Ni la muerte de Franco ni la llegada de la democracia pudieron acabar con el siniestro Patronato de Protección a la Mujer, que encerraba y sometía a condiciones de esclavitud a miles de jóvenes que la dictadura franquista consideraba "inmorales" y necesitadas de ser "enderezadas" conforme a la moral católica.
En la práctica, se trataba de cárceles ajenas a toda legalidad, regidas por monjas y con un régimen estricto de misas. Las reclusas —eso eran en realidad— no podían salir a la calle, llamar por teléfono ni prácticamente comunicarse entre sí.
El incumplimiento de las normas se pagaba caro y las chicas, que no podían abandonar los centros hasta alcanzar la mayoría de edad, entonces fijada en los 21 años, y en algunos casos permanecían en ellos hasta los 25, eran encerradas durante días, semanas o meses en celdas de castigo medievales en las que vivían completamente aisladas.
Ruega por nosotras, dirigida por Daniel Monzón y presentada esta mañana en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, narra la durísima realidad de estos centros, a los que las chicas podían llegar por motivos tan espurios como fumar, salir por la noche o mantener relaciones sexuales sin estar casadas. Un verdadero infierno que el director de El Niño y Celda 211 retrata sin suavizarlo lo más mínimo: las jóvenes protagonistas sufren un auténtico calvario.
Ha dicho el director, Daniel Monzón, en rueda de prensa: "Esta es una historia con la que topé en 2020, justo cuando estaba terminando Las leyes de la frontera, película que también trajimos al festival, y no me podía creer que algo así hubiera sucedido y que estuviera oculto".
Ha proseguido: "Me puse a investigar, se lo comenté al coguionista Jorge Guerricaechevarría, que tampoco lo conocía. Empecé a preguntar a gente mayor, empezando por mis padres, que desconocían por completo el asunto del Patronato de Protección a la Mujer. Y lo primero que hicimos fue investigar con los pocos materiales que había: artículos periodísticos, unas tesis doctorales que estuvimos leyendo, los libros de investigación de Consuelo García del Cid… y los testimonios de miles de mujeres".
Las protagonistas son dos chicas muy distintas. Por una parte está Ana (Zoe Bonafonte), una joven de familia rica y muy religiosa que es encerrada en el Patronato por sus propios padres después de que la descubran escapándose para salir por la noche. La situación se vuelve terrible para ella cuando un médico la somete a una exploración y constata que no es virgen.
Encerrada primero en un centro de Barcelona, del que consigue huir, y después en otro con un régimen mucho más duro en Madrid, Ana conoce a Sole (Manuela Calle), una chica de pueblo recluida por querer vivir su vida en la gran ciudad, donde subsiste en condiciones precarias.
La amistad entre ambas será lo que las sostenga en una película que muestra una sucesión de calamidades: las jóvenes son encerradas, sufren violencia física y verbal y son abandonadas por sus propias familias, que consideran que esa tortura es lo mejor para ellas.
Ha dicho Monzón: "Me impactó mucho que siguiera hasta 1985. Esta institución, como sabéis, se creó en 1941, auspiciada por Carmen Polo de Franco, y, una vez muerto Franco, aún duró diez años más, ya en democracia. Parecía que a nadie le importara".
Fotograma de 'Ruega por nosotras'.
Ha proseguido: "Yo creo que esta es una película que quiere ser un poco una voz de alarma en unos tiempos que empiezan a tomar un cariz alarmante. Es una forma de recordar que hay que estar alerta ante estas situaciones porque se pueden repetir y, de hecho, siguen existiendo de alguna manera".
Daniel Monzón sostiene que "la mejor forma de contar algo es a través de la emoción", siguiendo el destino de Ana, quien "coge de la mano al espectador y lo introduce en un universo terrible". Allí conoce a personajes como la hermana Socorro, "la dictadora de ese pequeño condominio", y a las demás internas, que aportan las distintas realidades que convivían en aquellos centros. El director espera que la película, además de emocionar, sirva para "reflexionar y pensar que algo como esto no debe volver a suceder". Una opresión contra las mujeres que todavía persiste en países como Afganistán: "Es una locura que esté sucediendo y que nadie haga nada".
Los dos personajes brindan papeles de gran dureza a las jóvenes actrices Zoe Bonafonte y Manuela Calle. Bonafonte encarna a Ana, una muchacha rebelde e independiente de familia acomodada que paga muy caro su desafío. Calle interpreta a Sole, una chica de pueblo que carece de ese sostén familiar y económico, lo que la hace todavía más vulnerable.
Zoe Bonafonte destaca la responsabilidad de interpretar un papel poco habitual para una actriz de su edad: "En tus veinte te suelen tocar papeles de la hija adolescente, rebelde o perdida. Cuando te llega un personaje así, con el que puedes ayudar a contar una historia como la del Patronato, la responsabilidad es muy grande".
La actriz reconoce que buena parte del reparto desconocía la existencia de estos centros: "Desgraciadamente, no se enseña en los libros de historia". Para ella, la película debería ayudar a romper el silencio de las víctimas: "Eran niñas que no habían hecho nada malo. No tenían culpa de nada".
Bonafonte reclama que esta parte de la historia reciente llegue a las aulas: "Es una de las historias de España que nunca se ha contado. Se tiene que empezar a enseñar ya en los colegios".
Manuela Calle, que interpreta a Sole, asegura que preparar el personaje transformó su visión del pasado: "Desde el primer momento me metí muchísimo e investigué bastante, y creo que eso me cambió la manera de ver las cosas".
La actriz rechaza la idealización de aquella época y discursos como que "con Franco se vivía mejor". Aunque reconoce que "nunca vamos a saber lo que sintieron esas chicas de verdad, porque no lo hemos vivido", el trabajo en la película le ha permitido ser "más consciente de las cosas que sucedieron".
El coguionista Jorge Guerricaechevarría explica que querían hablar de "estas mujeres a las que destrozaron la vida". Para él, el aislamiento de las internas funciona también como "una metáfora de la sociedad franquista", que impedía que las personas se organizaran y se ayudaran entre sí.
Frente a ello, la película muestra que "la forma de sobrevivir es uniéndose": "Estas dos chicas sobreviven porque consiguen crear un vínculo. Juntas son más fuertes, pueden enfrentarse al sistema y encontrar esa esperanza de Ruega por nosotras".
