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A sus 83 años, Mike Leigh ha dicho que "probablemente" Tender Loving Care será su última película. Su salud es frágil y cree que ya no podrá afrontar el esfuerzo físico que exige un rodaje. Si el último plano de un director puede resumir su trayectoria, Leigh ha elegido uno elocuente: el rostro desnudo, arrugado y castigado de un viejo mendigo en el centro de Londres.

La película apunta a la Concha de Oro, que en las tres últimas ediciones ha recaído en filmes españoles. Sería un justo colofón para el autor de títulos fundamentales del cine europeo reciente como Secretos y mentiras (1996), El secreto de Vera Drake (2004) y Another Year (2010).

Tender Loving Care es un mosaico de vidas articulado en torno a Amy (Kate O’Flynn) y Rosie (Alice Bailey Johnson), dos trabajadoras sociales de treinta y tantos años unidas por una amistad profunda y delicada. Vuelven a vivir juntas después de que Amy rompa con un novio abusivo.

La relación de Amy con sus padres ocupa buena parte del relato. Son dos simpáticos jubilados de convicciones izquierdistas que observan desolados las calles llenas de mendigos y el avance de una visión neoliberal de la existencia. En una escena que condensa décadas de política británica, la madre lamenta el desmantelamiento del Estado del bienestar iniciado con Thatcher y el mundo de desigualdad e injusticia social al que hemos llegado. Mientras tanto, el padre comienza a desarrollar demencia y, poco a poco, a apagarse.

Leigh también nos muestra fragmentos de las vidas con las que lidian las dos trabajadoras sociales: un chico de unos quince años que apenas recuerda la última vez que fue feliz y maldice a su madre drogadicta; una joven que se siente excluida de su familia de acogida; una mujer con problemas de alcohol a la que los servicios sociales han retirado la custodia de sus hijos. Amy y Rosie se encuentran a menudo con reacciones hostiles, incluso cuando intentan ayudar.

Una imagen de 'Tender Loving Care' Festival de San Sebastián

En Mi única familia (2024), que Leigh también presentó en San Sebastián, el cineasta retrataba a una mujer frustrada con su vida que se comportaba de manera desagradable. A través de aquel personaje antipático hablaba, en el fondo, de lo mismo que en Tender Loving Care: la compasión.

Cuidar de verdad exige mirar detrás de las apariencias y ser capaz de querer también a quien parece no merecerlo. Leigh observa a sus personajes fracasar -como Rosie en una cita desastrosa- y consigue que los queramos aún más cuando se equivocan, se comportan mal o atraviesan situaciones humillantes.

El cine de Mike Leigh siempre nos reta a ser mejores personas, colocando un espejo de bondad del que no salimos indemnes. Por ello, sigue siendo retador, necesario y moderno.

Cotillard, superestrella

Tres personajes de alto voltaje dramático jalonan la extraordinaria trayectoria de Marion Cotillard. En Dos días, una noche (2014), de los hermanos Dardenne, interpreta a una mujer desesperada que intenta convencer a sus compañeros de que renuncien a una prima para que ella pueda conservar su empleo. En La vida en rosa (2007) encarna a Edith Piaf, una artista marcada por el abandono que alcanza la fama mundial sin superar su necesidad de afecto. Y en De óxido y hueso (2012), de Jacques Audiard, da vida a una entrenadora de orcas que pierde las dos piernas.

A esa galería de mujeres enfrentadas a experiencias extremas se suma Alice, la protagonista de Milo, la película de Nicole Garcia presentada en la sección oficial de San Sebastián. En su juventud se unió a un grupo terrorista revolucionario de izquierdas y pasó quince años en prisión después de que una de sus acciones terminara con la muerte de un policía.

Marion Cotillard, a la izquierda, en 'Milo' Festival de San Sebastián

Milo es un drama adusto, algo convencional en su forma y desarrollo, pero sólido. Su mayor baza es Cotillard. Conocemos a Alice recién salida de prisión, todavía en libertad condicional, mientras intenta rehacer su vida como camarera en un bar de carretera de provincias.

Pronto descubrimos que no ha elegido ese lugar por casualidad ni para "evitar la gran ciudad", como le dice a su jefe. Quiere reencontrarse con el hijo al que tuvo que dar en adopción cuando ingresó en la cárcel. El joven trabaja como mecánico y está cada vez más involucrado en una banda delictiva dirigida por los ricos de la región.

A Milo le falta originalidad y capacidad de sorpresa, pero Nicole Garcia cuenta bien su historia gracias, sobre todo, a Cotillard. Alice lamenta no haber podido cuidar de su hijo y ofrecerle una vida mejor, aunque tampoco está dispuesta a arrepentirse por completo de sus actos. La actriz sostiene esa contradicción con talento y sensibilidad. No sería extraño que se llevara la Concha a la mejor interpretación.