Uno de los momentos más polémicos de la historia del Festival de San Sebastián tuvo como protagonistas a Fernando Trueba, Diego Galán y un cubo de agua.
Corría el año 1982 y el director, que había triunfado en taquilla un par de años antes con su Ópera prima (1980), presentaba en el certamen su segundo trabajo: un documental sobre el cantautor Chicho Sánchez Ferlosio. Galán, crítico de El País en aquella época y futuro director del propio festival, escribió una reseña poco halagadora de la película. Entre las perlas que le dedicó estaban frías expresiones como “interés relativo”, “estructura televisiva” o “monótona descripción”.
Trueba, en un arrebato entre surrealista y criminal, esperó a Galán a la salida de una proyección matinal y le lanzó un cubo de agua fría. El incidente no pasó a mayores, gracias al estoicismo con que el crítico recibió la ducha, pero en su momento generó un gran revuelo al que se sumaron Fernando Savater y Maruja Torres.
Cuarenta y cuatro años después, Chicho o mientras el cuerpo aguante ha regresado a San Sebastián, donde se ha proyectado en Klasikoak, y llega este viernes de nuevo a las salas tras una restauración llevada a cabo por la ECAM a partir del negativo original en 16 mm encontrado recientemente.
¿Tenía razón Galán con las pegas que le puso a la película? Es lógico que, como mínimo, el trabajo de Trueba descolocara a parte de la crítica, pues no era nada ortodoxo. Chicho o mientras el cuerpo aguante dista del clásico documental que intenta contener una vida en 120 minutos, desde la infancia hasta el presente, repasando acontecimientos y logros mediante la intervención de cabezas parlantes. Para algo más estándar sobre Chicho puede recurrirse a Si me borrara el viento lo que yo canto (2019), el documental dirigido por otro Trueba, David.
Fernando, en cambio, no da contexto ni hace historia. No se menciona, por ejemplo, que este paladín de la resistencia antifranquista, autor de himnos como Gallo rojo, gallo negro, era hijo del escritor falangista Rafael Sánchez Mazas.
Lo que hace el director es invitarnos a pasar el rato con un hombre de temperamento amable y verbo infinito, dotado de vastos conocimientos sobre materias como la Biblia, el cannabis, los juegos de mesa o las matemáticas, de las que podía ofrecer infinitas e hipnóticas peroratas.
En el centro, Fernando Trueba y Chicho Sánchez Ferlosio
De todas las que contiene el documental, quizá sean más enjundiosas las que realiza sobre su paso por la cárcel o sobre el desencanto con el marxismo y con la recién inaugurada democracia. La película haría, de hecho, una buena sesión doble con El desencanto (Jaime Chávarri, 1976). También están los mágicos momentos en los que Chicho coge la guitarra y entona, con voz limpia y poderosa, algunas de sus ‘tonadas’.
Trueba muestra, además, las entretelas del filme, con planos en los que vemos las cámaras grabando a Chicho mientras todos los miembros del equipo le escuchan, hipnotizados, y empalman un cigarro con otro. Si la apuesta no tuvo continuidad en la filmografía del director, su huella resulta quizá rastreable en la ligereza y la naturalidad del cine que ha desarrollado su hijo Jonás: una vuelta de tuerca a esa idea de que, al final, “el cine y la vida son lo mismo”.
Chicho o mientras el cuerpo aguante
Dirección y guion: Fernando Trueba.
Año: 1982.
Estreno: 25 de septiembre
