la empresa de “conquista”. Para la mayoría de las personas que estaban en esa montaña no se trataba de una conquista, era un trabajo.

Fotograma de 'La última gran escalada: el K2 en invierno'. Apple TV.

P. El trabajo técnico consigue transportar al espectador a la montaña. ¿Cómo fue el proceso de reconstrucción de la historia?

R. Todo lo que se ve en las zonas altas fue grabado por las personas que estaban allí. Mi equipo de archivo contactó con muchos de los participantes y obtuvo los derechos del material que tenían: imágenes de documentales profesionales, vídeos grabados con teléfonos, grabaciones de radio. Después entrevistamos a los protagonistas cuando ya estaban de vuelta a nivel del mar. La reconstrucción fue, en realidad, un problema editorial. Mi editor, Joe Carey, y yo tuvimos que construir una historia coherente a partir de muchas piezas diferentes.

P. La relación entre Snorri y los Sadpara está en el corazón de la historia. ¿Cómo encontró la sensibilidad adecuada para abordarla?

R. Era la relación más fascinante de la historia y también la más difícil de caracterizar. Dos hombres procedentes de extremos opuestos del mundo económico, que se apreciaban sinceramente, pero con una pregunta sin resolver de fondo: ¿quién tenía realmente la última palabra? ¿El experto alpinista de invierno o el hombre que pagaba la expedición? Había una paradoja a la que volvía una y otra vez: una empresa como esta exige, en teoría, una jerarquía estricta, casi militar, y su amistad quizá hizo que eso fuera imposible.

Fotograma de 'La última gran escalada: el K2 en invierno'. Apple TV.

P. La manera en que retrata a la comunidad sherpa resulta especialmente interesante. ¿Qué quería mostrar sobre ellos?

R. Quería mostrar que la historia de este deporte convirtió a los sherpas y, más recientemente, a los baltíes de Pakistán, en figuras secundarias: porteadores, instaladores de cuerdas, guías; en definitiva, asistentes al servicio de la gloria de alpinistas que normalmente eran blancos y occidentales y que terminaban quedándose con los récords.

» En el invierno de 2020, un grupo de alpinistas nepalíes decidió que ya no iban a desempeñar un papel secundario. Diez de ellos alcanzaron juntos esa cumbre. Independientemente de lo que uno concluya sobre las decisiones que tomaron allí arriba, aquel momento supuso una auténtica ruptura con un acuerdo que había durado un siglo, y quería que la película lo registrara como tal, en lugar de tratar a aquellos hombres como personajes secundarios en la historia de otra persona. Ese es el segundo significado de The Last First.

P. ¿Cómo cambió su propia percepción del alpinismo extremo después de realizar este proyecto?

R. No me gustan muchas películas de alpinismo, la mayoría me parecen manipuladoras y éticamente cuestionables, y presentan de manera hagiográfica actos que desafían a la muerte. Yo quería contemplar este mundo desde una perspectiva situada a nivel del mar.

» Si alguien sale de la película pensando que estas personas están locas, creo que no ha entendido la película. No estoy en contra del riesgo. Asumir riesgos es un acto profundamente humano. La pregunta que plantea la película no es si deberían haberlo intentado. Es qué debemos hacer los demás con la razón por la que decidieron hacerlo.

Fotograma de 'La última gran escalada: el K2 en invierno'. Apple TV.

P. ¿Qué cree que puede aportar el documental a estas historias que la ficción no puede?

R. Una contradicción que nadie puede diseñar. En la ficción puedes construir un misterio fácilmente, en el documental, la ambigüedad es muy difícil de conseguir, y cuando la encuentras tienes una enorme fortuna como narrador. La ficción tendría que elegir un protagonista y dictar un veredicto. Aquí podía poner en pantalla a una docena de personas que no pueden tener todas la razón, dejar que cada una expusiera sus argumentos más sólidos y dejar el veredicto en manos del público.