Cierto que el humor negro de Bad Apples tiene que hacer todo tipo de equilibrios para mantenerse en la fina línea que separa la ficción de la posibilidad, de modo que no hay más opción que aceptarla como una fábula socio-educativa y disfrutar del relato. Disfrutar de la sátira y de sus retorcidos pliegues morales. Sentir que somos parte y arte de un mundo inexplicable y caótico que, en más de una ocasión, vemos titilando en las pupilas asustadas de esa misteriosa y convincente actriz que es Saoirse Ronan. Merece la pena acompañarla en este viaje desmadrado por los confines de la psicopatía infantil.
Un poco como en la caricaturesca Election (Alexander Payne, 1999), pero sin posibilidad de alcanzar su estatuto icónico, Bad Apples juega en la liga de ese cine indie con algo relevante que decir sobre los sistemas educativos y bastante cine a sus espaldas para hacerlo.
De su director, Jonatan Etzler (Estocolmo, 1988), que había rodado con anterioridad la comedia distópica One More Time (2023), probablemente podamos seguir esperando propuestas interesantes en el futuro. Esta desde luego lo es. Si algo ha sabido imprimirle con acierto a este guion inverosímil pero audaz, basado en la novela De Oönskade del sueco Rasmus Andersson, es aquello que todo director está obligado a transmitir: un tono y una energía. Bastante oscuros, en este caso.
Partimos de la base de que el filme demanda una tremenda suspensión de la credibilidad, ya desde los primeros y desquiciados quince minutos, en los que el comportamiento incontrolable de un alumno bien puede llevarnos a Cero en conducta (1933), Los cuatrocientos golpes (1959), El niño salvaje (1970) o La profecía (1976). Es decir, el relato puede avanzar con sorpresa y determinación, como lo hace, por el camino social y antropológico, por la senda terrorífica o incluso por una grotesca comedia de enredos.
Habrá un poco de todo eso, derivado por las decisiones, cada vez más inauditas, de una profesora de primaria que termina por encerrar en el sótano de su casa (con arnés y todo, como a los gorilas) a ese prepúber imposible con la capacidad de alterar con violencia psicópata el normal devenir de la clase.
El alumno es Danny, interpretado por Eddie Waller con la rabia y la furia de un demonio, como salido de Bronco Bullfrog (1969), un chico indomable que no tiene madre (ni se menciona) y cuyo padre siempre está ausente. Quizá por eso su profesora Mary, cuando su paciencia es llevada a un punto sin retorno y la indiferencia burocrática del sistema no le ofrece ayuda alguna, decide hacer de él su prisionero, su alumno particular, su hijastro díscolo y su cuestionable secreto en un pueblo que busca desesperado al niño desaparecido.
Esa tensión en la que el espectador, vía el humor, llega a sentirse cómplice de semejante barrabasada, es la corriente sanguínea del filme, alterada en cierto punto por la empollona impertinente de la clase (Nia Brown), acaso enamorada de su profesora. Entonces la película se adentra en una espiral de ocultamientos y revelaciones que nos coloca en la prometedora situación de no saber qué podrá pasar en la siguiente secuencia.
Eddie Waller y Saoirse Ronan, en 'Bad Apples'
Todo ser humano es tremendamente extraño cuando se le mira de cerca. O, más bien, es capaz de hacer las cosas más incongruentes y absurdas cuando se siente arrinconado. A esa baza se la juega un desenlace muy discutible pero eficaz a su modo. La comicidad grotesca nos coloca por momentos en el universo de Roald Dahl, cuyo humor es capaz de quebrar cualquier tabú (especialmente relacionado con la infancia), y también a esa magnífica perversión que es Donde viven los monstruos (Maurice Sendak, 1963), en la que un niño puede ser más monstruoso que cualquier criatura terrorífica que crezca en nuestra imaginación.
Con una estética que refuerza la simetría, el confinamiento y el orden (aulas, apartamentos, sótanos, muchas cajas y paquetes), en contraste con la anarquía que acontece en su interior; unas interpretaciones, de niños y adultos, que se saben piezas de una farsa irremediable, y una banda sonora de Chris Roe abriéndose paso entre la amenaza siniestra y el pop lúdico, Etzler logra finalmente invertir la metáfora del título.
Nos gusta la idea de que la película nos hable, sobre todo, de la complicidad: no solo la que la profesora acaba o no encontrando a su alrededor, sino sobre todo la que cultiva el espectador con todo aquello que es éticamente reprobable. Su virtud pasa por desestabilizar la teoría mediante la práctica, dejándote con la inquebrantable sensación de que igual estamos todos –padres, educadores y alumnos–, podridos hasta la médula.
Bad Apples
Dirección: Jonatan Etzler.
Guion: Jess O’Kane.
Intérpretes: Saoirse Ronan, Eddie Waller, Nia Brown, Jacob Anderson, Rakie Ayola, Robert Emms, Sean Gilder.
Año: 2025.
Estreno: 11 de septiembre
