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Al frente del Festival de San Sebastián desde 2011, José Luis Rebordinos (Rentería, 1964) cede al final de esta edición el testigo a Maialen Beloki. Durante sus quince años en la dirección, ha transformado el certamen, fomentando las actividades de industria y consolidando el prestigio de su sección oficial.

Hoy considera que el cine español vive una edad de oro y que los objetivos que se marcó están cumplidos, aunque siempre queda alguna espinita clavada. Con su marcha, finaliza una etapa marcada por una fuerte competencia entre festivales, el auge del streaming y la disrupción de la pandemia.

Pregunta. ¿Qué balance hace de su trabajo?

Respuesta. Estoy satisfecho porque creo que el trabajo que hemos hecho, y digo “hemos” porque he tenido un gran equipo, ha sido bueno. Siempre me hago la misma pregunta: ¿cómo encontramos el proyecto y cómo lo dejamos? Mikel Olaciregui nos entregó un festival mucho mejor que el que recibió y creo que nosotros también hemos alcanzado ese objetivo. Ha evolucionado mucho en su relación con la industria y en su actividad durante todo el año. Mi asignatura pendiente es la prensa internacional. Ha aumentado, pero no de una manera significativa.

P. ¿Cuál considera que es su principal logro?

R. Llegamos a un festival con mucho prestigio artístico, pero sin apenas actividades de industria. Vimos que un certamen de cierto tamaño necesitaba generar también un espacio para los negocios. Creamos el Foro de Coproducción Europa-América Latina y el encuentro de inversores creativos. Aquí se han vendido películas españolas y se han cerrado acuerdos con grandes distribuidores internacionales.

»Además, junto a otras instituciones creamos la Elías Querejeta Zine Eskola y el programa de residencias Ikusmira Berriak y participamos en la programación estable de Tabakalera. También hemos digitalizado más de setenta mil documentos del archivo. Es la memoria del festival, pero también de la sociedad vasca y española. Y seguimos siendo un festival de público: hemos pasado de unos 150.000 espectadores a más de 190.000.

La edad de oro

P. El cine español ha ganado presencia en la sección oficial. ¿Se lo ha ganado?

R. Sin talento no hay nada que hacer y nuestro cine tiene muchísimo. Además, todos los agentes están remando en la misma dirección: las instituciones, los festivales, la industria y los medios de comunicación. Cuando llegué, el cine español no atravesaba su mejor momento y tampoco le gustaba demasiado venir a San Sebastián porque la crítica era muy dura. Probablemente nosotros no siempre acertábamos, pero no existía un conjunto de películas tan potente como el actual. Creo que vivimos una edad de oro y debemos seguir apostando por nuestro cine.

P. Con tantos certámenes concentrados en pocos meses, ¿resulta más difícil construir una sección oficial competitiva?

R. Sí, es una locura. Cada vez se crean más circuitos y los festivales flexibilizan sus normas. Creo que a medio plazo quedarán dos o tres que continúen exigiendo estrenos mundiales y los demás buscarán combinaciones. Es bueno para las películas: los festivales debemos ayudar en la promoción y la difusión, no pensar que somos los mejores y que todo lo demás carece de importancia.

P. Este año ha habido notables ausencias de Hollywood en los festivales. ¿Qué ocurre con los grandes estudios?

R. Joker: Folie à Deux (Todd Phillips, 2024) marcó un punto de inflexión. Costó muchísimo dinero, se estrenó en Venecia y no funcionó. Si una gran película funciona en un festival, multiplica sus posibilidades; si recibe malas críticas, se convierte en un problema.

»Los estudios están ahora más reticentes a llevar sus producciones comerciales, mientras que las plataformas están encantadas. Pero son momentos y dentro de dos años la situación puede ser distinta. Tampoco hay que alarmarse: Venecia ha tenido un festival enorme y otros agentes, como A24, están sustituyendo parcialmente el papel tradicional de los estudios.

P. ¿Qué ha sido lo más difícil del trabajo de dirección del festival?

R. Lo más desagradable es rechazar una película, muchas veces de amigos, sabiendo que quedarse fuera puede hacer que desaparezca del foco. Pero lo más difícil ha sido la financiación. Llegué en 2011 y hemos atravesado una crisis, una pandemia, la inflación, la guerra de Ucrania y la situación de Oriente Próximo. Pese a todo, durante quince años no hemos generado un solo euro de déficit.

P. ¿Por qué ha decidido marcharse ahora?

R. Quince años son muchos. Cuando llegamos, lo hicimos con nuevas ideas y pensando en el futuro. Tengo 64 años: soy el pasado y el presente del festival, pero ya no su futuro. El futuro es Maialen Beloki. Yo podría continuar gestionándolo gracias a la experiencia, pero otra cosa es pensar cómo adaptarlo a lo que viene en los próximos diez años. Ya no tengo la energía ni soy la persona adecuada. Maialen presenta un proyecto continuista, pero introducirá cambios y evolución. Estoy de acuerdo con los que conozco.

P. Durante su mandato ha afrontado numerosas polémicas. ¿Le han desgastado?

R. Me cansan y me preocupan, pero hay que ser coherente. Si dices que consideras un genocidio lo que está haciendo Netanyahu o que no debemos permitir que la extrema derecha fascista ocupe espacios de poder, parece que quien dice algo extraño eres tú.

»Yo viví los últimos años del franquismo. Reivindico una sociedad democrática en la que convivan personas progresistas y conservadoras, todas respetables. Pero quienes son homófobos, xenófobos, machistas o reivindican una dictadura no lo son. La extrema derecha ya no necesita golpes de Estado: puede alcanzar el Gobierno mediante los votos. No quiero polémicas, pero tampoco voy a callarme.

P. La taquilla aumenta este año un 36 %. ¿La pantalla grande es innegociable?

R. Es una noticia estupenda y creo que terminaremos el año por encima del anterior. Una función del festival es atraer a los jóvenes a las salas. Yo también consumo películas en plataformas y siempre es mejor verlas en casa que no verlas. Mi generación descubrió muchos clásicos en televisores y copias abominables. Tampoco hay que idealizar el pasado: si puedo elegir, mi primera opción es siempre una sala. Debemos defenderlas para que las próximas generaciones puedan seguir viendo allí el cine.

Más inversión, menos libertad

P. ¿Puede hoy el cine ser libre, creativo y subversivo?

R. Ya no existe la censura directa del franquismo, pero sí mucha autocensura. Hoy es económica: dependiendo de lo que hagas, sabes que tendrás más o menos posibilidades de que te produzcan la película o de rodar la siguiente. El miedo se ha instalado en la sociedad: a no volver a trabajar, a ser señalado. Es una situación contradictoria porque existe más inversión que nunca, pero ese miedo termina limitando la libertad y la creatividad.

P. ¿Qué recuerdo especialmente bonito se lleva?

R. El primer Premio Donostia que entregué fue a Glenn Close. No soy mitómano, pero me pareció una mujer increíble. Hablamos de su familia, de la ciudad de Nueva York, de cocina, de cosas absolutamente normales, y me fascinó. Me enamoré de Glenn Close, la verdad.

»También recuerdo con emoción la sorpresa que preparamos cuando Bono entregó el premio a Penélope Cruz. Solo seis u ocho personas sabíamos que estaba en el Kursaal. Cuando anuncié: “Con todos ustedes, Bono”, pensé: “Como no salga ahora, me muero”. Por suerte, apareció y fue un momento precioso.