¿Pueden los monstruos cambiar y convertirse en "buenos"? ¿O un monstruo puede parecer la persona más encantadora del mundo y seguir siendo precisamente eso, un monstruo? Es la pregunta que plantea La esposa perfecta, producción estadounidense dirigida por Ben Shirinian que cuenta la historia real de una antigua criminal nazi de los campos de concentración que logra "colarse" en Estados Unidos como emigrante a finales de los años 50.
Naomi Watts interpreta, en un papel complejo, a Hermine Braunsteiner, que hace galletitas con pasas y participa en las actividades de la iglesia local en Queens, el barrio de Nueva York donde vive, mientras oculta un pasado siniestro. La película se ha presentado en San Sebastián como proyección especial vinculada al Premio Donostia que recibe la intérprete británico-australiana afincada en Estados Unidos.
Watts recibe el Premio Donostia después de algunas interpretaciones inolvidables. En Mulholland Drive (2001), del maestro David Lynch, considerada de manera prácticamente unánime una de las mejores películas del siglo XXI, la rubísima actriz compartía protagonismo con la morena Laura Harring en esta parábola de Los Ángeles como ciudad de los sueños y de las peores pesadillas.
Con sello español, en Lo imposible (2012), de J. A. Bayona, Watts sufría como nadie en pleno tsunami de Tailandia mientras buscaba desesperadamente a su familia. Y, con esa belleza de actriz del Hollywood dorado que la caracteriza, se convirtió definitivamente en una superestrella mundial como objeto de deseo en el King Kong (2005) de Peter Jackson.
"Es un honor increíble recibir este premio. He trabajado muy duro durante los últimos 40 años y es fantástico tener este tipo de reconocimiento, que pone en valor mi trabajo", ha afirmado Watts en la rueda de prensa de presentación de La esposa perfecta.
Sobre un personaje tan difícil como el de Braunsteiner, una figura real a la que se atribuyó el asesinato de al menos mil personas durante el exterminio nazi, Watts ha explicado: "Hacer cosas interesantes, cuestionar nuestra forma de pensar, explorar nuevas narrativas y profundizar en la naturaleza humana: ese es mi objetivo. Quiero cambiar la narrativa de estos tiempos y formar parte de la conversación. Amo mi trabajo, actuar y contar historias. Me siento muy orgullosa de formar parte de la comunidad del cine".
Respecto a la siniestra Braunsteiner, ha añadido: "Es un papel muy difícil. Tenía muchos nervios y miedo. Procrastiné durante el proceso, algo que no suelo hacer, pero la naturaleza de este personaje me inquietaba. Es una historia real que me causó conmoción y que yo no conocía. No se parecía a nada de lo que había hecho antes. Ella parece una buena ciudadana: hace galletitas, va a la iglesia… Ese secreto era interesante para mí como actriz. No es una mala de risa, sino una verdadera villana".
Naomi Watts en San Sebastián.
Rozando los 60 años, Watts ha celebrado que las mujeres maduras cobren cada vez mayor protagonismo: "Para lo que es habitual en Hollywood, esto llega bastante tarde. Tenía 31 años cuando hice Mulholland Drive y allí las carreras suelen acabarse a los 40. Ahora estoy al final de mis 50. Creo que vemos cada vez más mujeres mayores de 50 años en papeles importantes. Estas historias también deben ser reflejadas. Esta narrativa debe cambiar".
Afincada en Estados Unidos, la actriz también ha comentado la compleja situación política del país: "Me mudé a América con muchos sueños y esos sueños se han cumplido. En la época de Hermine, después de la Segunda Guerra Mundial, las cosas parecían más soleadas y felices. Su historia es la de una mujer que trata de encerrar el pasado. Ahora las cosas son más complicadas. Tengo hijos estadounidenses y amo Estados Unidos. Lo que sucede hoy es difícil, pero tengo fe en que las cosas irán mejorando y se arreglarán con el tiempo".
Al recordar uno de sus papeles más celebrados, el de la joven actriz inocente que llega a Hollywood cargada de sueños, pero también el de una mujer rencorosa y violenta, Watts ha celebrado su colaboración con Lynch: "Fue increíble trabajar con David Lynch. Llevaba diez años luchando por conseguir un buen papel. Trabajaba en lo que podía, pero me rechazaban muchas veces. Fue muy duro y no generaba una buena energía. Agradezco muchísimo a David Lynch que viera lo que estaba intentando hacer".
"Tuvimos una conversación muy interesante sobre el personaje o, más bien, sobre esos dos personajes tan diametralmente opuestos. Tengo una deuda eterna con él; está en mi corazón. Es una película que se ha mantenido durante décadas en la conciencia de la gente. Todos los grandes directores han visto esta película y me proporcionó este papel increíble. Todavía hoy aparece en las listas de las mejores películas y me siento muy orgullosa".
Curiosamente, en La esposa perfecta vuelve a interpretar a una mujer dual: un ama de casa encantadora y una siniestra asesina. "Como actriz, buscas una transformación, un impacto emocional. La dualidad de Mulholland Drive y La esposa perfecta es muy evidente. Las dos son psicológicas y perturbadoras, pero no puedo decir que me lo pasara bien interpretando a Braunsteiner".
Han sido, por tanto, experiencias muy diferentes. "Hacer Mulholland Drive fue muy divertido. Llegó en un momento de mi vida en el que no había tenido mucha suerte y cada día en el plató fue una maravilla. Ver dirigir a Lynch fue increíble. Nunca olvidaré aquellos días".
Con la nazi oculta de La esposa perfecta, las cosas fueron distintas. "Ha habido pocas historias sobre mujeres nazis. Los monstruos no tienen por qué parecer personas aterradoras ni criaturas escondidas debajo de la cama. Mientras investigaba, entré en YouTube, vi historias de asesinos en serie y documentales sobre el régimen nazi… Fue difícil y perturbador. Para mí era importante entenderlo y contar la historia de una manera auténtica. Es una persona que había cometido crímenes horribles y que quería huir de ellos construyéndose una vida lo más sencilla posible".
"El odio está aumentando. Debemos permanecer vigilantes y prestar atención para que esto no vuelva a suceder. Esta película abre el diálogo y plantea preguntas: ¿cómo pudo pasar esto?, ¿con quién te identificas dentro de esta historia?, ¿cómo podemos evitar que vuelva a suceder?".
