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El estreno a medianoche en Cannes de la película de animación Jim Queen fue una fiesta trufada de risas y con un eufórico punto final bailado. La experiencia llevó al todopoderoso director del certamen, Thierry Frémaux, a referirse a la proyección como “lo nunca visto desde el pase de Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (Stephan Elliott) en 1994”.

Esta comedia para adultos, que llega este viernes 4 de septiembre a las salas, ha arrasado en la taquilla francesa, con más de 360.000 entradas vendidas, y espera viralizarse en nuestro país gracias a su humor sin filtro y su activismo, que en origen no estaba buscado.

Su protagonista es un gym queen atlético y carismático que empieza a sufrir los primeros síntomas de un virus llamado heterosis, que transforma a los hombres gais en heterosexuales. La epidemia desencadena el señalamiento de los afectados y la puesta en marcha de terapias de conversión. Este colorido mundo al revés, poblado de personajes disparatados y entrañables, empezó como una autoparodia y ha terminado adquiriendo relevancia política.

“Lo que hicimos fue darle la vuelta a los estigmas”, explica a El Cultural Marco Nguyen, codirector de la propuesta junto a Nicolas Athane. “El objetivo era burlarnos de toda la opresión que sufrimos, así que creamos una enfermedad absurda para poder hacer una sátira. No se trata de moralizar, sino de criticar lo que nos toca sufrir como gais. Desde que empezamos a escribir el guion hace ocho años, el mundo se ha ido radicalizando y la metáfora ha adquirido un cariz de urgencia. Da un poco de miedo, la verdad”.

Interior y exterior

Jim Queen ha sido escrita a cuatro manos por dos guionistas homosexuales, el mismo Nguyen y Simon Balteaux, y dos heterosexuales, Athane y Brice Chevillard. Esta mirada interior y exterior a la comunidad ha dotado de universalidad al largometraje. El primer tándem era el garante de la precisión del universo gay, mientras que el segundo se encargaba de asegurar que la farsa hiciera reír a todo el mundo.

“Nico tiene tres hijos y Brice, dos. Los lunes llegábamos los cuatro agotados al trabajo: ellos porque se habían pasado la noche cambiando pañales, y nosotros, porque habíamos estado de fiesta hasta la madrugada. Era divertido encontrarnos en ese punto medio, cada uno aportaba su propia mirada”, se ríe Nguyen.

En el plano visual y narrativo también hicieron una ecléctica y personalísima puesta en común a partir de sus filias pop. Los guiños al manga y al anime los aportaron Athane y Chevillard con referencias a Sailor Moon y a Dragon Ball, mientras que el poso Disney corrió por cuenta de Nguyen, con un coprotagonista twink (una persona queer de aspecto joven, delgado y con poco vello corporal) que es una suerte de princesa encerrada en un castillo, con el deseo sublimado de escaparse al barrio gay de París, Le Marais.

El quinto guionista del combo fue la misma realidad de su país. En la trama hay una política de extrema derecha que se inspira en figuras públicas que se opusieron al matrimonio igualitario en Francia. Cuando el personaje habla, lo que verbaliza son fragmentos reales del programa electoral de Marion Maréchal-Le Pen para las elecciones legislativas.

Jim Queen recibe el diagnóstico de heterosis Elastica

Jim Queen tampoco rehúye la crítica a las dinámicas internas de la propia comunidad queer. Frente a la idea extendida, especialmente entre el público heterosexual, de que el colectivo funciona como un bloque monolítico, los creadores quisieron retratar su realidad fragmentada. “Al contrario de lo que pueda parecer, las distintas siglas LGTBIQ+ no van de la mano, están muy separadas”, lamenta Nguyen. “Se supone que hay tolerancia y amor, pero en realidad hablamos mal unos de otros”.

Como consecuencia, por una cuestión de coherencia, los guionistas decidieron describir lo que ellos mismos viven en los bares que frecuentan en la escena nocturna de París, donde pocas lesbianas y trans se codean con los hombres gais. La película se centra, por ello, únicamente en la G del acrónimo.

“El filme no deja de ser un llamamiento global a decir que, aunque estemos en casillas diferentes, al final, cuando nos enfrentamos a un enemigo común, tenemos que unirnos, permanecer juntos y no dividirnos”, desarrolla Nguyen.

Múltiples capas

Parte del tirón de taquilla en el país vecino reside en el reparto de voces en su versión original, cómicos destacados del stand-up como Alex Ramirès y Shirley Souagnon se amalgaman con iconos de la comunidad, como el actor de cine porno gay François Sagat.

El proyecto está pensado para funcionar con múltiples capas de lectura, donde el público ajeno al ambiente descubre una realidad cómica tejida de temores, y el espectador especializado detecta guiños específicos. “La comunidad gay está muy estandarizada en el mundo. Todas las ciudades tienen bares homosexuales y zonas de cruising”, apunta Nguyen.

También hay guasa con aspectos de alcance global, como la masculinidad tóxica en el fútbol y un trío de personajes que emulan a las Hermanas de la Perpetua Indulgencia, una organización benéfica nacida en San Francisco durante los años setenta que se sirve de la imaginería católica y de la estética drag para llamar la atención sobre la intolerancia sexual.

De cara a su distribución internacional, sus creadores defienden la necesidad de adaptar el doblaje y el humor a la idiosincrasia de cada lugar. “Hemos tomado todos esos códigos compartidos, pero creo que hace falta una adaptación y meter chistes propios de cada cultura. Por ejemplo, todo el mundo tiene figuras anti-LGTBIQ+ en su país”, aconseja Nguyen.

En el caso patrio, el coguionista y codirector ha detectado una ventaja en el estrecho vínculo que su comunidad guarda con la nuestra: “Vuestra cultura pesó mucho al escribir: las grandes marchas del Orgullo en Madrid, el circuito de festivales... El colectivo gay español es muy fuerte y nos ha influido enormemente”.