Hace tan solo un año, después de uno de los peores veranos de la historia reciente de los cines españoles, muy pocos vaticinaban que el mercado se recuperaría a un ritmo tan vertiginoso. Más bien al contrario: abundaban los titulares que, con un tono más o menos apocalíptico, anunciaban la decadencia de las salas ante el empuje del streaming.
Porque 2026 ha puesto patas arriba casi todo lo dicho y publicado durante estos últimos años: ni el streaming ha acabado con las "viejas" salas, como llegaron a pronosticar algunos de sus máximos responsables; ni el modelo de franquicias eternas de Hollywood está agotado; ni los superhéroes han pasado definitivamente de moda; ni el ser humano vive únicamente de ver series durante ocho horas seguidas o resolver true crimes sobre influencers en Dubái.
2026 está siendo un buen año para los cines de todo el mundo, pero pocos mercados occidentales igualan el crecimiento del 36% registrado en España. En Estados Unidos la taquilla ha aumentado alrededor de un 20%; en Italia, un 23%, y en Francia, otro 20%. Lo sucedido en nuestro país tiene algo de pequeño milagro.
Según datos de Rentrak publicados por Box Office, todo son buenas noticias. En agosto, impulsadas por Spider-Man, las salas recaudaron 73 millones de euros, un impresionante 71% más que el año pasado. En conjunto, los tres meses de verano alcanzaron los 181 millones, un 29% más que los 140 millones obtenidos en 2025. Y durante los ocho primeros meses del año la taquilla ascendió a 414,9 millones de euros, un 36% más que en el mismo periodo de 2025 y el equivalente al 92% de todo lo recaudado en todo el año pasado.
La clave de este espectacular salto adelante se encuentra, en gran medida, en el éxito de un puñado de películas. Si en 2025 solo un título, la versión de acción real de Lilo & Stitch, superó los 20 millones de euros —24,7 millones, para ser exactos—, en 2026 ya lo han conseguido seis.
En la cumbre aparece Spider-Man: Brand New Day, que acumula 37 millones de euros y todavía se mantiene en lo alto de la cartelera. Le pisa los talones La Odisea, con 35,2 millones y aún muy fuerte en los cines. En tercer lugar figura Torrente, presidente, con 27,9 millones.
A continuación se sitúan Avatar: Fuego y ceniza, que ha sumado este año 24,7 millones a los 35 obtenidos desde su estreno; el sorprendente empuje de Michael, con 24 millones, y Super Mario Galaxy, con 21,5. En breve se incorporará al "club de los veinte millones" Toy Story 5, que ya alcanza los 19,6.
"Soy optimista, claro", asegura Álvaro Postigo, consejero delegado de MK2 España y presidente de la Federación de Cines de España (FECE), la patronal que representa a la mayor parte del sector. "Este verano se ha demostrado que, cuando hay películas, la taquilla reacciona. La mejor noticia es que ir al cine ha vuelto a la agenda mental de la gente".
Ramón Biarnés, Managing Director de Odeon Group en España, Italia, Alemania, Portugal, Finlandia, Suecia y Noruega, que en España opera bajo la marca Cinesa, se muestra también optimista: "Según se refleja en nuestro II Estudio Cinesa sobre hábitos de consumo cinematográfico en España, 6 de cada 10 españoles afirma que le gusta mucho o le encanta ir al cine, y esto asciende al 72% entre la población de entre 18 y 34 años. Creo que podemos hablar de que la gente lleva ya tiempo demostrando el hambre de cine que tiene".
¿Se acabó la crisis?
Resulta imposible no celebrar unos resultados semejantes, pero Postigo pone freno al entusiasmo: "No hay que echar las campanas al vuelo. Ha sido un buen verano, pero también veníamos de un 2025 peor que 2024 y que 2023. Estamos regresando a cierta normalidad, pero no todo está ganado. Miro el calendario de estrenos de 2027 y me genera más incertidumbre que el de 2026".
La recaudación puede haberse acercado ya a los niveles de 2019, un año excelente, pero el número de espectadores todavía permanece alrededor de un 20% por debajo. Además, recuerda Postigo, los alquileres, la energía y el resto de los costes no son los mismos que hace siete años.
La recuperación llega, además, después de un periodo muy difícil en el que los cines han realizado fuertes inversiones para diferenciar la experiencia de la sala del consumo doméstico. "Era invertir o morir", resume Postigo.
En este sentido, los cines actuales ya no son los de antes: han introducido grandes mejoras tecnológicas, aumentado el confort y reforzado servicios como la restauración. Biarnés saca pecho de la transformación emprendida por Cinesa: "Hemos lanzado iniciativas dirigidas a hacer de la experiencia cinematográfica algo exclusivo y diferencial. Ejemplo de ello son nuestros cines LUXE y las salas prémium inmersivas IMAX, iSense, ScreenX, XL y D-Box".
Porque la clave del éxito no se encuentra únicamente en las películas. Además de la renovación de las salas, durante los últimos años, los exhibidores han trabajado para recuperar al público mediante ciclos, presentaciones de cineastas, coloquios, programaciones especiales y una actividad mucho más rica y diversa que antes de la crisis sanitaria. "Actualmente, todas las cadenas a partir de cierto tamaño tienen departamentos dedicados a los eventos y las programaciones alternativas que antes no existían", explica el presidente de FECE.
Uno de los referentes de ese modelo han sido los Cines Embajadores. Desde el comienzo de la pospandemia, las salas urbanas orientadas hacia un cine más independiente, frecuentemente en versión original, resistieron mejor que los grandes complejos de la periferia. El cinéfilo más fiel nunca llegó a abandonar del todo las salas.
Embajadores constituye uno de los casos más visibles de ese éxito. Su primera sede abrió en Madrid en plena pandemia y, un año después, inauguró una segunda a pocos metros de distancia. Después llegaron Oviedo y Santander y, recientemente, una sala franquiciada en Logroño.
"Nuestro modelo de cine de barrio, cercano y con precios asequibles, basado en una programación cuidada en la que conviven el cine de autor, Hollywood y la animación, además de numerosas sesiones especiales y eventos, ha funcionado bien desde el principio", explica Fernando Lobo, programador de Cines Embajadores.
Desde su llegada en 2021, cuando todavía existían restricciones de aforo, los Embajadores se han beneficiado del auge reciente del cine español de autor y han llenado sus salas durante semanas con películas como Los domingos, Sirât, Las niñas, La infiltrada o As bestas. A ello se suma el buen rendimiento del cine independiente europeo y estadounidense.
El empujón de Hollywood
Unos resultados que en 2026 se han convertido en magníficos gracias al "tirón de Hollywood. Eso es lo que ha marcado la diferencia". Lobo sostiene que "el cine llama al cine". Aunque se establezca con frecuencia una división entre el cinéfilo de versión original y el consumidor de blockbusters, la realidad es más porosa. "Si tengo 5.000 personas que van a ver La Odisea y les pongo los tráileres de El ser querido o La bola negra, ya son 5.000 personas que saben cuándo se estrenan, quién las dirige y de qué van", señala.
Y añade Lobo: "El éxito de una película puede despertar el deseo de regresar para ver otra. Cuando vas al cine, te lo pasas bien y ves una buena película, piensas: 'Tenemos que repetir'. Si concatenas varios estrenos atractivos, se genera una bola de nieve".
Desde Cinesa, orientada hacia un público más masivo y un cine mayoritariamente mainstream, Biarnés lo ve de la misma manera: "Los grandes estrenos desempeñan un papel importante a la hora de atraer al público, pero no explican la totalidad de su interés por el cine. Su impacto tampoco se limita a su propia recaudación, sino que ayuda a reforzar el hábito de visitar las salas para ver otras películas".
Por ello, Postigo afirma que "no sobra nadie", en referencia a la tan criticada proliferación de remakes, secuelas y franquicias. Biarnés coincide: "No existe una dependencia excesiva del blockbuster, sino un ecosistema en el que películas de distintos géneros se retroalimentan en términos de asistencia".
Sin embargo, la realidad es que, con La Odisea y Spider-Man: Brand New Day concentrando alrededor del 40% de toda la recaudación del verano, los cines siguen sufriendo cuando no aparece un gran título capaz de atraer a millones de espectadores. Un panorama en el que algunos géneros como la comedia o el drama de prestigio de Hollywood han ido perdiendo peso en la taquilla. Se puede hablar de una crisis de las películas de "clase media", cuyo visionado en muchos casos se ha trasladado a las plataformas.
Los buenos resultados tampoco ocultan otra realidad. El cine español arrancó bien el año gracias, sobre todo, al espectacular éxito de Torrente, presidente, con 28,1 millones de euros, pero también a los de Aída y vuelta, con cinco millones, y Amarga Navidad, con 2,6. Sin embargo, salvo las sorpresas de última hora de Tadeo Jones y El ser querido, que estrenaron con fuerza en agosto, con tres millones y uno respectivamente, la cinematografía nacional ha sufrido durante el verano.
La ausencia de una nueva entrega de Padre no hay más que uno, una saga que cada año batía récords, se ha dejado notar. Dos comedias familiares como Haciendo amigos, con 1,9 millones, y Tres de más, con 1,6, han obtenido buenos resultados. Pero el cine español continúa siendo muy estacional, suele jugarse gran parte de sus cartas en otoño y todavía no consigue conquistar plenamente al público familiar que este verano sí ha llenado las salas.
