El escritor, guionista y director de cine español Gonzalo Suárez ha fallecido este martes en su domicilio de Madrid a los 92 años, según ha informado a la agencia Efe fuentes de su familia.
Autor de dieciocho largometrajes –más nueve o diez cortos, mediometrajes y películas para televisión– y veinticinco libros, Gonzalo Suárez cultivó siempre la mezcla de géneros, de drama y humor, y buscó constantemente conquistar la libertad creativa.
Era un caso especial entre los creadores españoles del siglo XX, un autor insólito y muy personal, que hizo de la imaginación su buque insignia, sin concesiones, lo que quizá provocó que su alcance fuera menor del que merecen libros como Rocabruno bate a Ditirambo, El asesino triste o Ciudadano Sade y películas como Parranda, Epílogo o Remando al viento.
Nacido en 1934 en Oviedo, en los albores de la revolución de Octubre, la infancia de Suárez estuvo marcada por las bombas y por las discusiones entre sus padres. "Por orden de aparición en escena, primero fueron las bombas", aseguraba en una entrevista en El Cultural en 2022. "Las de la revolución minera me pillaron en su epicentro, Oviedo. En el 36 siguieron cayendo. Recuerdo cuando me metían debajo de la cama para esquivar la metralla y veía pasar pies de un lado a otro. Era angustioso pero, al ser tan pequeño, no tenía conciencia de que el mundo pudiera ser de otra manera. En la posguerra fue peor porque ya era más consciente de todo, incluido de eso que dice de mis padres".
Por culpa del conflicto bélico español, Suárez no fue a la escuela hasta los diez años y mientras tanto se nutría de los libros de la biblioteca de su padre, que era catedrático de Francés.
Comenzó su carrera de escritor de una manera peculiar: realizando informes sobre partidos de fútbol para el entrenador Helenio Herrera -que fue la pareja de su madre tras divorciarse del padre de Gonzalo- en el Inter de Milán. De ahí pasó al periodismo deportivo -con crónicas firmadas bajo el seudónimo de Martín Girard- en la Barcelona de los años 50, a la que se fugó con su novia desde Madrid tras estudiar Filología y Letras y una estancia en París. Durante esa época entrevistó a personajes tan célebres como Buñuel, Dalí o el exdictador Batista.
Dolido con Vicente Aranda, su socio de la Escuela de Barcelona en aquellos años, por no dejarle codirigir el guion que habían creado para Fata Morgana, en 1966 se inició en la dirección por su cuenta con dos cortometrajes y dos años después dirigió su primer largo, Ditirambo, producido precisamente por el presidente del Inter de Milán de la época, Angelo Moratti. Después escribiría y dirigiría más de 20 películas, muchas de ellas premiadas en festivales nacionales e internacionales.
Su irrupción en el escenario creativo trajo una ventolera de aire fresco y una sonora llamada a la ruptura. Películas como la mencionada Ditirambo (1967) y El extraño caso del doctor Fausto (1969), libros como De cuerpo presente (1963, novela) y Trece veces trece (1964, cuentos) hicieron tambalear, desde una nueva modernidad, los cánones realistas y conservadores vigentes en la narrativa cinematográfica, literaria y periodística española, con un estilo en el que se rastreaban las huellas de Jean-Luc Godard y Boris Vian.
Desde el primer momento, Suárez contó con importantes seguidores, como Julio Cortázar y Sam Peckinpah, con quien escribiría en Los Ángeles un guion para llevar al cine su insólita novela de espionaje Operación Doble Dos (1974), experiencia lisérgica que Suárez recogería en Gorila en Hollywood (1980) y en su autobiográfico La musa intrusa (2019).
Hugh Grant, en 'Remando al viento'
No lo tuvo fácil Suárez, por individualista y experimental, en los primeros años en el cine, hasta el punto de que tuvo que pasar por filmar una de las novelas realistas más importantes del siglo XIX: La Regenta (1974), sin duda una de las mejores versiones que se ha hecho de la novela de Clarín. Años más tarde, para televisión, repetiría experiencia adaptando Los pazos de Ulloa (1985), de Pardo Bazán, con notable éxito.
La película que le otorgó un mayor reconocimiento y prestigio fue Remando al viento (1988), por la que conquistó la Concha de Plata de San Sebastián y el Goya a la mejor dirección, críticas entusiastas, más de un año de exhibición continuada en los Renoir de Madrid. No solo es un clásico indiscutible del cine español, sino que de alguna manera ejemplifica la personalidad creativa de Suárez: la colusión entre ficción y realidad.
La película, protagonizada por Hugh Grant y Lizzy McInnerny, sigue a Mary Shelley y Lord Byron en su huida de Inglaterra. Durante el viaje, Mary recuerda cómo conoció en casa de su padre adoptivo al joven y apasionado poeta Shelley, cómo lo amó y cómo se fugó con él. También evoca una cita con Byron en Suiza. Pero, sobre todo, rememora una noche de noviembre de 1816 durante la cual, mientras sus amigos contaban historias de terror, ella daba a luz al legendario monstruo de Frankenstein.
Antes -con las innovadoras Morbo (1971), con Ana Belén y Víctor Manuel, y Al diablo con amor (1972) o con las más posibilistas Parranda (1977) y Epílogo (1984)- y después -Don Juan en los infiernos (1991), La reina anónima (1992), El detective y la muerte (1994), Mi nombre es sombra (1995), El portero (2000), con Carmelo Gómez, y Oviedo-Express (2007)- Suárez siguió dando muestras de ser un autor con una personalidad única, marcada por diálogos inesperados, lo onírico, el humor, el amor, el crimen, lo monstruoso...
Tras un silencio de doce años, en 2019 estrenó El sueño de Malinche, sobre la llegada de Hernán Cortés a México.
Los dos escenarios principales de su carrera creativa fueron Asturias y Barcelona, como reconocía en El Cultural en una entrevista en 2017: "Para mí ha existido una ciudad predominante, necesaria y vital, que ha sido Barcelona, y después un paisaje y una tierra a la que le debo mucho, que es Asturias. Le debo mucho como reencuentro con la naturaleza a través del estilo y viceversa, como reencuentro del estilo a través de la naturaleza".
Suárez se definía como socialdemócrata y, en general, eludió durante su trayectoria las principales polémicas derivadas de la política, quizá por las represalias que vivió su padre socialista durante la posguerra. "El bipartidismo me parece un modelo democrático plausible frente a la disgregación, a veces cancerosa", explicaba a El Cultural en 2022. "En la política es bueno que pasen las menos cosas posibles. A la derecha la respeto pero en Vox veo un paso atrás, la vuelta al combate. Su surgimiento me remueve recuerdos como cuando los falangistas entraban en el Liceo Francés, ponían al bibliotecario mirando a la pared y tiraban las máquinas de escribir por las ventanas. Pero si la gente les vota, lo tengo aceptar, qué voy a decir".
Ante la dificultad de financiar el cine que le gustaba hacer, se volcó en la escritura, sobre todo en los últimos años. Es autor de decenas de novelas y libros de relatos y crónicas entre los que destacan El caso de las cabezas cortadas, La suela de mis zapatos, El cementerio azul, Con el cielo a cuestas, La musa intrusa o Ciudadano Sade.
Entre los galardones que ha recibido destacan el Premio Nacional de Cinematografía (1991), la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio (2016), Caballero de las Artes y las Letras de Francia, Medalla de Oro de Bellas Artes (1990).
En la última edición de los premios Goya, celebrada el pasado 28 de febrero en Barcelona, recibió el galardón de honor por su trayectoria.
En su intervención tras recibir el premio, Suárez realizó un alegato en favor del cine que, en cierta manera, según explicó, le remitía al "primer bisonte que nuestros ancestros pintaron en las cavernas".
"Estoy absolutamente orgulloso de comprobar que el cine ha sobrevivido a las redes y a las cavernas. Pero me veo obligado a reconocer que en este momento el bisonte soy yo", añadió.
